La filosofía de Jaron Lanier
Ciencia

La filosofía de Jaron Lanier

Restaurar el pensamiento crítico en la era digital

Cuando los desarrolladores de tecnologías digitales diseñan un programa que te pide que interactúes con un ordenador como si fuera una persona, lo que están haciendo al mismo tiempo es pedirte que aceptes en lo más recóndito de tu cerebro que tú también podrías ser concebido como un programa”, es uno de los argumentos que el informático estadounidense Jaron Lanier plasmó, en 2011, en su libro You’re not a gadget: a manifesto (siendo su traducción literal No eres un artilugio: un manifiesto y su título de habla hispana Contra el rebaño digital).

La obra, que tiene el carácter de manifiesto, señala con fuerza las razones por las que el individuo en las redes sociales tiende a terribles errores y ambigüedades que pisotean el pensamiento crítico. Su visión va encaminada a restaurar al individuo fragmentado en el ciberespacio, para devolverle las herramientas que alimentan su mente, objetivo que ya ha sido perseguido por el investigador Nicolas Carr en ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales (2010), al tiempo que el fallecido filósofo Zygmunt Bauman también criticó en su momento el uso de las redes y las catalogó como “una trampa”. Por su parte, el sociólogo Yuval Noah Harari ha descrito a nuestra era como hiperconectada y sin consciencia.

CONTEXTO

La visión que se tenía durante la Revolución Industrial sobre las nuevas tecnologías era mucho más esperanzadora que la que se experimenta hoy. Autores como Julio Verne mostraban la fascinación con la que los cambios y cualidades que se abrían en dicho rubro podían verse como nuevos pasos hacia el descubrimiento de todo a lo que se supondría están destinados los seres humanos.

Sin embargo, actualmente se tiene la mirada puesta en los peligros que cada nueva ventana abierta trae consigo y las nuevas condiciones a las que se tiene que adecuar el individuo común. Por ello, en lo que a la predicción del futuro se refiere, se toman más en cuenta a autores menos optimistas como Aldous Huxley y su novela Un mundo feliz, puesto que desde la caída del muro de Berlín y la institución del capitalismo acompañado del libre mercado, los avances tecnológicos intentan ser consumibles.

Jaron Lanier recibe el Premio de la Paz del Comercio Alemán del Libro por parte del compositor y músico Heinrich Riethmueller. Foto: EFE/EPA/Arne Dedert

Resulta así una relación en que la tecnología de uso común se porta condescendiente con el usuario; en una carrera por lograr su consumo, los programadores hacen posible que los teléfonos inteligentes puedan ser utilizados por niños. La red social es víctima de estos criterios simplistas que, a juicio de Lanier, hacen posible el reino de la cantidad sobre la calidad.

Este ciberespacio es dominado por el flujo de información parcializada, en vez de dar lugar a una objetividad que nutriría al individuo y le invitaría a la reflexión sobre su mundo. El pensamiento crítico se encuentra en una crisis, y el consumo fácil forma parte importante de los nuevos hábitos del individuo actual.

Hoy los dispositivos digitales ejercen un control sobre nuestras vidas: más que significar mayores libertades, monitorizan nuestros datos, dan seguimiento a nuestras actividades y los lugares a los que vamos, y lo peor es que todo esto es permitido por nuestra propia voluntad a cambio de algunos estímulos placenteros que resultan de nuestra actividad social en la red.

Para Lanier las personas pueden estarse convirtiendo, a través de las redes sociales, en una delimitación muy escueta y simplista de lo que son en realidad, logrando con esto una manipulación cada vez más fácil. Compara esta situación con las notas MIDI, una simplificación digital de la música que renuncia a toda la riqueza que de hecho tiene la producción musical.

Más preocupante aún es que en el ciberespacio la propiedad intelectual es fragmentada, transformándola en trozos separados que alimentan a lo que Lanier llama una “mente colmena”. El acervo cultural de la humanidad y sus obras más importantes son separadas en frases o resúmenes más digeribles, cambiados de contexto y por lo tanto malentendidos.

El informático señala que la humanidad vive en una etapa de transición en la que se ha almacenado todo conocimiento que estuvo en papel para trasladarlo al mundo digital, imponiendo una especie de nostalgia que se apodera de la cultura popular y la hace ver como un reflejo escueto de lo que pudo ser en otros capítulos de la historia.

Ilustración de Steve Cutts basada en Un mundo feliz de Aldous Huxley. Foto: Steve Cutts

La mezcla de información trivial o memes absurdos puede parecer algo sin relevancia, un simple entretenimiento. Pero el conglomerado de este tipo de contenidos puede obstaculizar los usos realmente propositivos de estas potentes herramientas de la web. Los datos confiables son cada vez menores y más centralizados, por lo que se nos puede mentir fácilmente desde los medios independientes y desde aquellos de alcance global.

INTERROGANTES

Estamos contemplando la disolución de una cultura que tiene que transformarse, pero el resultado debe ser algo en lo que trabajemos los usuarios, para contrarrestar lo que Lanier describe como una “cultura de reacción sin acción”. De creer que se hace algo compartiendo información, siendo que hay que hacerse responsable de estos contenidos también. La responsabilidad se diluye entre los indistinguibles y numerosos actores de esta mente colmena que amenaza con usurpar la mente individual.

Pero, ¿es posible poner entonces al individuo por sobre las tecnologías? Toda mercancía, incluyendo por supuesto la tecnología, contiene un valor crucial para el funcionamiento de nuestra sociedad, pero ¿es entonces que este valor está sobrepasando al individuo y sesgando su aprendizaje?

Jaron Lanier responde a estas preguntas en su libro, destacando la posibilidad de que el fenómeno esté ocurriendo, pero más importante aún, utiliza estas advertencias para hacer un llamado y mejorar las condiciones actuales.

Lanier, informático y compositor musical, es un conocido y destacado académico en el campo de la ciencia y la tecnología, considerado entre el Top 100 de personalidades de la revista Time y conocido ampliamente por su participación en una Tedx Talk en 2018 llamada Cómo necesitamos rehacer el Internet.

En los inicios de la cultura digital, Lanier vislumbraba esta nueva tecnología como un acceso al conocimiento. Foto: steemit.com

El también padre del término “realidad virtual”, se encontró en los inicios de lo que conocemos hoy como comunidad y cultura digital. Siendo uno de los impulsores de la red, intentaba crear algo beneficioso y que lograra una mejor distribución del conocimiento humano y pudiera construir las bases de una sociedad avanzada con mayores capacidades.

Aunque esta visión optimista tampoco se aleja de una realidad futura, lo cierto es que Lanier advierte el lado oscuro que hoy no podemos ignorar para rescatar las oportunidades que tenemos frente a tecnología.

Al margen de que esto resulte en un control totalitario de nuestra actividad, es cierto que brindar tanta información es peligroso y además adictivo. Lanier señala que el error globalmente trágico en el que estamos inmersos, es satisfacer nuestra necesidad de comunicación a través de empresas como Google y Facebook que están allí para obtener de nosotros mayor uso de sus redes y con esto mayor consumo de sus productos; lo que se resume en que nuestra comunicación está siendo regulada por entidades que nos manipulan en beneficio de sus compañías.

El individuo piensa, pues, como si fuese un programa, con patrones determinados. El peligro al que se enfrenta es a un totalitarismo digital, surgido de una evolución natural que resulta de cualquier estadío de la humanidad en que la información es parcializada.

Todo lo anterior podría parecer una postura tecnofóbica si se revisa por encima. Sin embargo dista de ello, pues señala que una visión humanista podría revertir el daño. Hacer consciente la historia de la tecnología que nos acompaña, al mismo tiempo que se reflexiona y se delimita lo que estamos dispuestos a dejar de nosotros en este medio, cambiaría este estado de alienación.

Es preciso recordar que todas estas tecnologías son diseñadas por personas, por lo que es necesario conocer las posturas que mantienen al crearlas. Se vuelve importante utilizarlas conscientemente, dudar por supuesto de su contenido y obtener beneficios sin dejar todo de nosotros en ellas.

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