Muertos y símbolos
Opinión

Muertos y símbolos

Jaque mate

El Día de los Muertos es una de las celebraciones más características de México. Si bien las conmemoraciones en recuerdo de los fallecidos son comunes en todo el mundo, y se concentran en otoño, como el Halloween estadounidense que tiene sus raíces en festividades celtas, el Día de los Muertos es un símbolo de nuestro país.

La atención internacional al festejo no es nueva. El escritor británico Malcolm Lowry logró en Bajo el volcán, en 1947, una novela muy aclamada cuya trama se ubicaba en Morelos en un Día de los Muertos en que los festejos se mezclaban con las alucinaciones del autor producto del consumo excesivo de alcohol. La película de James Bond, Specter, de 2015, empezaba con un desfile del Día de los Muertos inspirado más en los carnavales cariocas que en las tradiciones mexicanas, pero el gobierno de la Ciudad de México aprovechó la cinta para ofrecer una imagen positiva de la capital. El desfile se ha adoptado desde entonces como una forma de promover la ciudad, pero también de buscar apoyos políticos. La película de dibujos animados Coco, de los estudios Disney, aportó en 2017 una visión más entrañable del festejo… y más cercana a las tradiciones mexicanas.

Las festividades tradicionales del Día de los Muertos abrevan de dos corrientes culturales muy distintas: la prehispánica, con un culto a la muerte que incluía sacrificios humanos, y la española, que incorporaba las formas de conmemoración de los muertos en los países católicos del Mediterráneo. A pesar de la universalidad del culto a los muertos, la celebración mexicana tiene hoy características muy peculiares, como las ofrendas y las calaveritas de azúcar, que a muchos extranjeros les parecen entrañables pero a otros los espantan.

Las festividades del Día de los Muertos siempre han sido importantes en nuestro país, aunque han tenido un carácter más íntimo, más familiar, de lo que estamos viendo hoy. Durante décadas, quizá siglos, los mexicanos han acudido en esta fecha a los cementerios a visitar a los difuntos y a recordarlos. Las ofrendas originales se depositaban en las propias tumbas y no en casas, escuelas o museos. Para algunos, la celebración sigue estando teñida de tristeza porque en verdad se siente la ausencia de los seres queridos. Para los más jóvenes es una fiesta, algo similar a lo que ha ocurrido en los Estados Unidos con el Halloween, que hoy es una celebración preponderantemente infantil. En México la conmemoración la comparten todos, pero asume un carácter más festivo entre los jóvenes.

Durante décadas hubo en México una gran lucha por saber si prevalecería el Halloween importado o el Día de los Muertos nacional. Para muchos puristas y nacionalistas era un motivo de orgullo despojar a los festejos en el país de todo lo que los relacionara con la festividad anglosajona. Consideraban, quizá, que la cultura mexicana era demasiado débil para resistir un embate que proviniera del norte.

Lo interesante, sin embargo, es que el Día de los Muertos ha sobrevivido sin problemas y no sólo en México sino que ha alcanzado proyección internacional. Para sobrevivir y extenderse ha tenido también que comercializarse e internacionalizarse. El desfile del Día de los Muertos en la Ciudad de México es un ejemplo hoy de cómo un festejo que tiene ya poco que ver con la celebración tradicional se presenta ante el mundo como símbolo del vigor de la cultura mexicana.

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