Irritación física ligada a la psique
Salud

Irritación física ligada a la psique

El síndrome de intestino irritable

Pese a los avances de la ciencia médica, algunos males se resisten a ser descifrados. Todavía no existe, por ejemplo, una razón clara para que una persona sufra de forma crónica los síntomas del síndrome de intestino irritable (SII).

También conocido como colon irritable, este trastorno inflige a sus víctimas dolor abdominal y detona cambios en el ritmo intestinal que producen diarrea o estreñimiento. Suele ir acompañado de una sensación de distensión abdominal.

Sabemos que se localiza en el intestino grueso. Sin embargo, cubre sus huellas de tal manera que al examinar el tubo digestivo colocando una muestra bajo el microscopio, no hallamos evidencia de tejido dañado. Enmascara sus maniobras para que no haya registro alguno de alteración en el metabolismo intestinal, ni causas infecciosas que justifiquen los problemas.

A falta de respuestas claras, hay ideas extendidas. Una propone que los afectados por el SII tienen un colon más sensible de lo normal. Otra apunta a la herencia, es decir, si alguno de los padres sufre este síndrome, el hijo también lo tendrá.

Sin menoscabo de la sensibilidad o de la carga genética, una propuesta con amplia aceptación y sustento científico apela a una combinación de factores: el SII nacería a partir de alteraciones digestivas influenciadas por factores piscológicos. Otros actores que se sospecha juegan a su favor, son la gastroenteritis, las intolerancias alimentarias, las alteraciones hormonales y, desde luego, el apartado genético. No está de más comentar que la diarrea y el estreñimiento crónicos suelen abrir paso a la aparición de hemorroides.

SÍNTOMAS

El dolor abdominal del colon irritable puede ser difuso o bien puede concentrarse en la parte baja del abdomen. Se trata de un malestar tipo cólico, punza y oprime con moderada o baja intensidad. Principia con ganas de defecar o a la par de cambios en la frecuencia de las evacuaciones o en la consistencia de la materia fecal. El paciente suele atribuir la molestia al consumo de algún alimento.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

La punzada del síndrome suele ser un largometraje que no rebasa las dos horas de duración. Con la alteración del ritmo intestinal, se presenta estreñimiento y diarrea. Defecar interrumpe el penoso trance.

A lo largo del día, el afectado padece distensión abdominal y exceso de gases. Es común que, a la hora de comer, se sienta saciado luego de unos cuantos bocados.

La lista de síntomas incluye ardor torácico, vómitos, sensación de que la deposición no se completó y presencia de moco en la popó.

ATENCIÓN

La lista de afectaciones graves vinculadas incluye diarrea nocturna, sangrado rectal, dificultad para tragar o dolor persistente que no se alivia al expulsar gases. Llegar a extremos de índole fatal es cosa rara. El pronóstico suele ser positivo.

Para diagnosticar el SII el médico revisa la historia clínica del paciente y realiza una exploración física. Ya definida la sospecha de que el SII hace de las suyas en un organismo, se realizan pruebas dirigidas a descartar otros trastornos. Cabe mencionar que varios signos y síntomas del intestino irritable, como sufrir cambios persistentes en los hábitos intestinales, pueden ser indicio de una enfermedad más grave, cáncer de colon, por ejemplo. La identificación plena exige exámenes de sangre, de orina y de heces, así como estudios radiológicos de abdomen, entre otras pruebas.

TRATAMIENTO

A cambio de no acarrear consecuencias que atenten contra la vida de forma inmediata, el SII obliga a adoptar medidas de largo plazo.

La dificultad para tragar puede indicar un SII avanzado. Foto: frenadol.es

Para controlar los síntomas, algunas personas introducen cambios en la dieta y en la rutina complementados con tratamientos del estrés. Las señales más graves del SII exigen el uso de medicamentos y asistir a terapia psicológica.

El colon irritable tiene su lado amable: no produce modificaciones en el tejido intestinal ni aumenta el riesgo de sufrir cáncer colorrectal.

Parte de su villanía radica en que incide directamente en la calidad de vida de sus anfitriones. Impone a los pacientes condiciones que perjudican la salud mental y social. Es causa frecuente de absentismo laboral y fomenta un abandono de las actividades físicas y sociales. En la parte mental, reduce la percepción de la salud propia y, por esa vía, detona depresiones o ansiedades que, a su vez, empeoran el cuadro.

Para completar esa imagen de incomodidad que aísla y angustia, nada como comentar que el SII suele aparecer antes de los 35 años de edad. Su incidencia disminuye a partir de la sexta década de vida.

DISCIPLINA

En algunas personas los síntomas empeoran nada más al consumir ciertos alimentos y bebidas. La lista de comestibles contraproducentes incluye trigo, lácteos, cítricos, frijoles, repollo y gaseosas. También se ha documentado que períodos de estrés al por mayor aumentan las capacidades dañinas del SII.

El médico general y familiar propone un plan de recuperación en función de la edad del paciente, su estado general de salud y la historia clínica, la magnitud del trastorno, y la tolerancia del individuo a determinados medicamentos, terapias o intervenciones. El objetivo principal no apunta tanto a erradicar el problema, cosa altamente improbable, como a restaurar la función diaria normal del organismo.

Una dieta baja en grasas ayuda a contrarrestar las molestias del padecimiento. Foto: depositphotos

Se ha observado que disminuir el estrés contribuye a prevenir y aliviar los síntomas. Por ello, buscar ayuda psicológica para modificar o cambiar la respuesta ante situaciones estresantes, es un consejo recurrente a la hora de enfrentar al SII. Acudir a terapia puede obsequiar al paciente una reducción de episodios de malestar muy significativa.

En la parte física, se aconseja incorporar a la rutina ejercicios dirigidos a relajar los músculos del cuerpo.

Controlar la dieta, excluyendo o limitando alimentos que suelen potenciar al síndrome, es de gran ayuda. En este rubro, más allá de las peculiaridades intestinales de cada organismo, introducir el consumo de productos que contengan probióticos, como yogures o suplementos alimenticios, ha arrojado resultados positivos.

No debe olvidarse que el síndrome del intestino irritable, indescifrable como es, difícilmente se marcha. Los esfuerzos apuntan a que la persona realice sus actividades diarias más tranquilo, sin tanta urgencia de ir al sanitario.

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