El reto del crimen
Opinión

El reto del crimen

Jaque Mate

Una de las principales razones de la derrota del PRI en las elecciones de 2018 fue la crisis de seguridad que ha aquejado a México en los últimos años. Si bien Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia en 2012 con el argumento de que los priistas sí sabían gobernar, y por lo tanto controlarían el aumento de la violencia y la delincuencia del sexenio de Felipe Calderón, el resultado final fue bastante peor. Ante los fracasos de priistas y panistas los votantes optaron por un candidato, Andrés Manuel López Obrador, que afirmaba que resolvería el problema en muy corto tiempo porque eliminaría las complicidades del poder.

Las cosas no han sido tan fáciles, sin embargo. La violencia no sólo no ha disminuido, sino que ha venido aumentando en este 2019, aunque quizá a un ritmo menos acelerado que en los años anteriores.

Entre enero y septiembre de 2019 se registraron 25 mil 890 víctimas de homicidios dolosos en México, un aumento de 2.4 por ciento frente al mismo período del año anterior. Es una tasa de aumento pequeña, que contrasta con las que llegaron a ser de doble dígito en años anteriores, pero aumento de cualquier manera.

El presidente López Obrador ha afirmado que está aplicando una “nueva estrategia” en la lucha contra el crimen y la violencia. El 22 de abril señaló que el crimen empezaría a bajar como consecuencia de su estrategia y declaró: “En seis meses ya van a estar operando todos los programas. Esto va a ir mejorando mucho, considerablemente, en la medida en que se vayan consolidando tres acciones: fortalecer los programas sociales, la Guardia Nacional y cero corrupción en los gobiernos”.

Los seis meses, sin embargo, llegaron el 22 de octubre y se fueron sin que hubiera un cambio en las tendencias. De hecho, el 17 de octubre se registró la sonada batalla de Culiacán. Un contingente de unos 30 elementos militares y de la Guardia Nacional capturaron a Ovidio Guzmán López, uno de los hijos del Chapo, para dar cumplimiento a una orden de aprehensión con propósitos de extradición a los Estados Unidos. Cientos de sicarios salieron a las calles y dispararon, secuestraron y quemaron camiones para bloquear vialidades; un número de soldados y sus familiares fueron tomados como rehenes y amenazados. El gabinete de seguridad, ya que el presidente se encontraba “incomunicado”, tomó la decisión de liberar a Ovidio. El incidente dejó 14 muertos.

La batalla de Culiacán se ha convertido en símbolo de los problemas de la estrategia del presidente en materia de seguridad. Para empezar, no hay indicios de que ha habido un cambio de fondo. El gobierno sigue tratando de detener a los capos del crimen organizado. El operativo de Culiacán, sin embargo, fue precipitado y fallido, en palabras del propio secretario de defensa, el general Luis Crescencio Sandoval.

La decisión de liberar a Ovidio Guzmán reveló, por otra parte, que el gobierno está dispuesto a ceder, e incluso a violar las leyes que castigan la liberación de detenidos, para evitarse problemas. Esto genera un precedente. Los delincuentes ya saben que deben recurrir a la violencia pública para evitar la aprehensión de sus capos.

Es posible que los programas sociales del presidente generen lealtad política y votos, pero no disminuyen la delincuencia o la violencia. La idea de que los pobres cometen más delitos o son más violentos que el resto de la población es falsa. El mayor incentivo para delinquir es la impunidad. Y hasta este momento, la impunidad no se ha reducido en el país.

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