Minimalismo como modo de vida
Tendencias

Minimalismo como modo de vida

Menos pertenencias y más practicidad

Es anómalo que en un mundo consumista, donde se adquiere ropa que no se usa nunca o se usa pocas veces al año y se adquieren objetos curiosos que poco a poco se arrumban; exista una tendencia a reducir al mínimo las pertenencias.

Parece una práctica espiritual o religiosa que, sin embargo, se centra más en factores sociales y éticos del consumo, la practicidad, la comodidad y en la búsqueda de la felicidad.

El minimalismo es un estilo de vida que busca reducir las pertenencias a lo mínimo necesario, a utilizar menos para enfocarse en lo realmente importante. Con esto no se eliminan objetos para el ocio o la diversión, ni se deja de utilizar todo adorno, sino que simplemente se evalúa para determinar si es realmente necesario o satisfactorio, y se elimina de forma permanente de no ser así.

Es una tendencia que sin duda va en contra de valores actuales. Desde la generación los años sesenta los bienes y servicios se han consumido en mayor medida ante una preocupación por el bienestar y la comodidad.

El plástico se había desarrollado desde la segunda mitad del siglo XIX por John Hyatt, pero en la década de los setenta la popularidad de los productos desechables fue enorme. A partir de esto se comprarían artículos que no verían un segundo uso, a diferencia de anteriores (más valorados y preservados por generaciones) que incluso ahora se venden como antigüedad.

La calidad de estos objetos es tal, que con el paso de los años pueden seguirse utilizando. Esto, ya que no es común en los productos de hoy en día, hace que se vean como curiosidades de mayor valor y rareza.

Compradores aprovechando las ofertas del Black Friday, fecha creada para incentivar el consumo en la población. Foto: independent.co.uk

Un ejemplo del cambio en la durabilidad de los bienes está en la bombilla que ha estado encendida por más de 100 años y que es exhibida en el cuartel número 6 de Livermore, California.

EL DESEO DE PRODUCTOS NUEVOS

El poderoso banquero de Wallstreet y trabajador de Lehman Brothers en los años 30, Paul Mazer, afirmaba que había que desviar el consumo de Estados Unidos de una cultura de necesidad a una de deseo. Esta transformación haría que el producto cambiara la forma en que era planteado (como algo meramente utilitario), y se hiciera más llamativo e incluso fuera símbolo de estatus.

La estrategia de Mazer era hacer que la gente deseara objetos nuevos “incluso antes de que los viejos hubieran sido consumidos”. Deseo que debía, en palabras del banquero, eclipsar la necesidad.

Esto es lo que define las estrategias de venta que sostienen las industrias al fabricar nuevos productos; su movimiento activa y empuja la economía, pero genera a su paso una cultura guiada a la acumulación de bienes.

Gracias a la influencia liberal del filósofo John Locke y el economista Adam Smith, se creyó que en una sociedad democrática que respetara los derechos fundamentales de las personas, éstas centrarían su atención en su propio interés y buscarían la felicidad; se desarrollaría una sociedad próspera a partir del individuo.

El armario de un minimalista está formado por tan sólo las prendas indispensables. Foto: positivessence.fr/masdeco.cl

Pero esta visión en la que se provee a las personas de todo lo necesario para su bienestar, así como la creación de nuevas necesidades, logra algo distinto. El consumo desmedido prueba que la adquisición de productos puede convertirse en insuficiente para alcanzar la felicidad. A cambio de esto se tiene un placer efímero que en casos extremos lleva a la adicción o la compra compulsiva.

Por lo menos, bajo la visión del minimalismo, con cada producto se generan estímulos que mantienen la atención del individuo y que no lo dejan tranquilo: una sobreestimulación.

Bajo esta idea es que trabajan importantes empresas. Las personas buscan sentido, aceptación y satisfacción con su consumo, y de hecho una medida empleada para medir la calidad de vida en un país está precisamente en el poder adquisitivo de su población.

EL DESAPEGO DE LO MATERIAL

El importante miembro de la Worldwatch Institute, Erik Assadourian, afirma que un cambio cultural tendería a rechazar el consumismo y cambiar sus metas hacia la sostenibilidad.

El cambio que propone el minimalismo se puede considerar ambicioso; supone una ampliación de las opciones que tiene el individuo para su consumo, incluyendo la de no consumir.

La reducción del daño ecológico sería una consecuencia de este estilo de vida, pero también se convierte en una razón por la cual adoptarlo. El interés creciente por la ecología, así como la ya enorme huella de la contaminación y el cambio climático, devuelven constantemente a la consciencia colectiva una presión por cambiar hábitos de consumo personal.

El movimiento del “desperdicio cero” busca reducir la generación de basura al mínimo. Foto: Shutterstock/Rawpixel

Se critica esto debido a que no toma en cuenta la contaminación de las industrias, pero un cambio a gran escala de los hábitos individuales sería absorbido por el mercado, como ha pasado hasta ahora con la aparición de productos del movimiento Zero waste (cero desperdicio). Ejemplo de ello son los empaques biodegradables y otros más que crecen en demanda y, por lo tanto, en fabricación.

Esta tendencia y las recomendaciones de reutilizar los objetos, arreglar calzado y ropa en vez de tirarlo, ectétera, son acciones que se unen al minimalismo; un estilo de vida que, más que esto, se caracteriza por tener una base además filosófica en que el desapego material deviene en un mejor enfoque y felicidad durante las actividades diarias.

Sin embargo, en el lado un tanto oscuro del tema, el logro de un mejor “enfoque” refleja que para el individuo actual el trabajo es sumamente importante y se combina con su vida personal, además de que las condiciones económicas del trabajador de hoy lo llevan a adoptar un gasto menor.

Para la autora de The joy of less (el disfrute de tener menos) Francine Jay, implica una mayor consciencia y responsabilidad de lo que se compra y de la inversión de tiempo que se hace, valorando las experiencias más que los bienes.

Existe una tendencia a ahorrar para continuar con las metas de vida y la satisfacción por medio de experiencias (como por ejemplo el ahorro para viajes, nuevos estudios, hacer inversiones, etcétera).

El minimalismo se trata de tener lo esencial, como ya se dijo. Esto es, librarse de todo exceso más que adoptar una posición parecida al ascetismo (doctrina en la que se renuncia a los placeres materiales con fines morales y de liberación espiritual) o una interpretación libre del budismo. Más que una conducta espiritual, es un estilo centrado en el mundo actual, un modo práctico de vivir y adaptarse.

Comentarios