La idealización de la pareja
Sexualidad

La idealización de la pareja

La labor de ver al ser querido con ojos objetivos

En portada: Escena de la película 500 Days of Summer, donde Tom, el joven protagonista, vuelca todas sus expectativas en Summer, en quien ve a la chica ideal para satisfacer su idea de relación perfecta. Foto: Rex/Shutterstock

Los vínculos amorosos son, claramente, algo más complejo que las relaciones de amistad comunes. En ellas puede haber expectativas muy interiorizadas y necesidades personales que poco tienen que ver con la persona misma a la que se dirigen.

El individuo puede tener una idea definida de lo que quiere en sus relaciones; valores como la reciprocidad, confianza y respeto podrían ser los más mencionados. Pero también existe una tendencia a pensar en características concretas de la personalidad y hasta físicas de la persona a quien se dirigirá el afecto. Esto puede desencadenar en una especie de molde metafórico en el que se quiere hacer embonar a alguien. De esto resulta una tarea sumamente complicada pero muy común: la idealización.

LEJOS DE LA REALIDAD

La idealización es un proceso normal que se da al inicio de una relación. Sin embargo, muchas veces no se supera y trae consigo problemas: separaciones tortuosas y conflictos recurrentes.

Es una interpretación o lectura de una persona que está más dentro de una percepción personal que de la realidad.

Para el destacado psicoanalista francés y autor del diccionario de términos psicoanalíticos Jean Laplanche, se trata de la elevación a la perfección de las cualidades y el valor. Es decir, una visión optimista y exaltada que envuelve, en este caso, a la pareja. No se trata de simplemente creer en ella y en sus cualidades, sino en revestirla de expectativas imposibles.

La pareja nos parece inmaculada y con características que ninguna otra persona puede tener: el llamado “amor de la vida”, que no sería más que un nombre coloquial basado en el aprendizaje social sobre lo que es la relación ideal.

Esto se vincula con la cultura y la educación de una sociedad, transmitidas principalmente por los padres y determinadas por los roles de género.

Cuando la pareja deja de complir los deseos del que idealiza, comienzan los problemas. Foto: Getty

Por otra parte, el atractivo físico se debe a factores evolutivos, como indica lo estudiado por la psicóloga Katherine Valentine en la Universidad de Singapur. En estas investigaciones se encuentran atrayentes, por ejemplo, las caderas anchas en las mujeres, debido a la capacidad para parir. Mientras que las facciones geométricas indican genes adecuados para transmitirse, y la piel de color uniforme y sin erupciones es un signo de salud.

LA TEORÍA DEL APEGO

En la imaginación popular, en canciones, poemas amorosos y películas, se muestra la relación ideal e incluso la persona ideal para mantenerla. Tal es el caso de la película 500 Days of Summer, que precisamente trata estos temas con un vuelco hacia la idealización. Desde el arquetipo de la llamada Manic Pixie Dream Girl (surgido a partir de la película Elizabethtown), llena de ternura y espontaneidad, hasta el hombre misterioso (como en Great Gatsby), se muestran fantasías amorosas recurrentes de la cultura popular.

La teoría del apego, realizada por el psicólogo inglés John Bowlby, habla de este vínculo que genera seguridad, afecto y bienestar, pero sitúa su origen en la relación materna con el infante.

Es decir, el afecto madura junto con la persona y se transmite después en las relaciones afectivas de la adultez. Esto es abarcado por los investigadores Cindy Hazan y Phillip Shaver, quienes además hablan de distintas formas en que el apego adulto aparece.

El pre-apego es el momento en que se busca proximidad. A continuación viene la formación del enamoramiento, en el que hay una respuesta emocional y física importante, y en la que el apego se verá reforzado. Uno de los medios para esto es, precisamente, la idealización.

Para Hazan, la representación mental de la pareja en este punto ocurre facilitada por las conductas típicas de esta fase; se tiende a hacer de esta persona un refugio emocional.

Esto es una transición, puesto que lo que viene después es el “amor definido”, en el que la visión del acompañante es más realista y la comunicación es mucho más centrada: abarca aspectos externos a la relación (como otras personas y situaciones) que íntimos.

Una relación madura llega al entender al otro. Foto: Shutterstock

Se produce calma y satisfacción, contrarias a la ansiedad de la etapa anterior. El momento más inestable es aquel en que se está formando el apego, por lo que una ruptura durante el proceso es más conflictiva. Para el filósofo español José Ortega y Gasset, el enamoramiento es un estado de “angostura mental”, lo que no se aleja de la realidad, puesto que según el doctor Eduardo Calixto del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente de México, el enamoramiento se produce con dopamina afectando la corteza prefrontal, una parte del cerebro ligada al juicio y la toma de decisiones.

Esto significa que una característica de la idealización es que los dotes atribuidos a la persona amada tienen un costo, tal como lo menciona la doctora Jennifer M. Tomlinson, en el Journal of Social and Personal Relationships (2013).

Todo aquello que fue depositado en la pareja se transforma; la que era la persona más talentosa que se ha conocido, digna de admirar e inteligente puede tener ahora un sinfín de defectos.

Es así como el ego herido de quien fue rechazado se defiende, dejando claro que las anteriores percepciones no son más que fruto de una idea bien alimentada.

La idealización puede ser poco grave y puede cambiar por medio de una adecuada capacidad de insight, es decir, un modo personal de interiorizar y cambiar la percepción de la pareja a través de un adecuado análisis. Para esto hay que ser suficientemente autocríticos y objetivos, saber cuándo habla más nuestro ego que la realidad.

Muchas veces actuamos mediante estas ideas, ignorando lo que no nos conviene o lo que no nos dejaría tranquilos; el insight hace crecer a los individuos y les permite una relación más adecuada y sana.

Una persona existe aparte de otra. No es responsabilidad del otro llenar nuestras carencias. La relación es una alianza en la que se decide acompañarse.

Es pues, parte de una relación madura, entender al otro y saber que, a fin de cuentas, son dos personas separadas y las decisiones no tienen que estar sujetas nunca a la mera felicidad del otro.

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