El viaje multisensorial de Fuerza Bruta
Arte

El viaje multisensorial de Fuerza Bruta

Callar la mente para despertar los sentidos

Un hombre, vestido de blanco y con corbata, avanza con paso firme sobre una caminadora. El ritmo se acelera, el sujeto corre y recibe un disparo en el pecho. Cae. Todo se oscurece. Tras unos momentos de negrura, el caminante se levanta y continúa andando. Esta vez debe esquivar, primero, una serie de sillas que son puestas sobre la máquina; luego, a otros individuos que se interponen en su camino una y otra vez hasta que finalmente se dejan caer fuera de la banda móvil. La velocidad aumenta de nuevo, un viento fuerte pega en su cara y recibe otro disparo. Mientras agoniza, unas cortinas gigantes lo rodean y a su lado aparece una cama. Se deja caer en ella, arrullado por una música que suena a ritos ancestrales. Como si se tratara de una invocación o de un sueño, un par de mujeres flotan sobre su cabeza, girando sobre la tela que envuelve la escena.

Así comienza el primer acto de una de las presentaciones de Fuerza Bruta, una compañía de teatro argentina que desde sus inicios se propuso romper las reglas de este arte. Nació en 2003 como una propuesta de teatro inmersivo donde la acción se desarrolla alrededor y entre los espectadores, y donde éstos pueden participar activamente.

El espectáculo combina música épica, estilo Cirque du Soleil, con sonidos electrónicos experimentales; actos de acrobacia con danza moderna; puestas en escena surrealistas con rituales carnavalescos; momentos contemplativos y de gran expectación, con periodos de alegría y catarsis colectiva. Es, en conjunto, un viaje emocional y multisensorial.

A lo largo de sus 15 años de historia, Fuerza Bruta se ha expandido. Ahora trabaja con tres elencos simultáneos: uno de planta en Nueva York y dos más que se mantienen de gira por el mundo, lo que les ha permitido presentarse en más de 30 países.

Diqui James es la mente que maquinó esta puesta en escena. Su objetivo era romper barreras culturales creando un show que fuera capaz de impactar a cualquiera, sin importar su idioma, nacionalidad, edad, sexo o nivel de estudios.

Foto: fuerzabrutaglobal.com

LA DICTADURA

Diqui James nació en 1965 en Buenos Aires, por lo que gran parte de su infancia y de su juventud transcurrieron bajo el yugo de la dictadura argentina conocida como El Proceso, que se extendió de 1976 a 1983 y se caracterizó por la violación sistemática de derechos humanos. Se estima que el número de desaparecidos durante este periodo asciende a los 30 mil, de los cuales más del 30 por ciento estaban relacionados con el ámbito cultural del país: estudiantes, docentes, escritores, periodistas y artistas de todo tipo.

La caída de la dictadura coincidió con la época en que James inició sus estudios universitarios, en un ambiente en que la instauración de la democracia emocionaba a los argentinos, pero el recuerdo de las atrocidades vividas todavía los mantenía paralizados.

La inquietud creativa del joven lo llevó a inscribirse al Conservatorio Nacional de Teatro, a pesar de que nunca había asistido a una puesta en escena. Las experiencias teatrales que él había vivido se limitaban a los carnavales de su barrio y a las festividades religiosas del país, que en un ambiente de miedo perpetuo parecían brindarle un respiro a la población.

La primera función formal a la que asistió lo dejó decepcionado porque la acción transcurría lejos del público, que además debía callar y no moverse. Para Diqui eso no tenía sentido; se decía que en el cine, por lo menos, la cámara permitía a la audiencia ver las expresiones de los actores de cerca y percibir la acción desde diferentes perspectivas, construyendo un relato mucho más completo.

Con sus expectativas rotas, en 1984 formó el colectivo La Organización Negra donde, a través de mucha experimentación, descubrió que toda la violencia sufrida podía ser sublimada en un lenguaje artístico poderoso.

La Organización Negra fue el inicio de la comunión con el público lograda en Fuerza Bruta. Foto: brandyconcaramelos.com

LA ORGANIZACIÓN NEGRA

Lo que buscaban era sacudir a una sociedad que aún estaba aturdida por la represión sistemática de la dictadura. Su meta no era la conscientización ni la militancia política (objetivos de la mayoría de los colectivos posdictadura), sino la liberación, aunque fuera por un momento, del ciudadano que se cruzara en su camino. Cual guerrilleros, montaban performances rápidos en espacios públicos para luego desaparecer, dejando a los espectadores irremediablemente fuera de su rutina. Por ejemplo, en El chanchazo irrumpieron en un centro comercial vestidos de doctores, enfermeros y policías, llevando sobre una camilla a un maniquí con cabeza de cerdo. Corriendo de un lado a otro, intentaban reanimar al cuerpo. Los transeúntes, absorbidos por el caos, se veían involucrados en la actividad, pues no había un escenario delimitado.

U.O.C.R. Teatro de Operaciones fue quizás uno de los espectáculos de mayor envergadura del colectivo. En la discoteca Cemento, sin butacas ni proscenio, recibían a su público. De pronto, comenzaba la acción. Los actores salían de todas partes, hacían sus performances abriéndose paso entre los asistentes, se colgaban sobre sus cabezas en tirolesas, montaban una cama “flotante” y la música no dejaba de sonar.

Era, sobre todo, una festividad que, según la socióloga Daniela Lucena, culminaba con “la recuperación del cuerpo como alegría, como encuentro y vínculo con el otro, como movimiento y placer sensorial, ante el fin del terror establecido a través de cuerpos torturados y desaparecidos”.

FUERZA BRUTA

El colectivo se separó en 1989 porque, en palabras de Diqui James, algunos de sus miembros no veían con buenos ojos vivir del teatro. Sin embargo, los que querían dedicarse a las artes escénicas de tiempo completo fundaron De la Guarda, que tuvo bastante éxito con su show Villa Villa, el cual era una extensión de los experimentos que habían hecho en Cemento.

La piscina flotante es uno de los actos más distintivos de Fuerza Bruta. Foto: Eventbrite

Pero la desbordante creatividad de Diqui James le impedía quedarse cómodo repitiendo el mismo espectáculo que ya les había asegurado el éxito. Ante su necesidad de seguir buscando formas de lenguaje creativo, fundó Fuerza Bruta.

Ahí, la batuta le es cedida al escenario, que funge como un ente “vivo”, siempre cambiante, en el que los actores se ven forzados a reaccionar a una serie de elementos móviles: una caminadora gigante que cambia de velocidad, una piscina que desde lo alto desciende hasta casi tocar las cabezas de los espectadores, lluvia, paredes que se derrumban, etcétera. Por si esto no fuera suficiente reto, los actores deben estar preparados para todo, pues en cada función rotan de papel.

Los intrincados juegos de luces, la acción yendo de un lado a otro, el cambiante ritmo de la música y los vibrantes colores de los vestuarios y escenarios, tienen como propósito evitar que el espectador piense. No como lo hacía la dictadura, para evitar las subversión; sino como un medio que busca despertar la sensibilidad de quien está presente, sin pretensiones intelectuales.

Lo que me aburre del teatro es cuando se pone serio, pretencioso, en ese lugar de intelectualidad que si no leíste todo Shakespeare no vas a entender de qué te estoy hablando. Yo no quiero ir a ese lugar, a mí me gusta hacer teatro para todo el mundo, que alguien que no sabe leer vea un show nuestro y le pase algo”, explica Diqui James en una entrevista para el periódico La Nación.

El creador ha hecho hincapié en varias entrevistas en que el teatro tradicional está basado en la palabra, cuando en realidad este arte abarca muchas otras formas que no se exploran lo suficiente y que permiten llegar a un público más amplio.

En mi caso, el verbo me lleva a un lugar muy intelectual. Fuerza Bruta se instala en el milisegundo previo a la palabra. Antes de que un impulso o un deseo sea un pensamiento, ahí estamos nosotros.”, expresa en otra entrevista para Los Andes.

Fuerza Bruta es el clímax de aquella festividad surgida con La Organización Negra, cuyo corazón se encuentra en la celebración de la libertad.

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