El posporno
Sexualidad

El posporno

La nueva herramienta de la liberación sexual

Ante la hipersexualización en los medios de comunicación, un movimiento muestra una parte de la sexualidad que no es comúnmente vista. En vez de mujeres jóvenes sexualizadas para el disfrute de un sector normativo (el hombre heterosexual) tenemos la sexualidad mostrada sin pudor de lesbianas que no cumplen con el estándar estético al que estamos acostumbrados, hombres homosexuales, conductas masoquistas y demás expresiones ante las que muchos podrían apartar la mirada.

Si esto se lleva a un lugar público bajo la lógica del performance, se lleva una consigna fuerte de visualización de las llamadas sexualidades diferentes, y la subversión ante una estructura social que delimita el comportamiento sexual ocultando aquello que no pertenece a la norma.

La popularización del término ‘’posporno’’ se atribuye a la actriz y sexóloga estadounidense Annie Sprinkle, por medio del libro Post porn modernist history (1991), que contiene sus crónicas acerca del trabajo sexual y el activismo en torno a ello. Es a través de las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI, que las prácticas conocidas dentro de la pospornografía son extendidas y generan una influencia que va desde el campo del performance artístico, hasta la representación política y de corte activista de la sexualidad.

Interior del libro Post porn modernist history de Annie Sprinkle. Foto: ebay.com

Mediante la búsqueda de inclusión feminista, el posporno argumenta en contra de la pornografía que se consume masivamente, intentando que existan producciones que no satisfagan únicamente a hombres heterosexuales. A partir de esto se extiende por corrientes artísticas y políticas sobre inclusión y diversidad sexual, donde intenta romper con las representaciones dominantes de raza, orientación sexual, origen étnico, clase social, tipos de cuerpo y edades, entre muchos otras restricciones del erotismo.

EL DEBATE

La crítica a la pornografía ha sido, como la de otros medios, en torno a la representación y la parcialización que realiza. Las imágenes que se nos presentan, ¿son cercanas a la realidad? Si no es así, ¿cómo es que repercuten en nosotros y en nuestra idea de lo real?

En este caso, las preguntas se hacen en torno al sexo. La pospornografía se torna así un impulso político y una imagen que pretende ser disruptiva, rompiendo la visión que nos parece natural del sexo y mostrándolo con mayor sinceridad, lo cual implica también una mayor diversidad en sus representaciones.

Así, partiendo del ideal creciente de aceptación de la diversidad, comienza por situar el cuerpo y el placer, que históricamente pertenecen al hombre, en torno a los debates feministas. Se pregunta cómo sería una pornografía hecha para disfrute de las mujeres, pero no se queda allí, sino que intenta incluir a otros disidentes de la sexualidad normativa.

Performance del Coletivo Coiote en la conocida como Marcha de las Putas en Río de Janeiro, Brasil, 2013. Foto: Marcelo Santos Braga

Es pues, un estandarte político que irrumpe con fuerza en el panorama de lo normal. Es un esfuerzo por la aceptación de lo que realmente es la sexualidad y no una imagen parcial y edulcorada, ni un erotismo como el que muestran los anuncios de perfumes, con cuerpos perfectos que en general no representan sino un ideal que crece en nuestras mentes desde que estamos en contacto con los medios de comunicación masivos.

CONFRONTE CON LA REALIDAD

La pospornografía planea un argumento crítico en que se señala la producción de una fantasía como único desfogue sexual y no una imagen realista que pueda repercutir en la práctica sexual de la vida diaria.

El famoso filósofo y teórico queer español Paul B. Preciado, en el artículo Museo, basura urbana y pornografía (2008), genera una reflexión sobre lo anterior y señala que la pornografía de consumo masivo no se trata de algo meramente inocente. Toma en cuenta que este tipo de producción audiovisual está realizada históricamente por hombres en lugares como burdeles de uso exclusivo para el varón heterosexual y con el propósito de ser vendida a estos mismos. El sexo se convierte en una colonia exclusiva de esta población.

El producto resultante es una pornografía que representa esquemas rígidos de masculinidad y feminidad y presenta ciertos rasgos que expresan una dominación simbólica y el placer en torno a la figura del hombre; este medio reafirma, según Preciado, la “posición de dominación cultural y política del placer masculino”.

Material presentado en el Seminario de Posporno llevado a cabo en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, en Argentina. Foto: Anahí Cabeza/planetacabezon.com

En el artículo citado, el filósofo define también la pospornografía, que contrario a la pornografía común, es un proceso de devenir en el que se representa una variedad de personas, lo cual termina siendo necesario para la identificación del espectador con una imagen erótica: las mujeres, las minorías sexuales, las diferentes razas, los transexuales, intersexuales, transgénero, así como los cuerpos que no parecen atractivos para la mayoría de los consumidores, como aquellos con discapacidad. Lo que resulta de esto es una democratización del erotismo, un empoderamiento y aprobación a través del sexo, lugar político que define en un carácter íntimo las relaciones de poder.

La bibliografía que sustenta estas prácticas y expresiones crece, generalmente bajo la influencia de teóricas del feminismo como Simón de Beauvoir, pero también de postestructuralistas como los filósofos franceses Michel Foucault y Jaques Derrida, siendo el último el maestro de Paul B. Preciado junto con Ágnes Heller.

A partir de las primeras manifestaciones pospornográficas de Sprinkle hacia 1997, en Estados Unidos, se decantaron otras expresiones en América Latina bajo el manto del performance artístico, una expresión definida por la artista argentina Elvira Santamaría como un gesto de ruptura en el momento presente y en el espacio público, una experiencia que se desvía de lo habitual para cuestionar y generar crítica.

Una mujer metió un micrófono en la vulva de otra durante el performance posporno en la Universidad de Buenos Aires.

Foto: revistaultimoround.com.ar

Para el sociólogo Erving Goffman, esta irrupción gira siempre en torno a los problemas surgidos en una sociedad y su objetivo es lograr el despertar de la conciencia del espectador. Inspirado en el movimiento artístico dadaísta y tomando impulso a partir de corrientes como el situacionismo a finales de los años sesenta, el performance ha sido vindicado como expresión artística potente y válida.

El sexo, siendo un tema tabú por mucho tiempo, ha pedido nuestra atención para ser analizado más seriamente y a través de los diferentes individuos que conforman nuestra sociedad.

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