La paulatina normalización de la psicoterapia
Salud

La paulatina normalización de la psicoterapia

¿Una sana práctica o un alza en enfermedades mentales?

El ascenso de algunas prácticas de cuidado personal, como las consultas con nutriólogos y la asistencia a clases de yoga, meditación y terapias alternativas nos puede hacer reflexionar en varias opciones acerca de las preocupaciones de algunos sectores de la población. Se puede pensar que hay un creciente interés por el bienestar, o que hoy se está pagando por más servicios que antes resultaban innecesarios. Al margen de estas ideas que se sustentan muy vagamente, también está la posibilidad de que haya un mayor índice de inquietud y malestar mental al que las personas buscan responder.

La salud mental es un ámbito que se subestima, puesto que en ocasiones se relaciona con lo imaginario o se cree que el padecimiento se puede controlar con el simple hecho de desearlo. Esa visión, aunque popular, está alejada de la realidad.

CONSECUENCIAS

La medicina admite los detrimentos en la salud mental como problemas reales con consecuencias reales. Entre las enfermedades llamadas psicosomáticas, por ejemplo, se encuentran las originadas en nuestro cerebro como perturbaciones emocionales que desencadenan un malestar físico; así, del estrés puede surgir gastritis y malestar estomacal, irritación, úlcera, diarrea o estreñimiento. La ansiedad presenta síntomas físicos como tensión muscular, hiperventilación, dolor abdominal y de cabeza, taquicardia y mareo.

La depresión, la ansiedad y el estrés originan hipertensión o insomnio, pero también males cardiacos. Existe el síndrome llamado coloquialmente “de corazón roto”, que se presenta cuando ha habido una pérdida o una decepción grande que genera enfermedad cardiaca temporal y que se presenta con síntomas como dificultad para respirar y dolor de pecho.

La conclusión a la que podemos llegar con estos efectos, es que la comunicación entre mente y cuerpo es bastante estrecha. De hecho, muchos psicoterapeutas toman este hecho como señal de que ambas partes son indivisibles. La creencia de que el cuerpo es una especie de vehículo para el alma, es antigua y obsoleta, y nos aleja de la comprensión del malestar psicológico haciéndonos creer que quienes lo padecen están exagerando o pueden cambiar su condición a base de mera voluntad.

La fotógrafa Katie Crawford hizo una serie fotográfica que ilustra los síntomas de su ansiedad. “Puedo sentir mi pecho moviéndose hacia dentro y hacia afuera, ¿por qué siento que me estoy ahogando?”, expresa. Foto: Katie Jow Crawford

La depresión, por su parte, es vista desde la perspectiva neurológica como un mal que origina deficiencia en la energía de las personas. Es decir, mientras que se puede pensar que quienes la padecen pueden levantarse de su cama y atreverse a continuar con sus actividades, lo cierto es que no cuentan con la energía suficiente para hacerlo y el tratamiento tendrá, en algunas ocasiones, que incluir medicamentos. Fármacos como la fluoxetina, el citalopram, o la paroxetina, hacen que las células del cerebro puedan recibir nuevamente serotonina, una sustancia que se relaciona con el estado de ánimo placentero. Otros como la ventafaxina y la duloxetina producen este efecto y, aunados a la noradrenalida, interceden en procesos como la atención, así como en la frecuencia cardiaca, factores que se ven afectados durante la depresión.

El problema mental, sin duda, dista de ser algo irreal o producido por nuestros pensamientos si se toma en cuenta lo fisiológico. La salida de ellos es mucho mejor guiada con ayuda profesional.

Si queremos hablar de las consecuencias reales, podemos mencionar una de los más extremas y peligrosas, y que sin embargo es de las más comunes: cada año se suicidan 800 mil personas; es la segunda causa de muerte en la población mundial entre 14 y 18 años. En México también es la segunda causa de muerte de jóvenes, únicamente después de los accidentes.

ENTRE LA MODA Y LO VIRAL

El creciente interés por la salud mental se puede ver en las modas de Internet que han surgido durante las dos primeras décadas de nuestro siglo. No ha faltado la ridiculización y estereotipación de estas prácticas, así como una escasa comprensión de lo que es en realidad el trastorno mental y las consecuencias que trae consigo.

Las publicaciones desesperanzadas en redes sociales, los chistes sobre las pocas ganas de vivir o sobre el suicidio en sí, y más expresiones en torno a la depresión, pueden ser un signo de que hace falta ayuda y acompañamiento. La moda de utilizar estos recursos como parte de una identidad en la red como los llamados sadboys o sadgirls, no es en sí peligrosa pero puede ocultar un problema verdadero que podemos pasar de largo.

En sus activas redes sociales, la actriz Bárbara de Regil de vez en cuando da consejos contra la depresión, tan banales como “piensa bonito”. Foto: El Universal

La inestabilidad emocional frecuentemente se banaliza, se utiliza como chiste o se hace una simple opinión negativa al respecto que no toma en cuenta el bajo interés que tenemos en la higiene mental y la autocrítica. Acudir a un psicólogo puede ayudar a resignificar los pensamientos que tenemos, darles un lugar y una importancia y mejorar nuestra percepción de nosotros mismos, así como estabilizar las relaciones que mantenemos.

En las redes abunda también una comprensión desviada de lo que implican trastornos como la bipolaridad. Se presenta como el cambio de opinión o estado de ánimo normales en cualquier persona, siendo que dicha enfermedad es mucho más grave. La bipolaridad implica un periodo de hasta dos meses en que se experimentan síntomas de depresión, tales como la anhedonia (incapacidad de sentir placer con actividades que antes lo causaban), baja en la energía, dificultad para concentrarse y realizar las tareas diarias, etcétera. También significa que terminado este periodo sigue uno que no necesariamente es más fácil de sobrellevar; a la alza en la energía se suman irritabilidad, incidencia en actividades de riesgo y consumo elevado de alcohol u otras drogas. No es sencillo ni es un estándar que nos permita justificarnos, y llegar a su diagnóstico es difícil para los profesionales. Continuamente se confunde con otras afecciones.

LA SALUD MENTAL EN LA RED

Celebridades de Instagram aparecen realizando posiciones de yoga o en plena meditación. Un crecimiento del veganismo y del ejercicio diario, arribó a nuestras pantallas y se nos presenta como un modelo de vida. Pero parece tener más peso la imagen física de estos personajes y sus posibilidades económicas, por sobre el bienestar real o la salud física y mental.

Lo peligroso de este estereotipo no es el estatus de modelo a seguir que le damos, sino que representa una realidad bastante tajante a la que debemos poner atención: la salud mental suele ser para aquel que la puede financiar, y para el grueso de la población su lugar entre las prioridades queda debajo de otras necesidades apremiantes.

Según datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), un 20 por ciento de los niños y jóvenes de la población mundial padece algún trastorno mental y cerca de la mitad de ellos se presentan antes de los 14 años.

La Organización Mundial de la Salud considera al suicidio un problema de salud pública. Foto: paho.org

El 75 por ciento de los suicidios ocurre en países de ingresos bajos y medios, y la mayoría de ellos cuenta únicamente con un psiquiatra infantil por cada millón o cuatro millones de habitantes. El interés en la salud mental se ve velado en las políticas gubernamentales que deberían fomentarla. La enfermedad mental no es menos imposibilitante que otras afecciones; el trastorno mental, incluyendo la adicción a sustancias, toma un porcentaje cercano al 23 por ciento de los años perdidos por incapacidad laboral.

Dos de los problemas más comunes en la población son la ansiedad, la depresión, y el estrés, este último toma un lugar importante debido a que es subestimado y mal atendido. Al dejarlo de lado y ocultarlo, crece y muta dando lugar a otras dificultades como el escaso control de la ira, la baja concentración e incluso problemas físicos como la gastritis o dolores crónicos.

EMERGENCIA MENTAL

A pesar de lo mencionado, el interés en la enfermedad mental podría no sólo ir en aumento sino que nuevas perspectivas lo analizan desde un punto de vista mucho más humanitario. La psicología positiva de Martin Seligman sobresale por su visión actual del trastorno mental, pues se centra en el individuo en vez de las carencias de este. Así, quien podía llamarse esquizofrénico por los psiquiatras, es visto como una persona que padece de esquizofrenia. Es decir, la enfermedad no define la totalidad del sujeto. Más que interesarse por la génesis del problema, la psicología positiva aborda las posibilidades de sanación desde un punto de vista comprobado científicamente, haciendo énfasis en la red de personas alrededor del paciente que pueden ayudarlo a tener una vida funcional y desarrollar sus fortalezas.

A esta disciplina se suma la tradición de una psicología humanista que, más que marginar, intenta normalizar las prácticas de la psicología y el movimiento de la autoestima surgido a partir de los años setenta. Esto hace que nuestra idea de la salud mental sea mucho más cercana y normal. No significa, sin embargo, que le hayamos perdido el miedo en países como México.

Al margen de suposiciones acerca de la salud mental, podemos decir que los individuos atienden más sus enfermedades, pero la respuesta no es del todo esperanzadora, puesto que los trastornos mentales también van en aumento. La revista académica Harvard Share Partner indicó en 2019 que cerca del 75 por ciento de las personas entre los 18 y 30 años renuncia a su trabajo por razones relacionadas a la salud mental, y según datos de la organización Trust America’s Health and Well Being, el estrés y la depresión están entre las causas de muerte de esta población.

En 1996 la Organización Mundial de la Salud detectó a 400 millones de personas con algún trastorno mental; en 2004, esta cifra aumentó a los 450 millones. Para entonces el índice de jóvenes con algún trastorno era entre 12 y 29 por ciento, cifra que en la actualidad está en un 29 por ciento.

En 2004, la Encuesta Nacional Ómnibus Parametría daba a conocer que el 64 por ciento de los mexicanos veían con vergüenza tener que asistir a terapia psicológica, y el 77 por ciento no habría asistido nunca. En 2018, el jefe de consulta externa en el Hospital Fray Bernandino Álvarez, estimó que por lo menos un 29 por ciento de los adultos en México presentan alguna enfermedad mental, frente al uno por ciento que asiste a terapia psicológica para atender su problema.

Es parte esencial de la salud mental un mayor interés en lo que se refiere a ella, pero también de nuestros gobiernos y de nuestras exigencias hacia ellos para que se proporcionen mayores facilidades para obtener una atención especializada. Apremia la solución de problemas que pueden parecer elementales, pero que a la larga pueden disminuir nuestro rendimiento laboral y social hasta llegar a consecuencias graves.

Actualmente existen cursos en salud mental ofrecidos tanto a profesionales como a quienes buscan ayuda en portales como Coursera. Se puede acceder a ellos para obtener una guía sobre lo que es adecuado para nuestra salud mental, ya que aunque amigos y familiares puedan dar ayuda de buena fe, se suene tener información errónea sobre todo en lo que a trastornos mentales se refiere.

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