Tres Colores
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Tres Colores

La sincronicidad en las historias de Kieslowski

En portada: Posters de la trilogía Tres Colores realizados por el ilustrador Victo Ngai. Fotos: 411posters.com

El director polaco Krzysztof Kieslowski se despidió de este mundo en 1996, dos años después de haber finalizado la última entrega de su saga Tres Colores, que se convertiría en su material cinematográfico más reconocido a nivel internacional. Curiosamente, el cineasta había anunciado que ese sería su último proyecto relativo al séptimo arte, pues deseaba tener más tiempo para “leer, cortar el césped y fumar”. Sin embargo, según un artículo de The New York Times, Kieslowski había dicho a sus amigos que pretendía colaborar con su coescritor Krzysztof Piesiewicz en una trilogía más, que presuntamente trataría sobre el cielo, el infierno y el purgatorio. Un infarto a los 54 años de edad impidió que el proyecto floreciera. Su muerte, como sus filmes, llevó la marca de las coincidencias poéticas.

Tres Colores se compone de los largometrajes Azul (1993), Blanco (1994) y Rojo (1994), haciendo alusión a las franjas de la bandera de Francia simplemente porque, según explicó el propio director, la producción de las películas fue francesa. A pesar de esta llana declaración, es posible relacionar cada pieza de la trilogía con los valores que emergen de la bandera gala: libertad, igualdad y fraternidad, respectivamente. Cabe aclarar que la relación que guardan con estos principios es sutil y está lejos del ámbito político o social. Por el contrario, cada historia es un recorrido sumamente íntimo de sus personajes.

LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD

Azul comienza con un fatal accidente en carretera del que sólo sobrevive Julie (Juliette Binoche), quien debe seguir su vida sin su hija y sin su esposo, un famoso compositor francés a quien habían encargado una pieza que representara a la recién fundada Unión Europa. Olivier (Benoit Régent), quien era asistente del músico, pretende completar la composición, pero Julie se opone. Una serie de detalles en el filme siembran la duda de si en realidad ella era la mente maestra tras las creaciones de su marido.

Escena de Azul. Foto: IMDb

Tras recuperarse de las lesiones en el hospital, la protagonista decide vender todas sus propiedades y reiniciar su vida en un pequeño departamento. Es a través de la pérdida material y emocional que la mujer emprende la difícil conquista de su propia libertad, debatiéndose entre evadir todo lo relacionado con su familia, con la música y con las relaciones humanas en general, y conciliarse con su pasado y su futuro.

Blanco difiere en tono de su predecesora. Basta mencionar que el crítico Roger Bert calificó a Azul como un antidrama y a Blanco como una anticomedia. Pero a pesar de que esta última aborda el conflicto humano desde lo absurdo, no carece de profundidad en el desarrollo de Karol (Zbigniew Zamachowski), un polaco devastado por el humillante divorcio de su hermosa esposa Dominique (Julie Delpy) quien, ante todos los presentes en la corte, lo acusa de impotente sexual.

La mujer se queda con la casa, el dinero y básicamente todo lo que la pareja poseía en París, dejando a Karol reducido a la indigencia. Pidiendo limosna en el metro, el protagonista se encuentra con un paisano suyo que lo ayuda a volver a su natal Polonia. Ahí, pone en marcha una serie de artimañas para obtener dinero y estar en igualdad de condiciones con Dominique, con quien finalmente podrá “jugar parejo”. La venganza será el medio para que la humillación no recaiga solamente en él.

Tras el antidrama y la anticomedia viene el antiromance: Rojo. El filme sigue la relación de complicidad que se da entre la joven modelo Valentine (Irène Jacob) y el juez retirado Joseph Kern (Jean-Louis Trintignant). Su encuentro se da de forma fortuita, luego de que la protagonista atropella accidentalmente a la perra del exmagistrado y ésta termina guiándola a casa de su dueño. Valentine descubre que el hombre tiene un pasatiempo extravagante e ilegal: espiar las llamadas telefónicas de sus vecinos. Al principio a ella le resulta algo repulsivo, pero después intenta comprender las acciones del hermético personaje que antes se dedicaba a emitir sentencias y ahora se limita a ser un simple espectador en la vida de los demás.

La dirección de arte de la trilogía juega con los colores que representan la bandera francesa. Fotos: IMDb

Ambos desarrollan una amistad a un ritmo muy realista que pocas veces se ve en el cine. Se rehúsan a descubrir sus secretos ante el otro, pero poco a poco forman un lazo de confidentes que encuentran, el uno en el otro, algo parecido a la esperanza.

La manera en que Kieslowski juega con el paso del tiempo y las coincidencias hace que Rojo sea quizá el largometraje más fantasioso de la trilogía. El ejemplo más evidente es el paralelismo que existe entre la historia de desamor que Joseph Kern vivió en su juventud y la vida del vecino de Valentine, un joven estudiante de leyes que pasa por una situación muy similar a la del espía telefónico. Este y otros detalles despiertan la duda en el espectador de si el juez es en realidad la misma persona que el universitario, viviendo ambos en la misma ciudad gracias a un desfase en las dimensiones temporales.

LOS LAZOS

Los filmes de Tres Colores son independientes entre sí, lo que los une tiene que ver más con cuestiones conceptuales que con la trama. Sin embargo, se sabe que todo transcurre en el mismo universo, pues hay cameos de personajes de una película en alguna de las otras. En las tres, por ejemplo, los protagonistas se topan con la misma anciana que intenta insertar una botella de plástico en un depósito de reciclaje en la calle.

Los protagonistas sobrellevan sus conflictos internos de forma semejante. Todos reconstruyen su vida a partir de la soledad en la que han caído. Julie perdió a su familia, Karol fue abandonado por su esposa y Joseph simplemente decidió encerrarse en su hogar a escuchar a sus vecinos. El aislamiento es el punto de quiebre que los hace iniciar una renovación de sí mismos.

Asimismo, las tres cintas muestran una contraposición entre relaciones románticas tortuosas y amistades constructivas. En Azul se deja ver que Julie era engañada por su marido. Al mudarse tras la muerte de éste, entabla amistad con una prostituta que vive en su edificio y que parece ser la única persona que no pretende obtener nada de ella.

Valentine y Joseph Kern en Rojo. Foto: Film Affinity

Blanco presenta las destructivas peleas entre Karol y su exesposa. De no ser por el sujeto que el polaco conoció en el metro y lo ayudó a llegar a su país, tal vez Karol hubiera seguido siendo un indigente. Ya en Polonia, este amigo nuevo se convierte en su cómplice.

En Rojo es mucho más evidente la amistad entre Valentine y Joseph Kern. Este último aún está en duelo por una infidelidad de antaño, mientras que el novio de la joven cada vez se presenta más posesivo desde el país lejano en que se encuentra.

Las experiencias cercanas a la muerte también son algo que ronda a los protagonistas. Además del accidente automovilístico en Azul, Julie intenta suicidarse apenas se entera de lo sucedido al despertar en el hospital. En Blanco, el sujeto del metro le ofrece a Karol la oportunidad de ganar dinero asesinando a un hombre que no tiene el valor de suicidarse. En Rojo, Valentine estuvo a punto de matar a la mascota del juez.

El psicoanalista Carl Jung definía la sincronicidad como “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal”, es decir, acontecimientos que ocurren al mismo tiempo y tienen una conexión significativa para quien los percibe, pero ninguno de esos hechos es causa o consecuencia del otro. Es este fenómeno el hilo conductor de Tres Colores, donde los personajes se reinventan a sí mismos mediante todas las coincidencias antes expuestas. Cabe destacar que no son ellos quienes notan esas conexiones, sino el espectador. En manos de éste queda dar significado a la sincronicidad que ocurre en el universo de la trilogía, donde la soledad de cada personaje parece ser una misma soledad y la muerte que los rodea parece ser una misma muerte. Las coincidencias entre cada largometraje no son mas que una forma de subrayar la siempre frágil pero resiliente condición humana. No por nada se ha descubierto que la sincronicidad es percibida más frecuentemente por las personas cuando están en etapas críticas, de transición, como una Julie o un Karol o una Valentine.

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