La frágil edad de los huesos
Salud

La frágil edad de los huesos

Daños estructurales en el templo del cuerpo

El templo de nuestro cuerpo, como la buena obra arquitectónica que es, se mantiene de pie gracias a una estructura. Hablamos del sistema musculo-esquelético, el cual comprende huesos, músculos y ligamentos. Dos de sus funciones principales son: dar soporte a nuestra anatomía y posibilitar el movimiento.

Como toda construcción, el sistema de huesos y tejidos del ser humano puede sufrir afectaciones y alteraciones que provocan la disminución de capacidades.

Aunque no suframos accidentes de ningún tipo, los componentes del organismo igual se desgastan. El templo se deteriora al son del envejecimiento.

Los cambios relacionados con el aumento en la edad, aunados a los hábitos de cada quien, van marcando límites al grado de actividad física que puede realizarse e incrementando el riesgo de sufrir caídas y fracturas.

Estudios de la comunidad médica han demostrado que a partir de la tercera década, tanto en hombres como en mujeres, la densidad ósea, cantidad de minerales, principalmente calcio y fósforo, que contiene el hueso, comienza a disminuir. Alcanzar la cuarta década de vida implica desprenderse, en promedio, de un ocho por ciento de las fibras musculares cada 10 años. Del lado femenino del género humano, la pérdida de minerales se acelera tras la menopausia. Ya convertidos en septuagenarios, las fibras musculares se van reduciendo a un ritmo del 16 por ciento anual. En términos simples, crecen las dificultades para realizar las actividades cotidianas.

Articulaciones, de sanas a artritis reumática. Foto: 123rf

La edad arremete contra los puntos de unión del sistema óseo y el cartílago, también conocido como tejido conjuntivo. El cartílago interior de la articulación pierde grosor y las sustancias que contribuyen a proporcionar resiliencia al tejido conjuntivo sufren alteraciones que facilitan las lesiones.

La estructura envejece y las piezas del cuerpo dejan de adaptarse con la armonía que solían desplegar. El tejido conjuntivo de ligamentos y tendones se vuelve quebradizo y las articulaciones adquieren una rigidez que resta amplitud a los movimientos corporales.

LIMITADO

A partir de los 60 años de edad aumentan las posibilidades de que una persona sufra limitaciones funcionales de diverso calado. Las pérdidas en la habilidades motoras y cognitivas no son un asunto que deba pasarse por alto.

Hablamos de padecer problemas como la esclerosis, una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la fibrosis (desarrollo excesivo) del tejido subcutáneo y porque la piel de rostro, tórax, brazos y dedos de las manos aumenta su grosor.

La esclerosis maneja un repertorio de síntomas que incluye rigidez muscular, inestabilidad al andar, falta de coordinación, debilidad e incluso trastornos del habla y alteraciones visuales.

Hueso sano (izquierda) y hueso con osteoporosis (derecha). Foto: clinicasguadalhorce.com

La osteoporosis es, quizá, el rostro más conocido del envejecimiento osteomuscular: está bastante difundido con el deterioro de los huesos, la fragilidad que conlleva, la menor resistencia a las caídas y las fracturas que se producen bajo su influencia. Esa debilidad se manifiesta con mayor frecuencia en la cadera. Los adultos mayores tienden a caerse hacia un lado o hacia atrás. Las fracturas causadas por la osteoporosis pueden producir cifosis, la curvatura de la columna, por efecto del deslizamiento de una vertebra que se coloca encima de otra.

Otro mal de la edad es la sarcopenia, con su pérdida de músculo y fuerza muscular que disminuye la funcionalidad, promueve la instalación de la discapacidad en nuestra cotidianidad y representa un elevado riesgo de morir a consecuencia de una deficiente calidad de vida. Una dieta inadecuada y el sedentarismo son dos de sus aliados.

Un síndrome crónico del catálogo, la artritis reumatoide (AR), nos muestra la imagen de articulaciones periféricas (manos, pies, hombros, codos, rodillas) inflamadas, situación que da lugar a la destrucción progresiva de capacidades indispensables para un movimiento sano. Sus efectos suelen apoderarse primero de las manos, con la forma de hinchazón y dolor. Si toma la rodilla, la movilidad se vuelve difícil, cuando no imposible, y se abre la puerta a la discapacidad. En las últimas etapas de la AR se presenta dolor e inflamación en el hombro. Cerca de un tercio de los pacientes diagnosticados con este padecimiento experimentan dolor de espalda.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

También hay motivos de preocupación menos severos que los descritos, como los calambres y el dolor muscular. Los primeros son frecuentes en pacientes de edad media o avanzada. En los casos típicos, aparecen durante el sueño. Sus víctimas recurrentes son los músculos de la pantorrilla o del pie.

SABER CONSERVAR

La progresiva disminución de masa y fuerza musculares es un proceso que acompaña al individuo por el resto de su vida. Esto traslada a partes de la anatomía, como la rodilla, cargas de las que antes no era responsable. Con el ajuste de los pesos, el individuo se convierte en candidato a sufrir males del sistema osteomuscular.

Cuidar de nuestro templo, de nuestra arquitectura, puede atenuar de forma significativa los efectos del envejecimiento.

El ejercicio constante, por ejemplo, retarda, cuando no evita, problemas musculares, articulares y óseos. Sus beneficios incluyen contribuir a mantener la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad. También presta auxilios indispensables para preservar la calidad del hueso.

Foto:Shutterstock/123RF

La alimentación es otro aspecto importante de la cuestión. Los médicos familiares y generales recomendamos, con el fin de evitar el debilitamiento de nuestras estructuras, una dieta equilibrada y con suficiente calcio.

Las mujeres necesitan ser especialmente cuidadosas a propósito de los males del sistema osteomuscular. No bajar la guardia y consumir minerales y vitamina D son consejos valiosos si se espera mantener una calidad de vida adecuada al llegar a una edad avanzada.

Evitar la inmovilidad, alejarse de los cigarrillos, reducir el consumo de alcohol, incluir en la rutina un responsable baño de sol, consumir suplementos de vitaminas y minerales de forma diaria, son maneras de conservar al templo humano sin cuarteaduras, sin fracturas y sin fragilidades que nos hagan abandonar nuestra independencia.

Comentarios