La Orquesta moderna de Rosino Serrano
Arte

La Orquesta moderna de Rosino Serrano

Un compositor como quedan pocos

Escribe lo mismo una pieza para orquesta, un soundtrack con sonoridad de lejanas latitudes, un arreglo pop destinado a ser hit o una obra para big band, a mano, lápiz sobre hoja pautada, mientras bebe su café endulzado con leche y aniquila un Lucky Strike frente al viejo piano de su sala, en el frío sur de Ciudad de México. 

Los inicios de su carrera se remontan a los ochenta, cuando llegó a este país siendo un adolescente recién graduado por el Conservatorio de Madrid. Tan pronto deshizo las maletas ya era tecladista de la banda Apóstrofe, tocando a sus 17 años en hoyos funky donde compartió audiencia con bandas como Chac Mool. Al poco tiempo dejó esa agrupación para integrarse a La Banda Elástica, donde fue coautor de una de las páginas rockeras más ricas de nuestra historia. Sin embargo, su evolución ha sido tal que cuesta creer que hoy hablamos del mismo artista. 

Orquesta Moderna en concierto, dirigida por Rosino Serrano. Fotos: Cortesía de Rosino Serrano

Muchos compases ha recorrido desde entonces. Hoy figura como uno de los más destacados arreglistas de México. También es productor, director musical y educador. Aunque prefiere pasar de la nombradía, su obra es tan vasta que seguido disfrutamos su trabajo ignorando su presencia creativa. Arreglos suyos han sido grabados por artistas como Eugenia León, El Tri, Iraida Noriega, Sin Bandera, Camila, Tania Libertad y hasta Maluma, entre muchos otros.

Su nombre firma el soundtrack de variados filmes, como la nominada al Óscar El crimen del padre Amaro. Los Grammy, los Billboard, sellos como Sony o Universal son parte de su semántica cotidiana. Versado compositor que cuenta con la justificada admiración de aprendices y maestros. Es un minucioso perfeccionista que siempre piensa en grande; no sorprende ver los años que transcurrieron antes del primer álbum con su nombre al frente de la tapa: Orquesta moderna.

Orquesta Moderna en concierto, dirigida por Rosino Serrano. Fotos: Cortesía de Rosino Serrano

El álbum

La conversación se dio antes de su concierto de estreno en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (CENART). Franco e ingenioso como suele ser,  confesó entre bromas y anécdotas que el sueño de la música le viene de generaciones atrás, desde la juventud de su bisabuelo en Villafranca de los Caballeros, España. Tres generaciones que amaron la música sin poder consagrarse a ella más allá del tiempo libre que la herrería les dejó, "[…] cuyos sueños de pasodoble desde la fragua me pusieron en este camino", dice Rosino en una de las dedicatorias del álbum, que por cierto lleva la foto de una antigua banda del pueblo de su abuelo como portada. 

Insistió en mencionar puntualmente los más de 45 músicos involucrados. Eminencias todos ellos. De memoria los recitó acompañando cada nombre con comentarios de gratitud y vivencias que evidenciaban afectuosas amistades. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, además de a los amigos, agradece al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) el apoyo a este trabajo. Si bien ya no es el adolescente que tocaba en clandestino con un Hohner distorsionado, al contar sobre Orquesta moderna mostró un destello que pareció venir de aquellos días en que todo le era nuevo.

La mezcla corre a cargo de Rafa Sardina, ingeniero que ha ganado el Grammy en trece ocasiones. “Café con leche” abre el disco. Inquieta, contagia su tempo desde el primer instante. La Orquesta moderna se presenta de a poco. Cuando pasa de la insinuación al franco desarrollo se descubre el gran ensamble que suena no menos que gigantesco: se revelan colores de impecables alientos, el piano, el bajo, la rigurosa batería, el agilísimo vibráfono de Emiliano Suárez. La coda funk coronada con monumentales estallidos orquestales. La banda se despliega triunfal. El show ha comenzado. La producción no suena mexicana; carece de patria por ser de sonido y calidad universales.

Foto: Cortesía de Rosino Serrano

Un jubiloso crescendo anuncia la “Suite latinoamericana”. El festivo ritmo del “Guapanguito” suena en la vihuela de Fernando de Santiago. Se suma al piano Alex Mercado y en la brillante armónica Gianluca Littera. La suite que Rosino estrena, de corte mexicanista como dice, consta además de otros dos movimientos que se suceden en coherencia poética. Espejo de sí mismo, “Guapanguito” desciende en su última frase para dar entrada al “Bolerón”, sensible homenaje a Enrique Nery. Es un bolero cuyo extraordinario solo evoca imprecisas nostalgias. Advierte el oído el enorme cariño que persiste más allá de la vida entre dos artistas. En el tercer movimiento de la suite encontramos una movida fusión de choro y samba; “Choramba” es el título de esta festiva aleación brasileña en la que se incorpora al ensamble Jako González para culminar la suite con la flauta.  

La Orquesta moderna justifica su nombre a cada resonancia. Reverberan en ella tan diversas sonoridades que por un lado la definición técnica no hace justicia a su diáfana esencia y por el otro la descripción poética resulta impropia por ensuciar su voz inherente. Paz escribió que la modernidad es una tradición de ruptura que está condenada a la pluralidad. No siempre lo nuevo ha sido moderno ni siempre ha sido nuevo lo moderno. Desde la nostálgica portada del álbum, Rosino juega con la ambigüedad del término porque comparte condición con la orquesta que formó. La Orquesta moderna es un plural ensamble de tradición y de ruptura, de difusa genealogía, cuyo tiempo tiene de fugaz lo mismo que de eterno.

El terso oleaje de las cuerdas aparece para integrarse a la ya enorme orquesta revistiendo la emocional “Even so”, uno de los temas de Nery en el álbum. Los otros son “Guadalupe” y “Agave”, siempre encantadores, de aliento insólitamente mexicano. Arreglista y autor llegaron a discurrir estos arreglos. Más adelante vuelve Jako González en el sax alto para “Farineta”, cuya persistente melodía homenajea a la abuela de Rosino, quien fuera cariñosamente apodada de este modo.

Orquesta Moderna en concierto, dirigida por Rosino Serrano. Fotos: Cortesía de Rosino Serrano

Disco de poéticas personales que se corresponden por su carácter sincero con irresistibles imaginarios universales. 

Eugenio Toussaint es entrañablemente homenajeado en “Don't tell me I know” e “Iztaccihuatl”, piezas en que se integran invitados como Ernesto Ramos al sax tenor. Lucen fragmentos de uno de los soundtracks originales de Rosino en “Three moments from Monday nights at seven”, cuyo cosmos evoca atmósferas de honda contemplación. La guitarra de Francisco Lelo de Larrea se une en “Sacred days”, la epístola enamorada que eligió Serrano para cerrar un maravilloso disco que reúne a los máximos exponentes del jazz mexicano ante sus partituras.

Disponible en físico y digital, el álbum producido por el propio Rosino y José Luis Esquivel, es espléndido de principio a fin. Redondo, como se dice cuando a algo no le sobra ni le falta. Esta pieza se integra desde ya a la discografía esencial del jazz mexicano.

Por estas razones sonoras, se puede cosiderar que Rosino Serrano es un compositor como quedan pocos. Esta conclusión se repite, resuena como eco tras escuchar el extraordinario primer disco de la Orquesta Moderna.

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