Tráfico de arte
Reportaje

Tráfico de arte

Obras como moneda de cambio

El tráfico de bienes culturales, especialmente de piezas de arte, ha aumentado en gran medida a causa de la creciente demanda que tiene la adquisición de obras que son representativas, tienen gran importancia o que, por distintas razones, jugaron un papel crucial en la cultura o el país del que proceden. El saqueo aumenta sin cesar, a tal grado que ha sido necesario trabajar en el mejoramiento de la seguridad de los museos para evitar este tipo de altercados. Hay que tener en mente que la desaparición de una obra no significa solamente una pérdida patrimonial cultural, porque mucho más allá del significado que la pieza pueda tener en sí misma, existe un trasfondo rodeado por el mercado negro e incluso el narcotráfico.

Al explorar esta práctica desde lo general hasta lo particular, resulta evidente que estas actividades no son novedades propias de las últimas décadas, sino actos que se remontan varios siglos atrás; fueron elementos habituales en guerras como las Cruzadas, pero también formaron parte de las exploraciones, invasiones y conquistas. Estos atracos se realizaban en sus orígenes como un símbolo, una forma alternativa de ejercer poder sobre la tierra arrasada pero, poco a poco, fue mudando de significado y adquiriendo un creciente valor monetario hasta que, a principios del siglo pasado, comenzó la configuración de un negocio que se consolidó para convertirse en uno de los comercios ilegales más lucrativos del mundo.

Para tratar de comprender este fenómeno, a continuación se hace un breve recorrido por la evolución de una parte importante de la historia del arte, con la finalidad de ofrecer algo de contexto sobre la problemática y poner en la mesa una serie de cuestiones que la mayor parte del tiempo se muestran ajenas a nuestra vida diaria.

ANTECEDENTES

Quizás merced a los casos más sonados, muchas personas tengan la sensación de que el tema del tráfico de arte es un asunto de surgimiento más bien reciente, sin embargo, es necesario dejar en claro que esta práctica se ha llevado a cabo desde mucho tiempo atrás.

Uno de los medios más utilizados fueron los múltiples saqueos realizados al amparo de conflictos bélicos de gran escala en los que los perdedores se veían despojados de gran parte de los objetos emblemáticos de su cultura.

Foto: segured.com

No es muy difícil sostener que el tráfico de arte se remonta a principios de la historia, cuando los seres humanos, ya con sus asentamientos asegurados, sintieron el hambre de poder que les llevó a cometer conquistas y saqueos. En la lista de sitios ultrajados salen a relucir algunos de los imperios más importantes, pero también Estados que en su momento eran sumisos y sometidos, y en algunos casos permanecen en situaciones similares, recordando con resentimiento sus conquistas. Se mencionarán sólo algunos casos, pues una lista exhaustiva sería imposible, ya que los despojos, incluidos los artísticos y culturales, no sólo los monetarios, son parte de las guerras y el mundo actual se ha estructurado con base en episodios violentos de este tipo.

LAS CRUZADAS

Múltiples ultrajes a la cultura fueron parte de cada una de las guerras religiosas conocidas como las Cruzadas, movimientos armados predominantemente europeos, justificados por un mandato divino en el que un grupo de hombres que tomaban votos religiosos temporalmente, cometieron atracos doquiera que llegaban. Estos sujetos, luciendo sus cruces rojas en el pecho, se dedicaron a realizar actos de vandalismo amparados con las indulgencias plenarias que se les concedían por sus pecados. El historiador Jonathan Riley-Smith opina que las Cruzadas fueron una de las fuerzas más importantes de la historia, pues significaron una lucha a gran escala, tanto en su aspecto geográfico como en el número de hombres y mujeres que participaron en ellas. Las Cruzadas dominaron profundamente los pensamientos y los sentimientos de los europeos occidentales entre 1095 y 1500. Extendiéndose por Hungría, Siria, Jerusalén, Bizancio, Egipto, Túnez y Líbano, entre otros, las Cruzadas estuvieron acompañadas de violencia y destrucción para ambos bandos. La influencia que estas culturas tendrían posteriormente sobre Europa es innegable y la miríada de riquezas y obras de arte que “obtuvieron” como resultado, también. Uno de los casos más importantes es el de Constantinopla.

Tras las invasiones germánicas al gran Imperio Romano, finalmente en el año 395, tras la muerte de Teodosio I, llegó la división que dio origen a dos imperios, cada uno comandado por sendos hijos de Teodosio, uno en Occidente y otro en Oriente. El segundo tenía como capital a la ciudad de Constantinopla. Este imperio, tras años de esfuerzo, había logrado catalogarse como uno de los primeros en el orden mundial, en cuanto a política y también en materia financiera. Dado que era una de las ciudades más grandes, y a causa de los múltiples conflictos propios de la época y la región, era de esperarse una serie de ataques constantes a los que pudo hacer frente largamente. El tiempo de la resistencia terminó en el año 1204, cuando la traición de la Cuarta Cruzada culminó en una invasión, seguida de destrucción y repartición de tierras.

Entrada de los cruzados en Constantinopla, pintura de Eugène Delacroix. Foto: Directmedia/Louvre Museum

Rolando Castillo ha publicado varios textos breves y sintéticos sobre estos acontecimientos, consultables a través de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, donde trata el problema como una serie de saqueos constantes, incendios, asesinatos, caos, robos, hasta que finalmente se llegó al reparto de la metrópoli y del imperio a manos francas y venecianas que terminaron con la gloria de la gran urbe y con los tesoros artísticos y arquitectónicos que en ella había. Lo que siguió fue el abandono casi absoluto del gran Imperio. Fue cuestión de días para terminar con todo el poderío que había alcanzado.

LA CONQUISTA DE AMÉRICA

Un acontecimiento clave para la identidad mexicana, y que aún ocasiona muestras de resentimiento, fue la conquista del continente. La llegada de los españoles marcó el inicio de un enorme latrocinio y destrucción cultural. El daño fue tan grave que lo que se conserva en la actualidad permanece gracias a que los pobladores tomaron algunas medidas para cubrir sus recintos.

El escritor Fernando Báez opina que la destrucción llevada a cabo en América Latina afectó enormemente al sector cultural. “La memoria histórica fue objeto de manipulación, fuego, robo y censura. El proceso fue lento y sistemático, feroz e implacable: hoy sabemos que el sesenta por ciento de la memoria escrita de la región desapareció. Un cincuenta por ciento por destrucción premeditada y un diez por ciento por desidia. Más de quinientas lenguas se extinguieron para siempre”. Todo esto sin tomar en consideración las piezas de arte que permanecen en exhibición en museos fuera del país, como el famoso penacho de Moctezuma.

GUERA CIVIL ESPAÑOLA

La Guerra Civil española (1936-1939) sirve para ilustrar con un ejemplo reciente los saqueos culturales. Como todas las guerras, no escapó al expolio de su patrimonio. La característica de este antecedente es que ofrece una visión del mundo actual, en la que el interés monetario incentivó a los contrincantes en el tráfico ilegal de obras.

Isabel Genovés Estrada, en un artículo para la revista Los ojos de Hipatia, ofrece un panorama general de los eventos que ocurrieron de manera previa y durante el conflicto. La autora menciona que el tema tomó una dimensión mundial cuando la prensa internacional hizo eco de este tráfico ilegal de obras de arte. Se sabe de un intento realizado por los bandos para frenar el conflicto que terminó sin solucionarse.

Saqueo de una iglesia en la Guerra Civil de España. Foto: Shutterstock

LAS GUERRAS MUNDIALES

El tráfico de arte fue la base para la implementación de tratados y normas en los que se prohibía el manejo de bienes culturales en la Primera Guerra Mundial. Tiempo después, sin embargo, durante el desarrollo de la Segunda, gran parte de esos acuerdos serían violados y las piezas obtenidas funcionarían en gran medida para financiar conflictos bélicos.

El final de la Primera Guerra Mundial marcó un interés por crear y estructurar una serie de normas para cubrir garantías mínimas, dentro de ellas estaba el resguardo de la cultura. En el tratado de Versalles de 1919 se estableció un plazo para que el gobierno alemán devolviera bienes que habían sido trasladados durante la guerra. Jean Carlo Mejía Azuero, abogado y profesor de derecho internacional, explica que “el Tratado recogía el Pacto de la Sociedad de Naciones, cuyo objetivo era garantizar el cumplimiento de los términos de varios convenios acordados después de la I Guerra Mundial con el fin de lograr una paz duradera”. El saqueo de obras significaba la destrucción de la cultura por sobre el contrincante oprimido, pero es alrededor de esos años que el tráfico adopta una postura cada vez más puramente financiera.

Por otro lado, durante la Segunda Guerra Mundial, este tema adquirió aún más relevancia, empezando por los incumplimientos a los tratados que poco antes habían sido acordados.

La Alemania nazi contaba con las Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg (ERR), también llamada la Fuerza Especial Rosenberg, una organización creada por Alfred Rosenberg dedicada exclusivamente a confiscar bienes culturales y artísticos; primero al interior de Alemania, despojando a los judíos, pero conforme se extendía el dominio alemán también lo hacía su esfera de influencia. Llegó a operar en Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Polonia, algunos países bálticos, Grecia, Italia y Ucrania. Además, dejó de centrarse en los bienes en posesión de judíos.

En 1940 Adolf Hitler confirió autoridad a las ERR para confiscar los manuscritos y los libros más importantes y valiosos resguardados en las bibliotecas y los archivos nacionales, además de materiales eclesiásticos y de las logias masónicas.

A propósito de las operaciones de las ERR existe un documental realizado en 2018, titulado Hitler vs. Picasso y otros artistas modernos.

Obras de arte robadas por los nazis, halladas en una mina de sal en Merkers por los estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Foto: Lt. Moore, U.S. Army / en.wikipedia.org

La doctora Celia María Camiña Domínguez menciona en un artículo titulado La protección internacional de los bienes culturales en tiempo de guerra que para julio de 1944, los nazis se habían apoderado de casi 22 mil piezas, entre las que se contaban pinturas famosas y piezas extraídas de los museos. “Los bienes culturales de los territorios ocupados fueron confiscados y las colecciones de los ciudadanos judíos fueron nacionalizadas, pasando a integrar la colección del Führermuseum de Linz”.

Sin embargo, el número de obras registradas hasta ese momento era sólo una pequeña parte del total, según se revelaría décadas después.

En 2013 la historiadora y en ese entonces senadora francesa Corine Bouchoux presentó un informe sobre las obras de arte saqueadas por los nazis. En él se asienta que, según archivos de la época, se realizó un importante saqueo en el que 69 mil 619 viviendas de judíos fueron allanadas y desvalijadas; dicho robo incluye numerosas obras de arte. Francia ha presentado un total de 96 mil 812 reclamaciones y 61 mil 233 obras han sido recuperadas.

Aurelien Breeden, en un artículo en The New York Times, trata el tema y menciona que se calcula que para el caso francés alrededor de 100 mil obras fueron vendidas bajo coacción a los nazis y enviadas a Alemania; la mayoría, efectivamente, pertenecían a familias judías a quienes se las arrebataron mientras eran detenidas. Desde el momento del conteo en 1944 hasta hoy, varias piezas han regresado a sus lugares de origen y se exhiben en museos como atractivo turístico, destinadas a ilustrar un momento específico de la historia, en el que un grupo de la población fue brutalmente despojado de una parte significativa de su patrimonio cultural.

ARTE Y NARCOTRÁFICO

Otro tema relevante es el narcotráfico, reconocido como una de las actividades ilícitas más lucrativas a nivel mundial, puesto que hace uso de bienes culturales como moneda de cambio. En pocas palabras, el método consiste en una cadena de ventas y reventas a través de una o más fronteras nacionales, hasta que poco a poco la obra se desliga de su lugar de origen.

El magistrado Jaime Allier Campuzano menciona que “cuando los bienes culturales robados o saqueados abandonan el territorio de origen o su lugar de exposición, pasan a través de numerosas manos antes de llegar al adquirente final. En general, el rapiñador vende los bienes culturales a un intermediario que los revende a otro intermediario o a un mercader”. Al final las obras terminan en manos de museos o coleccionistas que con tal de tener la pieza en su poder están dispuestos a dar grandes cantidades.

Obras incautadas en el 2015 en la vivienda de Arturo Contreras Chavez, vinculado con el crimen organizado, en Guatemala. Habían sido robadas de la Fundación para las Bellas Artes (Funba). Foto: memoriarobada.ojo-publico.com

Existen cuatro formas principales en las que se realiza la exportación de la obra y se sale libre de esto: utilización de valija diplomática, empleo de un falso etiquetaje, ocultamiento de bienes culturales pequeños en el interior de los equipajes y el cruce de fronteras por parte de traficantes, a través de lugares desprovistos de aduanas.

En 2006, José Martí Gómez realizó un reportaje para El País, en el que desarrolla de forma detallada el proceso del tráfico de obras de arte, donde identifica una cadena con cuatro eslabones base: los que las colocan en el mercado a través de peristas, quienes venden las obras a otros peristas más limpios policialmente y más introducidos en el mercado; en el tercer eslabón, la obra pasa a manos de un anticuario y por último llega a manos de un particular.

Las piezas robadas aumentan su cotización, lo que significa que no valen lo que valían al estar en el museo. Es en este punto que son utilizadas como moneda de cambio por los narcotraficantes. Es un tipo de moneda asegurada cuyo precio aumentará entre más tiempo pase fuera de su sitio.

ROBOS A MUSEOS

El nombre de varios museos se ha relacionado a este tipo de incidentes, la mayoría por una seguridad deficiente por parte de sus autoridades. En otros casos, los hechos se prestan a malinterpretaciones y las instituciones quedan bajo sospecha de estar involucradas con el robo y posterior tráfico ilegal de las piezas, especialmente cuando éstas desaparecen sin que se encuentre a los atracadores.

En 2005 un grupo de individuos robó, con la ayuda de una grúa, A reclining figure del artista británico Henry Moore. Se trata de una escultura de bronce que mide 3.5 metros y pesa 2.1 toneladas. Se encontraba en exhibición en la sede de la fundación dedicada al artista en Hertfordshire.

Las autoridades sospecharon que la obra fue robada no por su valor artístico sino directamente por el material de manufactura: el bronce. En el momento del robo se calculaba que el bronce fundido de la pieza podría alcanzar un valor aproximado de 8 mil euros. La escultura estaba valorada en 4.5 millones de euros.

Policía científico saca del Museo de Arte Moderno de París uno de los marcos de las obras robadas. Foto: EPA

Otro caso importante ocurrió en París, donde un ladrón encapuchado y armado con un cúter, entró al Museo de Arte Moderno de la Villa de París en 2010, y por una serie de “coincidencias” logró hacerse de cinco lienzos destacados: Le pigeon aux petits pois, de Pablo Picasso; La femme à l'éventail, de Amadeo Modigliani; La pastorale, de Henri Matisse; L'olivier près de l'Estaque, de Georges Braque y Nature morte aux chandeliers, de Fernand Léger. Al parecer, justo ese día la alarma no sonó y los guardias no hicieron sus rondas habituales.

En temas nacionales es momento de hablar de uno de los acontecimientos más sonados en este rubro: el robo al Museo Nacional de Antropología de 1985 y en el que sólo hicieron falta dos estudiantes de veterinaria para acometer la sustracción de 140 piezas de las salas Maya, Mexica y Oaxaca. Durante las investigaciones, las autoridades atribuyeron el atraco a una importante banda con alcance internacional. Nunca sospecharon que se trataba de dos chicos menores que saltaron la cerca y se introdujeron al recinto por los ductos de ventilación, aprovechando que los guardias celebraban la Noche Buena, dejando de lado la vigilancia.

El caso tardó cuatro años en esclarecerse y para entonces uno de ellos tenía nexos con narcotraficantes. Recuperar las piezas no fue tarea complicada, pues nunca las retiraron de su vivienda.

A PROPÓSITO DE LAS LEGISLACIONES

Como consecuencia de todos estos acontecimientos históricos se han ido implementando leyes para combatir este tipo de actos, la Primera y la Segunda Guerra Mundiales sirvieron como base para comenzar a mostrar interés en las obras de arte. En un intento por evitar que fueran consideradas como botín de guerra, se acordaron una serie de tratados, normas y la implementación de leyes como:

Tratado de Versalles (1919). Más de 50 países lo firmaron para dar por terminado el estado de guerra. Dentro del documento hay un punto específico en el que Alemania se compromete a devolver a Francia, en un lapso de seis meses, obras de arte y archivos. Sirvió como base para los cuidados de la parte cultural en los países en guerra.

Convención de La Haya (1954). En palabras de Caamiña “es la primera norma convencional que tiene por objeto específico la regulación de los bienes culturales”. Si bien el tratado era una buena base, no fue suficiente para limitar estos conflictos. Se maneja “por primera vez, con carácter uniforme y único el término “bienes culturales” en el ámbito internacional; y unifica el régimen de protección, con independencia del origen y propiedad de los bienes”.

Los miembros del Convenio de la Haya de 1899. Foto: Municipales de La Haya/wikimedia.org

Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos. Existe en México desde 1972. El documento menciona el valor de las obras y objetos culturales del país. En el artículo 36 se establece todo lo que entra a consideración como propiedad cultural de la nación, por ejemplo: inmuebles construidos en los siglos XVI al XIX, los muebles que se encuentren en dichos edificios, documentos, expedientes, manuscritos, libros y folletos.

La convención sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícita de bienes culturales (1970). La UNESCO creó este acuerdo en contra del robo de obras de arte para poner un alto a la situación. Puntualiza la necesidad de adoptar medidas de prevención y permanecer atentos en estos recintos para limitar los intentos de robo.

EL MUNDO CIBERNÉTICO

Internet ha abierto las puertas para que todo el mundo se mantenga informado, sin embargo, se ha convertido en un arma de doble filo, ya que la información puede ser utilizada para fines negativos.

Por medio de la red es posible la difusión de piezas robadas para su venta o subastas en los que se oferten al mejor postor.

Uno de los eventos con que se ha relacionado el arte en los últimos meses es el robo de piezas artísticas por parte de unos sujetos que se enfocaban en buscar y vigilar a sus víctimas a través de las redes sociales. Fue así como pudieron acordar el día en que se llevaría a cabo el atraco y salir sin el menor problema. El sitio web de Univisión informó que se trataba de siete personas, acusadas de sustraer cientos de miles de dólares en obras de arte, incluidas piezas de Claude Monet, Pierre Bonnard y Fernand Léger.

Otro caso considerable es la flamante venta ilegal de piezas de arte precolombino en Francia el pasado septiembre. Aproximadamente 120 piezas originarias de México estaban a punto de ser subastadas cuando el gobierno hizo un vano llamado para detener la venta. Una de las razones aducidas es que incitaba a excavaciones ilícitas, saqueo, tráfico y falsificaciones de las piezas.

México denuncia venta de piezas de arte precolombino en Francia. Foto: pressreader.com / spainsnews.com

ALGUNAS DETENCIONES RECIENTES

Es fácil corroborar el gran número de delitos de ésta índole que se cometen alrededor del mundo. Muchos lo hacen con el fin de hacer que el precio de la obra aumente para obtener mayor ganancia al venderla, o para pedir rescate por ella. Dentro del narcotráfico es común que se utilice como moneda de cambio y también se da el caso de que sean robadas por el precio de los materiales con que fueron elaboradas. También hay que mencionar a los sujetos que rompen piezas por actos de odio o cuestiones de ideología, quienes teniendo sus creencias tan presentes son capaces de atentar contra la cultura de un país.

El número de detenidos es muy variado, algunos se han logrado de formas muy sencillas y otros han tenido que recurrir a planes sumamente elaborados. A continuación, se relacionan unos pocos casos, a manera de muestra, de los acontecimientos más actuales a nivel nacional e internacional para ofrecer un panorama general de esta situación.

El diario Alicante, en septiembre del corriente, dio a conocer un total de seis detenidos. En palabras del periódico se consigna que los sujetos se dedicaban al robo de objetos que luego vendían en chatarrerías de la provincia. Dentro de los artículos robados entraban objetos artísticos provenientes del condado de Cocentaina considerados dentro del apartado de patrimonio cultural e histórico.

En enero de este año ocurrió un robo a plena luz del día en la Galería Estatal Tetriakov en Moscú. Se informó que la obra Ai-Petri. Crimea del paisajista ruso del siglo XIX, Arjip Kuindzhi, fue sustraída el 27 de enero (aniversario del pintor) por un hombre disfrazado como personal del lugar que simplemente retiró la tela de su marco y se la llevó. El óleo fue recuperado, aunque sufrió algunos daños y requerirá la intervención de restauradores profesionales, razón por la cual el perpetrador ha sido condenado a tres años de cárcel.

El 21 de septiembre, por medio del sitio web “La Voz de Michoacán”, se dio a conocer la identidad de un sacerdote que habría robado parte del arte sacro de su parroquia. Esta noticia conmocionó a la zona y se exige la detención del cura y la devolución de las obras que guardan un gran significado histórico y cultural para el país.

No importa el sitio o la profesión, siempre se buscará la manera de aprovechar la situación y tener en poder piezas valiosas que puedan revenderse a expertos.

Denis Chupikrov, perpetrador del robo en la Galería Tetriakov. Foto: Municipales de La Haya/wikimedia.org

Comprender la relación de un tipo de tráfico con el otro nos permite ampliar la perspectiva y comprender que todo se encuentra conectado y que va más allá de lo poco que se ha podido registrar hasta el momento. Es muy simple encontrar personas que han sido detenidas por cometer robos de bienes culturales. En una búsqueda sencilla se encuentran noticias recientes que no van más allá de una semana, se trata de un delito recurrente y que no siempre culmina con detenciones.

Hay demasiados casos cuyos procesos de investigación continúan abiertos desde hace lustros. Estos ejemplos son del año en curso y con un panorama tan acotado como lo son los medios nacionales, sin embargo, expandiendo los horizontes es posible comprobar que este tipo de delitos se cometen con más regularidad de la que podría pensarse. Con toda la información recabada es necesario tomar a consideración que si el robo de piezas de arte sucede con regularidad es preciso aumentar la seguridad en los museos y actualizar las normas y leyes que se han implementado hasta el momento.

Combatir algo que se ha realizado desde hace tanto tiempo y que se encuentra a una escala similar a la del narcotráfico supone un gran reto. Los casos de robo se actualizan día con día y es algo que demanda seriedad en el tratamiento y prevención, empezando por colocar limitantes bien estructurados para proteger el siempre presumido y pocas veces atendido patrimonio cultural.

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