Caos por el síndrome del niño rico
Familia

Caos por el síndrome del niño rico

El narcisismo de la afluenza

Se habla de las carencias que puede tener un niño en su desarrollo, así como las consecuencias psicológicas que éstas acarrean. Sin embargo, también existen males causados por el exceso de recursos, por lo que el menor de edad puede estar en peligro de tener el dinero suficiente y la falta de guía necesaria para cometer graves errores e incluso accidentes.

El caso del estadounidense Ethan Couch de 16 años, que en 2013 ocasionó la muerte de cuatro personas por conducir en estado de ebriedad, resuena por ser una de las consecuencias más graves de la llamada afluenza: el síndrome de tener todo en exceso y por lo tanto ver subjetivos los límites.

Si bien la falta de atención genera niños con baja autoestima y problemas emocionales, el exceso de ésta puede traducirse en una sobreprotección que lo limitará en su vida diaria. Del mismo modo, la abundancia de pertenencias hace que un niño busque tener más cosas materiales y que termine en problemas de conducta y de autoconcepto, lo que se conoce como “síndrome del niño rico”.

DESCRIPCIÓN

Este mal se presenta cuando el infante tiene todo en demasía, un fenómeno de nuestro mundo actual, donde los padres deben trabajar más horas para cubrir las necesidades familiares y tienen menos tiempo para sus hijos, según afirma Ralph Minear, profesor en pediatría de la Universidad de Harvard.

La falta de atención se suple con todo tipo de objetos: tabletas, celulares, juguetes, comida, nuevos videojuegos, entre muchas cosas más, para que el niño no tenga momentos de aburrimiento. Sin embargo, esto también se traduce en otros excesos en cuanto a libertades, acceso a dinero, protección, etcétera.

La hija de Kim Kardashian y Kanye West viste un collar de oro y diamantes. Foto: papermag.com/newscult.com

Una de las razones puede ser que los padres busquen dar a sus hijos lo que ellos no tuvieron y, en respuesta, se cae en excesos. Esto tiene relación con los límites que se ponen al infante.

Es normal que un niño pida cosas cuando va al supermercado, por ejemplo, y que haga una rabieta hasta obtenerlo. La correcta intervención en este sentido, es ignorar el percance y aclarar los términos a los que hemos llegado antes y las razones por las que no habrá más compras.

Claro, todo esto es una sana reacción, pero la realidad es otra. Con tal de terminar con el momento vergonzoso en el lugar público y con el fastidio que es oír el llanto o los gritos del infante, se accede a comprarle lo que quiera o se llega al “pacto” de que si se calla se le dará un premio. Lo que el hijo aprende es que si grita con la suficiente fuerza se le dará lo que desea. De hecho, es una expresión de aquel síndrome conocido como el de los “niños napoleónicos” o “tiranos”: una falta de límites.

Esta relación que se establece entre los regalos y los límites, es decir, el aprendizaje de que no todo está hecho a su conveniencia, de que existen reglas y de que se debe respetar a los demás, es solo una parte, aunque importante, del fenómeno.

La afluenza se puede desarrollar desde edades tempranas, pero sus consecuencias se prolongan hasta la adolescencia y adultez.

Foto: iStock

ADVERTENCIA NARCISISTA

La psicóloga Alicia Bandera, autora del libro Niños sobreestimulados, habla sobre aquellos infantes con demasiados regalos y los motivos que llevan a los padres a incurrir en este exceso; con esto se suple una fata de atención y se expresa cariño de formas que el niño, sin embargo, no requiere.

El cariño y la cercanía con el hijo son irreemplazables y, en consecuencia, el niño siente placer al tener cada vez más cosas, pero siempre cosechando ese sentimiento de que falta algo más.

Banderas, además, señala que con esto se da el mensaje de que, como lo han hecho los padres, los demás cumplirán las expectativas infladas, incluso en la vida futura del menor. Con esto crece un narcisismo y una exigencia constante a las personas que se relacionen con él.

Los síntomas se presentan en una baja autoestima y una baja tolerancia a la frustración que le dificultarán al infante alcanzar metas en su proyectos de vida. La irritabilidad y depresión pueden ser también algunas de las consecuencias, además de una falta de límites, como ya se había mencionado.

Hasta ahora, se puede pensar que el síndrome afecta únicamente a niños de clase alta, y sin embargo no es así, según lo afirmado por el profesor Minear. Existe la posibilidad de dar más de lo necesario a un niño incluso endeudándonos. Minear afirma que el síndrome se da más en la clase media, conformada por quienes aspiran constantemente a tener más bienes.

Accidente en Tláhuac provocado por un niño de 12 años que conducía en estado de ebriedad, 2018. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Al haber vivido antes carencias, los padres tienden a tener la preocupación de asegurar el futuro de sus hijos, algo común, bastante válido y benévolo. Pero muchas veces se sobrepasa el límite, al intentar facilitar demasiado las cosas y dar más libertades de las que el niño puede manejar.

La responsabilidad es monitoreable, es decir, con cada nueva libertad debe venir una responsabilidad a la que el menor tiene que responder. La disciplina debe demostrarse, pues, en actos como el volver a casa después de la escuela, a tiempo y avisando si se planea ir a otro lugar antes.

El bombardeo de información a una edad temprana, puede también ser otro problema; sea en temas sexuales o personales, el niño debe cumplir cierto desarrollo para tener inquietudes por ciertos temas, de lo contrario se podría incurrir en una presión que no buscaba.

Mantener un canal abierto para la comunicación puede ser un radar adecuado para la detección temprana de problemas, y por supuesto, mantener la salud mental necesaria, ver a un psicólogo de cabecera de vez en cuando.

En 2018, en Tláhuac, un niño de 12 años conducía un auto a 120 kilómetros por hora en estado de ebriedad; dentro, había otros nueve menores de edad que no sobrepasaban los 15 años, de los cuales cinco fallecieron.

Según la Encuesta nacional de consumo de drogas, alcohol y tabaco, difundida en 2018 por Unicef, el consumo constante de drogas y al alcohol en adolescentes entre los años 2010 a 2016 aumentó hasta en un 78 por ciento en hombres y un 22 por ciento en mujeres.

Los recursos como el dinero, los autos, entre otros, son libertades que si no estamos dispuestos a dar con la correcta instrucción y con la suficiente calidad ética y moral, pueden llegar a producir tragedias como esta.

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