Adopción homosexual y bienestar infantil
Familia

Adopción homosexual y bienestar infantil

Dos conceptos que no se contraponen

En los últimos años, la lucha de la comunidad LGBT+ ha logrado dar pasos que van más allá de la mera tolerancia por parte de la sociedad, pues sus avances ya se han visto reflejados en la ley.

En 2015, México se convirtió en el país número 21 en permitir la adopción por parte de parejas del mismo sexo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional toda norma que validara al matrimonio únicamente como la unión entre un hombre y una mujer, o que dictara que la función de esa unión era exclusivamente la procreación. Para ello consideró el Artículo 1 de la Constitución Mexicana, que establece que queda prohibida toda discriminación motivada por preferencia sexual, entre otros aspectos como origen étnico, discapacidad, condición social, religión, etcétera. Asimismo, tomó en cuenta el Artículo 4 de la Carta Magna, el cual protege el desarrollo familiar y define que toda persona tiene derecho a “decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos”. En la capital del país la adopción homosexual ya era posible desde el 2009, pero al regular cada estado su propio Código Civil, en el resto de las entidades no estaba permitido.

EL INTERÉS SUPERIOR DEL NIÑO

Las familias homoparentales causan más controversia que cualquier otra cuestión relacionada con la comunidad LGBT+, pues está en juego el bienestar de un tercero: el niño. Por tanto, no se trata solamente del deseo de una pareja homosexual de tener un hijo, sino de la calidad de vida que podrá ofrecerle.

México, de acuerdo a lo acordado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, exige que en todo caso que involucre a un infante, se respete el denominado “interés superior de niñas, niños y adolescentes”, el cual exige la protección de su integridad física y psicológica.

Al respecto, la Convención sobre los Derechos del Niño establece que “los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral. Este principio deberá guiar el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas dirigidas a la niñez”.

Campaña de adopción “Niños cansados de esperar por su derechos”, en Estados Unidos. Foto: adoptar.org.ar

El fenómeno de la adopción, consecuentemente, debe estar regido por este principio. Es decir, el derecho del solicitante a formar una familia no puede ser superior a los derechos del infante contenidos en la Declaración Universal de los Derechos del Niño que, entre otros puntos, exige garantizar la igualdad, la protección, la salud, la educación y la identidad de los menores de edad.

Específicamente, hay un artículo del documento que habla sobre el derecho de todo niño a tener una familia. “El niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y comprensión. Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material [...] La sociedad y las autoridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia.”

En cumplimiento de estos puntos, el Estado tiene la facultad de separar a un niño de sus padres cuando estos violentan cualquiera de sus derechos, así como tiene la obligación de resguardarlo si existe algún motivo por el cual los progenitores ya no puedan hacerse cargo de él. En estos casos, las autoridades deben asegurar la protección del infante y buscar su reacomodo con otra familia que vele por su bienestar.

Es también por el interés superior de la niñez que el proceso de adopción debe estar sustentado en evaluaciones psicológicas y socioeconómicas que garanticen que los solicitantes son aptos para brindarle al futuro hijo un ambiente sano.

A la fecha, ningún estudio ha podido comprobar que las parejas homosexuales, por el simple hecho de tener una orientación sexual minoritaria, sean incapaces de proveer a un infante de todo lo necesario para que se desarrolle adecuadamente.

EL HIJO CON PADRES HOMOSEXUALES

Ya que la adopción homoparental es algo relativamente reciente en todo el mundo (Holanda fue el primer país en aprobarla en 2001), no existe una gran cantidad de investigaciones sobre los efectos de la crianza por parte de parejas homosexuales. Sin embargo, la evidencia apunta a que el hecho de tener padres del mismo sexo no genera daños psicológicos en los hijos, siempre y cuando la familia sea capaz de brindarles seguridad, educación y equilibrio emocional.

Foto: women-talk.com/movilh.cl

La Universidad Cornell, institución enfocada en investigaciones científicas, analizó 79 estudios donde se comparaba el estado mental de personas que habían crecido en familias homoparentales, con el de aquellos que habían sido criados por padre y madre. 74 de estos análisis concluyeron que tener padres homosexuales no había influido negativamente en los hijos. Los cinco restantes determinaron efectos negativos, pero la universidad descubrió errores en el muestreo: la mayoría de los sujetos estudiados habían crecido bajo el cuidado de una pareja tradicional donde, tiempo después, uno de los progenitores había “salido del closet” y había terminado el matrimonio para iniciar una relación homosexual. En estos casos, es muy probable que la ruptura familiar haya sido el eje de los efectos psicológicos adversos, como suele suceder también en hijos de matrimonios heterosexuales donde hay un divorcio y luego alguno o ambos padres vuelven a casarse, con el estrés que implica la reestructuración familiar.

Otra objeción que suele tenerse contra la adopción homoparental es la dificultad que pueden tener los hijos para adaptarse a la sociedad. Sin embargo, esta aseveración también ha sido desmitificada en varios estudios, como Experiencias escolares de niños y sus padres adoptivos homosexuales, donde se dio seguimiento a 50 alumnos de diferentes escuelas de Estados Unidos, quienes habían sido adoptados desde bebés por una pareja de gays o de lesbianas. Se mantuvieron entrevistas con los estudiantes, con sus padres y con sus maestros. Sólo en el ocho por ciento de los casos los infantes manifestaron tener dificultades de adaptación debido a agresiones (en su mayoría verbales) por parte de sus compañeros y de sus maestros.

Mucha gente intenta burlarse de ti porque tu familia es diferente... no creo que deban molestarnos por ser diferentes”, señala uno de los niños, demostrando que le queda claro que el problema no es su familia, sino la discriminación que existe contra ellos. Cabe mencionar que los padres de los niños sin estos problemas generalmente estaban involucrados en las actividades escolares y mantenían comunicación constante con los maestros.

En México aún no hay estudios similares sobre las familias homoparentales, pero sí hay testimonios de niños que se sienten amados en ellas. Alejandra es ejemplo de ello. “Me gusta tener dos papás porque me quieren mucho”, afirma la pequeña de ocho años, que no es diferente a cualquier otra niña de su edad. Juega, es de carácter alegre y tiene amigos que, por cierto, no ven con malos ojos que su compañera tenga dos padres.

Alex, Pepe y Alejandra, familia homoparental de Monterrey, México. Foto: Cortesía Alex y Pepe/Facebook

Son los adultos quienes les han puesto más obstáculos. En Monterrey, Alejandra fue expulsada de su escuela a las tres semanas de haber ingresado. El motivo: su situación familiar. Los directivos dejaron sus útiles escolares en la calle.

Sus padres son activistas. A raíz de ese mal momento crearon el libro infantil Mi familia como la tuya, donde pretenden terminar con la discriminación hacia cualquier familia no tradicional, no sólo las homoparentales, sino aquellas de padres solteros, nietos que viven con sus abuelos, etcétera. Para ellos, lo que importa de una familia es el amor que hay en ella.

También en Monterrey, una pareja de mujeres que decidió permanecer en el anonimato, fue discriminada en una oficina de Registro Civil donde no les permitieron registrar a su hija; debieron hacer trámites extra para lograrlo. Afortunadamente, este ha sido el mayor obstáculo que han tenido hasta ahora como familia homoparental. En su círculo social y laboral, marcadamente heterosexual, no han sufrido ningún tipo de discriminación; por el contrario, ellas están involucradas en su comunidad y jamás buscan dar importancia a su orientación sexual. “Somos una familia, punto”, afirma una de ellas.

El siguiente reto será intentar inscribir a su hija en la misma escuela de donde corrieron a Alejandra. El plantel queda cerca de su hogar y esperan que, después de la demanda que interpusieron los padres de Ale, los directivos hayan corregido sus políticas discrimatorias.

EL CALVARIO DE LA ADOPCIÓN

México ocupa el segundo lugar en América Latina en niños huérfanos, con 1.6 millones de menores que por diversas razones han perdido a sus padres biológicos. Con tan alarmante cifra, tampoco es posible argumentar que las parejas homosexuales podrían quitar la oportunidad a los matrimonios tradicionales de adoptar un hijo. Por el contrario, al ampliar el rango de potenciales adoptantes, aumenta la posibilidad de que los niños en estado de orfandad encuentren una familia.

Foto: María Lavezzi

El verdadero obstáculo parece ser la debilidad de las instituciones mexicanas en lo referente a la adopción. El reportaje Crecer a la espera: adopción en México, publicado en 2018 por las organizaciones Horizontal y Grupo de Información en Reproducción Elegida, reveló que en el país hay alrededor de 30 mil niños en centros de asistencia social, pero sólo mil 168 pueden ser adoptados. El resto no tiene una situación jurídica definida y por lo tanto debe seguir a la espera.

El documento narra el sinfín de negligencias que se cometen en los albergues, gracias a las cuales los niños pueden llegar a pasar años en estas instituciones antes de que, finalmente, puedan ser susceptibles de adopción. “Muchos de ellos no saben siquiera qué los mantiene en ese lugar, porque nadie se los explica. Algunos están a la espera de que las autoridades decidan si regresan con sus padres. Otros aguardan a que un familiar (abuelos, tíos) decida cuidarlos. Varios son protagonistas de tardados juicios de pérdida de patria potestad”, señala el texto, que incluso relata la historia de un niño cuya adopción fue retrasada por cuatro años simplemente porque su expediente se perdió. Jurídicamente, él no existía. Situaciones parecidas se repiten en todo el territorio nacional.

En muchos casos, cada uno de esos años desperdiciados en trámites burocráticos disminuye la posibilidad de que los menores encuentren una familia. El grueso de los niños en adopción supera los 10 años de edad. Según el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), el 58 por ciento de quienes buscan adoptar prefiere que la edad máxima sea de nueve años.

Además, el reportaje hace énfasis en la falta de regulación que existe en cuanto al proceso de adopción, se estima que el 80 por ciento de los albergues son privados y se desconocen las condiciones en que funcionan, lo que puede propiciar desde discriminación hacia los posibles adoptantes hasta abuso y explotación infantil.

Los datos expuestos indican que el mayor riesgo al que se enfrentan los niños que viven en centros de asistencia social, no es el ser adoptados por una familia homoparental, sino el no ser adoptados debido a la negligencia de las instituciones, donde además podrían ser sujetos de abusos. Una mayor regulación hacia este tipo de organizaciones, así como la agilización de trámites, podría hacer que más menores encuentren un hogar en el seno de una familia amorosa y capaz, independientemente de si está conformada por un hombre y una mujer, por una persona soltera o por dos individuos del mismo sexo.

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