Ecos, apuntes sobre Atenea Cruz
Literatura

Ecos, apuntes sobre Atenea Cruz

El silencio como felicidad absoluta

La frustración y la desdicha son las principales piezas de la cosmovisión claustrofóbica del personaje principal de la novela Ecos. Intercalando narradores en primera y tercera persona, Atenea Cruz relata el tedio de una mujer rota que carga con el estigma de sus antepasadas: su abuela y su madre.

Celia Santana es una mujer marchita. Nació en un circo donde experimentó vivencias como el amor, los libros, la pasión hacia los caballos; pero también la amargura, la infelicidad y la náusea hacia su existencia, esa misma que la condenó en vida y en muerte. A pesar de tener todo para ser feliz, los rencores impregnados dentro de su corazón transformaron sus ilusiones en odio, el motor por el cual ella respiraba.

Cruz es una escritora nacida en Durango en 1984. Estudió la licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Algunos de sus galardones más significativos son el Premio de cuento María Elvira Bermúdez (2002), Premio de poesía Beatriz Quiñones (2012) y Premio de cuento fantástico Amparo Dávila en 2017, mismo año de publicación de Ecos, su primera novela editada por el Fondo Editorial Tierra Adentro. Es una autora dinámica, ha publicado dos libros de cuentos titulados Crónicas de la desolación (2002) y La soledad es una puta (2005); y poemarios como Diario de una mujer de ojos grises (2009), Suite de las fieras (2012) y Apuntes de papeles diversos (2015). En sus obras destaca el fraseo corto como estilo narrativo y sus personajes, construidos desde una perspectiva enigmática, logran aprehender la atención del lector.

Atenea Cruz. Foto: Notimex

ESPEJO

Cada capítulo de Ecos es como un susurro: se va desvaneciendo conforme suena la tercera llamada al atrio. Juega con las focalizaciones, mantiene un ritmo anacrónico donde son posibles dos lecturas diferentes gracias a la potencia de las voces narrativas: todas funcionan como el eco, cada una tiene un ritmo y una percepción distinta que pugna con la psique del personaje y, por supuesto, del espectador.

En una entrevista realizada por Letras Libres, Atenea expresó: “Un fantasma yo considero que es el eco como de una acción muy dolorosa o de mucho rencor o de mucho odio que no se puede borrar por completo. Es un eco, un fantasma”. Este elemento sobrenatural será parte del esqueleto de la obra y en donde convergerán otros temas como el erotismo, la sensualidad, la deformidad y sobre todo la venganza, sentimiento fundamental a lo largo de la obra.

Celia es una antiheroína que involuciona conforme se lee la novela. En su abrumo ella conoce su única razón de existencia, y esa es la venganza contra su madre, quien siempre permaneció a su lado como un parásito e, incluso, le quitó su identidad. La atmósfera pesimista detalla complejos propios del personaje, como el conflicto hacia la maternidad, problema reflejado en Bruno, su hijo “con cara de animal” víctima de labio leporino. A partir de ese momento, el silencio se convertirá muy importante para ella porque será la única forma de sentirse en paz. Todo era agonía en casa: los gritos de su hijo, el zumbar de las moscas y la voz de Raúl, su esposo. Al avanzar la lectura, se develarán los pormenores del inicio de la obra, la cual comienza con la muerte de la protagonista bajo una vengativa promesa contra su cónyuge, hijo y estirpe.

Foto: Joao Arraes

IMAGEN

En la obra se pueden identificar componentes siniestros que fungen como un portavoz del sentimiento y psicología de los actores. Sigmund Freud publicó en 1919 un artículo titulado Lo siniestro, donde aplicaba los principios del psicoanálisis al cuento El hombre de arena de E. T. A. Hoffmann. Es así como lo siniestro se determina por la contraposición de los elementos que puedan resultar familiares contra lo oculto o desconocido. Cincuenta años después, Tzvetan Todorov publicó su ensayo Introducción a la literatura fantástica, donde aplicó una perspectiva estructuralista y filosófica para hablar de ese mismo fenómeno literario. Ambos textos se complementan. Argumentan que la realidad literaria gira en torno a la visión del autor, principal pieza en la creación de una obra. De manera que se pueden catalogar los acontecimientos de la novela, cuento o poema dependiendo de la realidad del lector.

Los teóricos explican tres niveles de reflexión: el primero habla sobre la concepción del mundo con herramientas narratológicas (factores ficcionales); el segundo explica las estrategias o recursos literarios empleados en la obra; y el tercero, la relación del texto con el autor.

La poca descripción física de los personajes es el ingrediente clave para revelar lo considerado como siniestro. Cruz realiza descripciones precisas a través de las acciones de los mismos, no por su apariencia o por sus gustos. Construye una cartografía en el limbo y demuestra las intenciones verdaderas de sus creaciones. Otro punto es la elisión de lo temporal. En Ecos el tiempo logra categorizarse como universal porque juega con la mente del lector. No se establece claro; no se mencionan situaciones particulares de la actualidad, tampoco de épocas antiguas. Además, la estructura de la novela permite aventurarse con los acontecimientos a tal grado de crear en las dos lecturas una percepción distinta sobre los personajes. Un buen ejemplo sería las antepasadas de Celia. De su abuela no se sabe casi nada. Su madre, Epifanía, al no estar descrita gran parte de su personalidad, se advierte malvada porque roba a su hija cada parte de su vida, incluso, el nombre. La narrativa mantiene una tensión relevante para el tono del escrito.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

SÍMBOLO

La figura femenina juega un papel trascendental. A lo largo de la historia, el rol de las mujeres ha cambiado conforme a los siglos. Hay una evolución en el mundo literario en torno a las féminas. Algunas de las figuras literarias más significativas han sido el ‘ángel del hogar’, o la que salvaguarda la casa y la familia a costa de sus aspiraciones personales; ‘la mujer fatal’ o la sujeta a sus pasiones sexuales y bestiales, y la ‘mujer nueva’, aquella de carácter culto pero cuyas pasiones son sinónimo de perdición. Aunque las protagonistas no se representen por completo en las categorías mencionadas, sí tienen algunos rasgos que encajan por su forma de actuar.

La abuela de Celia es un ángel de hogar. Ella permaneció siempre en el pueblo y en casa como las buenas mujeres, además de rechazar el estilo de vida de su hija Epifanía. La madre sería, a los ojos de la abuela, una mujer fatal; es decir, aquella guiada por sus pasiones y cuya ‘calentura’ la llevó a la perdición manchando no sólo su honor y el de su familia, sino también el de su hija.

El carácter complejo de Celia le permite encajar en ciertos rasgos de las tres figuras. Es una mujer culta durante su infancia en el circo, al adentrarse en el mundo de los libros; mujer fatal a los ojos de su madre cuando huyó del hogar junto con Raúl, y ángel del hogar al quedarse en casa con su esposo e hijo. El circo como recurso para la construcción de la atmósfera y los caballos también pueden ser vistos desde una perspectiva psicoanalítica. Jacques Lacan habla de la “transferencia hacia el otro”. Celia lo hizo hacia los caballos a tal grado de dejar a un lado su familia. El animal representa su pasado: el circo y su pasión; e incluso lo no deseado, como su madre.

El suicidio de la protagonista a lado de su yegua representa el regreso a la vida anterior en la que tal vez pudo ser feliz. Ecos mantiene un carácter complejo y cíclico que deja dudas sobre sus elementos más ocultos. Vale la pena hundirse en ellos.

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