El estatismo sombrío de Borremans
Arte

El estatismo sombrío de Borremans

Una inquietud en el silencio

En portada: Becky por Michael Borremans. Foto: ocula.com

Las pinceladas fluidas forman un rostro borroso, casi suprimido, de la cabeza del personaje. En el cuadro no se puede encontrar una violencia que ataque a la figura o una perturbación que lo lance al grito y a la desesperación visibles; pero hay destrucción en sus facciones, aunque parece calmo o en espera, en un estatismo que extraña y asalta desde su silencio (Becky, 2017).

En una imagen tú buscas provocar, pero trato de equilibrar la pintura. Los colores abrumadores crean un lenguaje que no me es útil”, apunta el artista Michaël Borremans, que ha desarrollado su propio método para evocar inquietud. Sus imágenes no saltan al espectador, sino que sus silencios ominosos lo abruman y establecen con él una relación de introspección.

Michaël Borremans nació en 1963 en Geraardsbergen, Bélgica. Trabajó como profesor en el Instituto Secundario Municipal de Arte de la ciudad de Gante hasta que decidió dedicarse a la producción y venta de obra artística. Jan Van Imschoot, pintor coetanio de Borremans, fue crucial para su desarrollo en el medio, pues fue quien lo descubrió poniéndolo en contacto con el fundador del Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad. Gracias a ello se relacionó estrechamente con la Galería Zeno X, donde realizó su primera exposición y donde exhibe actualmente parte de su obra.

Su pintura, que ha llamado la atención en los círculos artísticos y de la cultura popular, ha ilustrado revistas o portadas de álbumes musicales (Vantage Point de la banda de rock alternativo dEUS, por ejemplo), lo mismo ocurre con otros pintores contemporáneos como el hiperrealista Gottfried Helnwein.

Sus cuadros al óleo son hechos a partir de fotografías que el belga realiza o retratos antiguos de personajes y paisajes con las que relaciona pasado y presente, ficción y realidad en un conglomerado que forma su característico imaginario.

Mujer observa The missile durante la presentación de Fixture en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, España. Foto: EFE/Jorge Zapata

GUSTO POR EL CINE

A pesar de que estas piezas conforman su obra más conocida, también dedica sus esfuerzos al cine. Entre sus filmaciones destacan videos de su exposición en la David Zwirner Gallery en Nueva York, realizada en 2009. En estas producciones el tiempo es radicalmente lento, tanto que podrían confundirse con imágenes estáticas.

Esta relación constante entre la fotografía y la pintura no es coincidencia. Entre su preparación están estudios en fotografía en el Colegio de Artes y Ciencias de San Lucas, aunque a mediados de los años noventa optó por engrosar su cuerpo de obra con el dibujo y la pintura.

La multiplicidad en las disciplinas artísticas que involucra en sus proyectos responde a una experimentación constante en la que intenta innovar su propio juego creativo, en que parece plantearse la condición actual, la iconosfera o cúmulo de imágenes que nos rodean. Así, afirma que todo influye en su intuitivo y libre proceso creativo, admitiendo los medios que están a su alcance; se inspira, pues, en imágenes históricas, televisión e incluso comic.

El trabajo de Borremans nace a partir de métodos contemporáneos y de la influencia de la pintura de vanguardia, que interpreta libremente y actualiza tanto con sus contenidos como con sus técnicas.

Los argumentos comunes con los que se valora su pintura son la influencia del gran maestro del barroco español, Diego Velázquez, o con cruciales expositores del impresionismo como Edgar Degas o Édouard Manet, y sin embargo es posible que lo único que pueda ser analizado desde la comparación con estos autores sea la mera técnica.

Borremans utiliza estas influencias académicas y modernistas para captar principalmente la luz y para dotar de expresividad a sus personajes, como en el caso de Mud Boy II (2019) o X (2014).

Mud Boy II. Foto: ocula.com

También opta por una paleta terrosa que recuerda a la sobriedad del barroco y el tenebrismo; así envuelve sus figuras de un ambiente de sombras que no se pronuncian excesivamente y acompañan el silencio y la soledad de sus personajes.

ESTILO

La ambigüedad es tanto un factor frecuente como tema mismo de sus obras. Puede tratarse de un personaje que reposa, o que yace desmayado o muerto, como en el caso de Devil’s Dress (2011).

Su pincelada suele ser barrida o nebulosa; con esto el artista belga produce una sensación de desenfoque y tensión, pero también genera una deformación de los rostros que se acerca en cierta medida a la realizada por el irlandés Francis Bacon, y aunque los temas de ambos se pueden relacionar ya que incorporan la carne (Bacon en mayor medida que Borremans) y la angustia, los colores que utilizan y la violencia que transmiten es bastante distinta.

Borremans elabora entornos que pueden ligarse más con el horror o lo ominoso, pero guarda relación con la intención de pintores como el estadounidense Edward Hopper. Este autor usa también un ambiente taciturno y lleno de incógnitas que producen en el espectador la sensación de que existe algo que no está en su lugar o que está inconcluso. Los personajes autómatas y casi vacíos de Hopper se quedan con la mirada perdida, como si se hubieran generado allí y no tuvieran otro lugar.

No utiliza una iconografía definida (lenguaje de símbolos con los que se agrega un significado a la obra artística desde la antigüedad), sino que funciona a través de un impacto visual autoconclusivo; como el mismo pintor belga afirma, su obra es “implícita y visual”, sin un común denominador visible.

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Fire from the sun. Foto: elephant.art

Borremans se inclina más por una intranquilidad no expresada de forma objetiva. La energía con la que se manifiesta esta angustia, lejos de ser un grito desgarrador (como en Estudio del retrato del Papa Inocencio X de Velázquez, por Francis Bacon), es potencial; se guarda en sus personajes y ambientes, como si tuviera la capacidad de desbocarse pero prefiriera no hacerlo.

Lo que muchas de sus pinturas pueden evocar en el espectador es, pues, el sentimiento de que algo está mal, pero sin saber qué es realmente. Otras obras como la Sin título o la Fire from the Sun (2017), contienen el objeto de una violencia que fue realizada; en ella se puede ver sangre e incluso mutilación, pero no como acción sino como resultado. El elemento que planta la duda y contrasta este arrebato, son los niños jugando cerca de la parte humana que yace en el suelo.

Para el filósofo del existencialismo Jean-Paul Sartre, “el hombre en su origen es algo indeterminado”. Las acciones que realiza le van construyendo un camino desconocido por el cual desplazarse y en el que la personalidad tomará forma.

A pesar de que admite no pretender “transmitir un mensaje”, Borremans puede ser leído a partir de esto, pero centrándose principalmente en lo psicológico y lo individual. Los personajes de Borremans están siempre indeterminados, inmersos en fuerzas desconocidas y en la incomprensión de un mundo sin intención de tregua.

Temas como la soledad, la confusión y la tristeza envuelven al individuo y a las pinturas del autor, pues como afirma la autora Anna Adell, en el arte se encuentra la oportunidad de expiar las “frustraciones colectivas”.

El mensaje de Borremans, finalmente, serán sentimientos universales que surgen ante la existencia como ante todo lo que es más grande que nosotros: la extrañeza y el miedo. Al ser esto aceptado se podrá liberar un poco nuestra carga innata.

El estatismo de Borremans deja de manifiesto que la incertidumbre contiene algo más grave que lo que se conoce o lo que ya ha ocurrido. La condición humana, frágil y cambiante, la posición irrevocable que tenemos como piezas de un destino desconocido.

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