Dominique Perrault
Arquitectura

Dominique Perrault

Conjugar el espacio público

Nacido en el año de 1953, en la localidad francesa de Cermont-Ferrand, Auvernia, se diplomó como arquitecto en la École Nationale Supérieure des Beaux Arts, en 1978. Fundó su propio estudio en 1981 y actualmente se desempeña como profesor en la École Polytechnique Fédérale de Lausanne y es miembro del Atelier Internacional del Gran París.

También ostenta un doctorado Honoris Causa que la Universidad de Arquitectura y Urbanismo de Bucarest le entregó en 2003.

Dominique Perrault lleva el apellido del legendario arquitecto que diseñó la columnata del Louvre (Claude Perrault), tal vez por eso mantiene una conexión con el pasado y experimenta su creación trazando sobre viejos vestigios.

Interpretar el espacio es punto central en su trabajo. Es un arquitecto surgido de la tradición moderna ante la importancia del patrimonio.

El montaje de su estudio DPA en una vieja nave industrial da cuenta de su visión para recrear espacios, readaptarlos, rehabilitarlos y otorgarles un funcionamiento sin cortar su esencia.

Ante sus ojos, las ciudades del mundo contemporáneo sufren una transformación importante. Esta metamorfosis es la continuación de la desaparición de las urbes y su conversión en metrópolis. Para Dominique Perrault, la arquitectura no puede ser indiferente y quedarse inmóvil ante estos hechos. No puede oponerse al paso del tiempo, deber ser parte de él.

El tejido urbano le plantea una cuestión apasionante sobre un planeta cuya geografía se conoce perfectamente y en el que ya no existen conquistas de nuevos mundos. Desde su perspectiva, la ciudad se esfuma y aparece la metrópolis como una reciente forma de conquista sobre el territorio.

Tomar consciencia de este fenómeno implica proteger al mundo, al conocimiento, al mayor patrimonio de la humanidad. Los bienes públicos se presentan como una cuna de convivencia.

Reestructuración de la oficina de Correos del Louvre. Foto: perraultarchitecture.com

En sus intervenciones, Perrault busca la funcionalidad por distintos caminos. Por ejemplo, ha hablado de una modernización de la Isla de la Ciudad de París con un plan en el que se busca trabajar en su subsuelo y no sobre sus fachadas y estructuras. Esto para ligar a los edificios de la isla por medio de sus sótanos.

Perrault es de los que se cuestionan por qué la historia ha desaparecido de la cultura arquitectónica. Le da valor al lugar. Confía en que las futuras generaciones podrán desarrollar una arquitectura ligada a la geografía que recomponga y reconstruya las emociones del ser humano y, además, fortalezca la relación con el entorno.

En pleno siglo XXI, para Perrault no basta que un arquitecto se dedique sólo a levantar paredes, colocar puertas, ventanas o detallar alguna fachada. Esta visión antecedía al siglo XX, pero en la actualidad se necesita una reflexión profunda que aborde la transformación de los territorios.

La frase del arquitecto para asegurar lo anterior es: “El principio de la arquitectura es responder al principio de la realidad; ser operativa”.

LA BIBLIOTECA

Dominique Perrault saltó a la fama tras ganar el concurso para construir la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) en 1989. En dicho certamen se alistaron 244 arquitectos. El comité seleccionó 20 proyectos y sólo cuatro pasaron el filtro hasta la atención de Francois Mitterrand, entonces presidente de Francia.

Los trabajos finalistas fueron los de Jan Kaplicky, James Stirling, Philippe Chaix y Dominque Perrault. Los miembros del jurado eligieron por unanimidad el proyecto de Perrault.

Las causas de su elección se legitiman en cada rincón de la biblioteca. La creación de Perrault parte de una gran plaza central, un jardín deprimido de 12 mil metros cuadrados que está delimitado en cada esquina por cuatro torres de 79 metros, hechas de vidrio y acero, que tienen forma de diedros.

Biblioteca Nacional de Francia. Foto: Davide Galli/archdaily.com

Cada una de estas torres posee un nombre: Torre de los tiempos, Torre de las leyes, Torre de los números y Torre de las cartas. En ellas se colocan los depósitos de libros, mientras que en los espacios destinados al público, a los costados de la plaza, coexisten salas de lectura y auditorios.

Perrault no se olvida de la poesía que puede otorgar la arquitectura. Las torres del complejo tienen la forma de cuatro grandes libros abiertos. La analogía se plasma en su forma y contenido, con la intención de ser interpretada desde el espacio urbano. Además, el complejo contiene un observador desde donde se puede apreciar la capital francesa.

La BNF es un edificio que se lee y donde se lee. El gran espacio que existe entre sus torres y el basamento supone un remanso en medio de la agitación de París; es decir, un silencio. Esa tranquilidad que se busca en cualquier biblioteca para poder acceder al mundo del libro. Una invitación a la meditación y a la lectura.

En el interior de la BNF tienen presencia mil 600 puestos de lectura para el público en general y más de dos mil para investigadores.

En cuanto al mobiliario, para Perrault no significa mera decoración, sino que es una extensión de su arquitectura. Existen sillas que poseen dos estructuras: una metálica y otra en madera. Su diseño fue pensado para el confort del usuario, en el sentido de que puede pasar largas horas en la consulta de información.

Perrault entendió que el sitio no debía concentrarse en sólo una simple biblioteca, sino también en generar un espacio público, que estaba olvidado y sin uso, para que respondiese a las cuestiones de la urbe parisina dando vuelta a la morfología tradicional. Por eso la importancia de la pasarela que conecta al complejo con el otro lado del río Sena.

Desde su inauguración en 1996, la BNF propició el nacimiento de un barrio al sureste de París, dotando a la zona de una identidad urbana.

Interior de la biblioteca. Foto: Davide Galli/archdaily.mx

No se trató sólo de un proyecto donde Perrault tuvo que levantar un edificio, sino que su responsabilidad era cargar con los siglos de historia que ahora están resguardados en los estantes de la biblioteca. El punto de su arquitectura es conectar de manera funcional con el pasado sin escapar del presente.

PROYECTO EN BERLÍN

En 1992, Perrault se involucró con un nuevo proyecto en tierras germánicas: el velódromo y la piscina olímpica de Berlín. La idea surge como una reunificación de los dos territorios alemanes y la reconciliación de una ciudad tras la caída de su muro divisor.

La construcción del complejo también se efectuó con miras a postular a Berlín como ciudad candidata para organizar los Juegos Olímpicos del año 2000, que finalmente se realizaron en Sídney, Australia.

La intención de Perrault fue construir un espacio verde de dimensiones considerables y dentro del mismo plantar una serie de edificios. El velódromo y la piscina apenas asoman sus estructuras en el inmenso jardín; es decir, están sembrados. Los dos edificios yacen bajo los prados y son rodeados por manzanos.

La estética del arquitecto francés apunta a un huerto en el que la naturaleza es la protagonista. Al igual que la Biblioteca Nacional de París, el proyecto en Berlín conjuga grandes áreas de jardines públicos.

El acceso principal al velódromo y a la piscina se da por medio de dos núcleos de ascensores y escaleras, cada uno destinado a un edificio. Los accesos se ubican a pie de calle. Los ascensores descienden tres niveles bajo tierra hasta un sendero abierto entre grandes pilares.

Vista aérea del velódromo y la piscina olímpica de Berlín. Foto: archidiap.com

En cuanto a las estructuras, el velódromo (enterrado a 17 metros) llama la atención por el destello de su gran techo en forma de disco metálico de 142 metros de diámetro. Su esqueleto se conforma por 48 vigas sobre 16 columnas de hormigón de 13 metros de altura. El diseño es similar a una rueda de bicicleta que, sin apoyo intermedio, crea un espacio libre.

Por su parte, la piscina ostenta una estructura paralelepípeda: un edificio rectangular cuya cubierta metálica también vibra con la luz del sol.

Los materiales utilizados fueron los mismos que Dominique Perrault suele emplear en sus obras: metal y vidrio.

RENOVACIÓN

En 2016, dos décadas después de la inauguración de la BNF, Perrault se encargó de remodelar el Pabellón Dufor del Palacio de Versalles, convirtiéndolo en un vestíbulo de recepción, un restaurante y un auditorio. El arquitecto tardó tres años en completar el trabajo.

Fue la primera vez que Perrault se enfrentaba al pasado tan directamente en una obra. Por ello contó con la ayuda de Frédéric Didier, arquitecto en jefe de los monumentos históricos a cargo de Versalles.

Dominique Perrault ha señalado que el Pabellón Dufor se transformó en un lugar intemporal insertado en un todo patrimonial.

La historia de Versalles indujo a Perrault a convertirse en un explorador tras sus fachadas simétricas. Respetuoso de sus cimientos, su misión fue crear un espacio donde la gran afluencia de visitantes pudiera convivir al entrar y salir por el mismo sitio.

En palabras de Perrault, el Pabellón Dufour se conceptualiza en una obra que le interesa como invención relacionada con el suelo, ya que se liga al subsuelo del edificio y al Patio de los Príncipes por medio de escaleras. Su proyecto no lo enfocó sólo en el pabellón, sino también en sus espacios exteriores para ampliar la superficie de Versalles sin tocar su estructura histórica.

Lobby, acondicionamiento del Pabellón Dufor. Foto: Christian Milet/archdaily.mx

En la primera planta del pabellón se instaló un café y un auditorio bajo la cubierta. Su morfología permite que el pabellón pueda utilizarse de forma independiente al resto del palacio; es decir, puede emplearse para la realización de eventos, conferencias y proyecciones cinematográficas.

Otro proyecto similar del arquitecto fue la reestructuración del edificio de Correos del Louvre, construido por Julien Guadet en 1888. Perrault realizó esta obra entre 2012 y 2018, en ella se preocupó por la perennidad del edificio y su funcionalidad al convertirse en un lugar que podrá ser usado las 24 horas del día.

En enero pasado, se anunció que el estudio de Dominique Perrault resultó ganador en el concurso Reinventar París para intervenir en la Explanada de los Inválidos con el proyecto Aérog'Art. La iniciativa contempla un espacio expositivo dedicado a la artesanía, una plataforma museística dirigida a niños, un mercado de alimentos y un gran patio a lo largo del edifico principal que se empleará como plaza pública.

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