Ya no hay lugar
Opinión

Ya no hay lugar

Miscelánea

La masa está llamada a ocupar todo el espacio físico.

Mares embravecidos de autos, motores que bufan y contaminan. 28 millones de ciudadanos alienados y rijosos, reptamos al volante en las carísimas “vías rápidas” de esta capital, donde compartimos la pretensión de circular. Conductores ansiosos y neuróticos: “¡pinche vieja, prófuga de la cocina”, me grita un majadero. Muchedumbre amenazante, oleadas de gente va derecho y no se quita; debo hacerme a un lado para evitar que me atropellen. Masas que como lava humana se derrama sobre todos los puntos de la ciudad y amenaza con engullirme. Cinco autos esperan cargar gasolina antes que yo, después de mí hay una larga fila.

En el banco me toca la ficha 104 y apenas llamaron a la 72. Ocho personas con su charola en la mano, me preceden en la cola de la panadería. A donde quiera que vaya, la masa ha llegado antes que yo. ¡Paciencia! Salvo que como sucede con frecuencia, se apaguen las luces y uno se quede atrapado en el vagón, el medio más rápido para llegar al Centro Histórico es el Metro, donde miles de ciudadanos nos rejuntamos, y bien pegaditos, mezclamos nuestros humanos olores, como cuando mi cabeza queda oprimida bajo la axila de un grandote. Sabrá Dios a qué le oleré yo.

En las calles del centro, los ojos no alcanzan a capturar la muchosidad. Las masas humanas que caminan, beben y comen: tortas, tacos, churros, helados. Desbordados e insuficientes los botes, la basura acaba en el piso. Los alienígenas caminan hablando solos y sueltan risotadas, vaya usted a saber por qué. Pantaloncitos vaqueros reprimen nalgotas. Panzas y ombligos al aire. El código para los hombres son bermudas y tenis versión Chavelo, brazos tatuados para que uno los confunda con David Beckham.

De la sobria identidad de la calle de Plateros (hoy Madero) sólo quedan algunas iglesias con sus magníficos pórticos y sus pordioseros que siguen ahí, con la mano extendida implorando “una limosna por el amor de Dios”, el señorial Sanborns de Los Azulejos, y algunos indígenas que librando la vigilancia policial, ofrecen sus artesanías sobre las aceras. Sorprende el ingenio de los mimos con el hambre a cuestas y la autosatisfecha y desafiante ignorancia de las masas. “El Centro Histórico huele a orines”, dijo hace muchos años María Felix. Desde entonces ha empeorado bastante. Alguna paloma tan extraviada como los paseantes, aterriza entre los pasos de la gente. Moviendo la cabecita parece preguntarse: ¿qué pasa aquí? Aeropuertos, centros comerciales, estadios, todo invadido por muchedumbres vociferantes. Todo degradado.

Otrora centro de cultura, hoy nuestro Palacio de Bellas Artes levanta su magnífico telón para que algunos miles de evangélicos rindan homenaje a su líder, quien acusado de violación a menores y otros detallitos, se encuentra preso en USA. 60 mil rebanadas de Rosca se repartieron en el Zócalo el pasado Día de Reyes. Concentración de gente amotinada cierra cualquier mañana la circulación para exigir sabrá Dios qué; mientras tanto algunos miles no pueden llegar al trabajo. Adiestrados para obedecer: a papá, al maestro, al jefe y al presidente de turno, que ese sí, nos va a salir bueno; aguatamos mansamente cualquier ignominia.

Aristóteles educó a Alejandro Magno, a la masa nos educó la Gordillo. En la muchosidad en que vivimos, ni hay tiempo ni resulta tentador reflexionar en nuestra amenazadora realidad: en la diaria ración de muertos, las cabezas cercenadas, las fosas clandestinas. ¡Ay no! Yo mejor hago changuitos y repito Amor y Paz con nuestro ganso.

Lo cómodo es cerrar los ojos e integrarme a la masa humana, ese pueblo sabio que se mueve con tarjetas de bienestar. Lo cómodo es no cuestionar y dejar que cualquier disparate acabe por convertirse en verdad. Mejor ir con la gente a donde va Vicente. Si separarme de la masa y pensar me causa soledad y dudas, y en cambio no pensar me ofrece amor y paz; decido pasarme el resto del sexenio echando baba. Relájate mamacita, esto es lo que hay; aconsejaba mi Querubín. Ahora le doy la razón, la masa se impuso, estamos en Macuspania, no podemos andarnos con fifiruladas.

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