Objetos de apego
Familia

Objetos de apego

Un vínculo afectivo del ser humano

Saber que uno, como ser humano, es una entidad independiente, es un proceso difícil de sobrellevar para los primeros años de vida y, aunque parezca extraño, existen ciertos objetos que nos ayudan en esta etapa.

Al nacer, el bebé cree, por instinto, que él y su madre son la misma persona debido al tiempo que pasan juntos. La mujer, en las primeras semanas después de haber concluido el parto, muy difícilmente suelta al hijo de sus brazos; continuamente le da de comer, lo carga e incluso duerme con él. Después de cierto tiempo, poco a poco dejará de tener esta atención excesiva hacia el hijo y éste comenzará a sentir un leve abandono y, sobre todo, a entender que su cuerpo y el de su madre no son el mismo.

Los niños, entonces, buscarán una especie de reemplazo ante la ausencia de la figura materna. La tendencia que el niño ya figuró en su cabeza es la de un cuerpo suave, acolchonado y que pueda abrazar, morder o chupar fácilmente. Es por esto que es muy común que constantemente busquen ciertos objetos como osos de peluche, mantas, cojines, trapos, chupones y juguetes que no sean duros o de plástico.

Foto: Pixabay

IMPORTANCIA EN EL NIÑO

Se puede llegar a creer que es buena idea tirar el objeto a la basura o quitárselo porque lo vemos deteriorado o porque creemos que no es necesario que el niño tenga esta clase de posesiones u obsesiones aparentes, e incluso se llega a restar importancia a ésta transición de la infancia. El objeto de apego suele ser muy importante. Puede que esté roto, viejo, mordido, babeado o feo, pero el niño lo lleva a todas partes o simplemente lo busca cuando necesita consuelo o compañía. Es un artículo que ha elegido para satisfacer necesidades emocionales que él ni siquiera sabe que tiene.

Puede ser que se trate de una almohada, una manta o un peluche que lleve de un lado al otro en casa. En muchas ocasiones lo deja y lo olvida pero, por ejemplo, antes de dormir, seguramente el pequeño estará buscando en todos los rincones de la casa hasta encontrar a su compañero para poderse ir a acostar. Es útil que los padres estén pendientes de la ubicación de este objeto en la casa, ya que le facilitarán al menor su localización en caso de que se pierda y se creará más armonía si están familiarizados con el juguete.

El artículo de apego puede aportar seguridad y consuelo en aquellos momentos en los que la madre, por algún motivo u otro, no esté cerca de su hijo. Además, esta es una etapa en la que el niño se percibe ya como una entidad independiente y sabe, de cierta forma, que está solo en el mundo, por lo cual éste objeto le hará compañía y hará que esta transición sea menos compleja.

Foto: serpadres.es

Su capacidad de establecer vínculos afectivos se verá estimulada o reforzada. Es común que se encuentre al niño sosteniendo pláticas y discusiones con su juguete, esto se debe a que son los primeros ensayos para relacionarse con terceros. Entonces el objeto, al ser completamente maleable o dócil, no se aburrirá ni “dejará de escuchar” al menor con todo lo que tenga que decir. Este fenómeno es muy importante para el infante, pues sabe que siempre hay alguien que podrá escucharlo cuando sienta que no tiene nadie con quién hablar. 

Es común que los niños no suelten este objeto a menos que estén muy distraídos, es por esto que lo llevan a cualquier lado al que vayan, ya sea dentro o fuera de la casa. El infante siempre lo traerá consigo porque le representa una parte de su hogar, le recuerda a su familia y a sus padres.

Realmente este juguete no daña el desarrollo psíquico de los hijos, por lo contrario, como ya se mencionó, podrá ensayar ciertas prácticas sociales que le brinden un amplio sentido de la seguridad y el bienestar. Por consiguiente, tendrá toda la libertad de expresar sus emociones a su objeto debido a que se ha desarrollado cierta devoción a él, lo que servirá como un consuelo al niño cuando se sienta triste, solo o enojado. 

CARACTERÍSTICAS Y RECOMENDACIONES

Por lo general el juguete de apego tiene una textura agradable y recuerda a la teoría de la madre suave, que habla de la necesidad innata de las crías de apegarse a un ser con esta característica para sentirse protegidos. Por ello, el objeto de apego suele ser un peluche.

El niño lo elije arbitrariamente, es decir, no puede ser impuesto. Quizá nos parezca que el peluche elegido no es el más bonito, ni el que tenga mejor calidad en su baúl de juguetes, pero por alguna razón, generalmente vinculada con algún rasgo que le recuerde a su madre o a su hogar, él lo ha elegido para no soltarlo.

Foto: panpica.pw

Debido a que el bebé lo muerde, lo babea, lo arrastra, lo abraza y duerme con él, este objeto tiene un olor particular. Se recomienda no lavarlo para no borrar su huella. Si tuviera que hacerse, no es recomendable que el niño no lo vea, pues puede resultar impactante para él ver a su compañero siendo ferozmente sacudido por la lavadora.

Si el infante llega a perder su juguete por cualquier motivo, sentirá una profunda tristeza. No puede cambiarse por otro, a no ser que sea el propio niño quien decida sustituirlo y por mucho que nos empeñemos en buscar sustituto no lo conseguiremos. Es un compañero fiel y el menor no se separa de él. Lo lleva a la guardería, de paseo, a la cama, en el coche. Permanece siempre a la vista y al alcance.

EL OBJETO DE APEGO ES PARA SIEMPRE

El objeto puede perdurar más en algunos sujetos, a tal grado que lo conservan en su edad adulta. Aunque muy raras veces vemos a adultos con mantas y peluches en la calle, estos artículos pueden convertirse en una canica, un suéter, una cadena o cualquier objeto al que se le atribuya un valor sentimental.

Foto: panpica.pw

Antes, se creía que un niño que se acompañaba de un juguete era inseguro e introvertido. Pero investigaciones más recientes, como las del doctor Richard H. Pasman, revelaron que los menores con objetos de apego son adultos más independientes, pues este recurso les otorgaba mayor seguridad emocional durante el proceso de independencia de sus padres.

El poder de los objetos de apego es una eficaz ayuda más allá de la infancia: aquellos pequeños recuerdos que nos hacen sentir bien y nos contagian sensaciones positivas, nos ayudan a enfrentar desafíos a lo largo de nuestra vida adulta y laboral.

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