Gaetana Aulenti, arquitecta “made in Italy”
Arquitectura

Gaetana Aulenti, arquitecta “made in Italy”

La serenidad de un desarrollo sin esfuerzo

El 18 de marzo de 1944 se encontraron frente a las costas de Nápoles, Italia. Ella lo vio maravillada por el portento que resulta ser la naturaleza. Él lanzó su última y mortal exhalación, al menos la postrera del siglo XX. Gae Aulenti tenía entonces 17 años de edad, era una joven rebelde de esbelta figura quien, pese a tener certeza y estabilidad en su vida familiar, dejó su hogar para sumarse a las fuerzas de resistencia, los partisanos, y con ellos confrontar la agobiante ultraderecha de la época que sometía a los pueblos italianos.

Este activismo y su espíritu arrojado, la impulsaron a emprender nuevos proyectos y recorrer además los 600 kilómetros de distancia entre su pueblo natal Palazzolo dello Stella, en el norte de Italia, hasta la costa de Nápoles, al sur, donde presenció aquel día la última erupción del Vesubio. ¿Estarían en su mente ya los proyectos creativos durante la contemplación del enorme volcán? Lo urgente para los jóvenes de aquella época era salvar a su patria a través de la resistencia armada, pero al terminar la Segunda Guerra Mundial la consigna fue rescatar a la cultura itálica mediante el uso de otra arma creativa y moderna: el diseño.

“Ver los escombros es insoportable para mí”, declaró la Dama de la Arquitectura en una de sus últimas entrevistas otorgadas a Paolo Di Stefano el 21 de febrero de 2011. Acaso por ello Gae Aulenti destinó buena parte de su vida al rescate de inmuebles históricos, como la estación de ferrocarriles francesa Gare d’Orsay, la cual se transformó en el Musée d’Orsay. Aquí la italiana “se empeñó en crear una presentación unificada dentro de una gran diversidad de volúmenes, sobre todo por la homogeneidad de los materiales utilizados: revestimiento de piedra en el piso y en los muros”, reconoce la página oficial en Internet del museo galo.

Gaetana Aulenti en la silla mecedora Sgarsul, diseño estilo Neoliberty,1962.

AL RESCATE DE LA HISTORIA

Hija de la posguerra, hermana del diseño y compañera de la trascendencia, a la arquitecta italiana Gaetana Aulenti (4 de diciembre de 1927, Palazzolo dello Stella - 1 de noviembre de 2012 Milán, Italia), se le reconoce como fundadora de la corriente creativa neoliberty la cual buscó, entre otros principios normativos, rescatar la historia cercana de su país a través de la restauración de edificios patrimoniales destruidos por las bombas de la Segunda Guerra Mundial.

El contexto de salvaje imposición de regímenes de ultraderecha impulsó a la entonces chica rebelde a formar parte de las organizaciones de resistencia, quienes en tiempos de paz se incorporaron a la vida civil para reconstruir a su país y a su cultura. Aulenti impulsó con pasión aquella necesidad de recuperar los orígenes nacionales, considerando al diseño no sólo como una técnica o herramienta para la planeación de objetos o inmuebles, sino como un medio para recobrar la identidad. El diseño industrial y la arquitectura urbana fueron más una filosofía, una ideología, una forma de ser, una postura que otorgó igual importancia al boceto de una cuchara para comer la sopa, que al rescate de un edificio histórico para preservar aspectos de identidad.

El ahínco con el que los artistas plásticos de la posguerra en Italia asumieron la restauración de su cultura contó con el respaldo de marcas comerciales como Fiat y Olivetti, de empresarios portentosos, de actores y directores teatrales, consolidando (con la suma de los diversos sectores italianos) el concepto reconocido internacionalmente como “made in Italy”, que floreció en la segunda mitad del siglo pasado y que conquistó al mundo.

Cucharas, lámparas, sillas para el descanso, muebles, máquinas de escribir, automóviles, museos, casas, edificios, formas de vestir, obras de teatro, en fin, toda aquella manifestación social, comercial y cultural, incluso los medios impresos de comunicación, se ajustaron a un ideario nacionalista que enarboló el diseño italiano, del cual formó parte Gae Aulenti, quien alentó un “nuevo paisaje doméstico” con sus “pequeñas creaciones”.

Casa del Collezionista diseñada por Gae Aulenti, 1968. Foto: Ugo Mulas

ARQUITECTURA Y PERIODISMO

“La parte más importante del trabajo de Gae Aulenti son tal vez las intervenciones sobre edificios históricos para adaptarlos a usos museísticos, para los que también diseña los elementos expositivos. Sus obras más conocidas en este campo son la conversión del Palacio de Montjuïc en el Museo Nacional de Arte de Cataluña en Barcelona y la conversión en Museo del Impresionismo de la estación de Orsay en París, para la que diseñó la lámpara Bugía”, publica la página especializada Ramón Esteve Estudio.

Vestíbulo del Palacio Nacional tras ser restaurado, ahora Museo Nacional de Arte de Cataluña. Foto: blog.museunacional.cat

El Palacio Nacional de Barcelona, en Montjuïc, es una majestuosa obra de principios del siglo XX, inspirada en el renacimiento español. Su concepción fue exclusiva para ser la sede de la exposición internacional de 1929, y fue durante la transición de siglos cuando Gae Aulenti asumió la responsabilidad de ampliar el grandioso palacio.

Para el arquitecto Xavier Güell, quien escribió sobre la rehabilitación del Palacio Nacional, la intervención de Gae Aulenti resultó “radical y ambiciosa”. En su texto escrito en catalán, resalta la dificultad que envuelve la readaptación de un edificio preconcebido por otras mentes. “La arquitectura de Palacio Nacional impide una total libertad organizativa”, recuerda el autor, y agrega: “Si bien esta frase está cargada de razón, también hay que tener presente que muchas veces una cierta dificultad a la hora de resolver un programa en un edificio determinado puede dar unos resultados positivos”.

Güell enfatiza la valoración que hace Aulenti de los puntos arquitectónicos más cargados de simbolismo y de imágenes con un valor propio y auténtico del edificio, “puntos que permiten entender que hay que rehacer todos los recorridos, verticales y horizontales, que dan una dimensión más urbana, con nuevas fachadas, espacios iluminados y a la vez más independientes”. Con la ampliación planeada por Gae, se logró la combinación entre la arquitectura y la vocación de cada espacio; y se reguló su cupo: “Cada sala del museo (escribió el crítico catalán) no debe llenarse totalmente de público”, de hacerlo impediría la apreciación plena de la propuesta de Gaetana.

Renovación de la plaza Cadorna en Milán, Italia. Foto: bioedilprogetti.com

Aulenti además fue editora de la revista arquitectónica Casabella-Continuita, publicación fundada en 1928, la cual sigue vigente y puede encontrarse en Internet. Entre 1965 y 1970, cuando Aulenti escribió para la revista, tenía claro el aprovechamiento del diseño “como una herramienta para criticar a la sociedad”, y así lo hizo en diversos artículos.

La Dama de la Arquitectura estaba convencida de que el arquitecto debía ser, antes que todo, un intelectual. En su postrera entrevista a Di Stefano lo dejó claro: “No puedes hacer lo mismo en San Francisco o París. Lo que importa es el contexto físico y conceptual, por eso necesito un trabajo analítico muy cuidadoso antes de diseñar: estudiar historia, literatura, geografía, incluso poesía y filosofía… tenemos que inventar soluciones de vez en cuando, y los libros ayudan”.

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