Art thinking y la solución pedagógica
Familia

Art thinking y la solución pedagógica

El arte como herramienta escolar

Ha pasado más de un siglo desde que el conductismo impregnó las aulas con la idea de que los alumnos recibirían información en un espacio adecuado para el estudio. El aprendizaje basado en la memorización y automatización de procesos no es más que una sombra a la que se aferra la educación actual y, de hecho, han existido desde entonces avances como el aprendizaje significativo que se suman a una comprensión más amplia de lo que es la absorción de enseñanza y, más aún, la disposición y los tipos de inteligencia que el alumno tiene.

El Art thinking es un aporte más al conocimiento en torno a la pedagogía; revolucionario y ambicioso. Surgido en España y liderado por la investigadora María Acaso, intenta utilizar el arte actual y sus expresiones más recientes como modelo para que los estudiantes se relacionen con su propio aprendizaje y realmente hagan a la escuela parte de su vida.

Art thinking es una manera que tienen de expresarse los investigadores del grupo denominado Pedagogías Invisibles. Este colectivo aporta un campo nuevo, al mismo tiempo que lo pone en práctica, lo explora y advierte de las mejoras obtenidas. Se trata de cambiar el ambiente del aula, de hacerlo libre para favorecer un aprendizaje informal.

INICIATIVA

Nacido en 2008 en el departamento de didáctica de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, Pedagogías Invisibles es uno de los colectivos más celebrados en España.

Sacar el aula, proyecto desarrollado por Miguel Braceli para la Escuela de Art Thinking en el que 50 profesores construyeron las distintas formas de sus aulas empleando sus cuerpos y plástico negro. Foto: Miguel Braceli

Ellos diseñan planes de educación informal y autoaprendizaje para después gestionarlos e implementarlos en instituciones culturales, donde encuentran valores educativos en el arte.

Los lugares en que la expresión artística es protagonista, bajo esta perspectiva, se ven como sitios donde se puede dar el aprendizaje de diferentes maneras. Algunas de ellas son más interactivas, ya que estimulan el pensamiento crítico. Se trata, pues, de un modelo en el que se pone de manifiesto la función social del arte, donde se pide a quien está frente a las obras que formule su propio aprendizaje a través de ellas.

Con estos principios, los pedagogos buscan una mediación cultural, una formación especial en los profesores, en la investigación y curatoría, así como organización de eventos en los que se busca un mayor aprendizaje.

El Art thinking, por su parte, lleva estos métodos al aula; ya no se trata de un proceso por medio del cual se busca obtener riqueza en los espacios culturales y una mayor inmersión del público, sino que los alumnos llevan a cabo labores propias de lo artístico con lo que enriquecen su aprendizaje en las escuelas.

En su libro del mismo título, María Acaso habla de cómo el arte puede transformar la educación y cómo sus expresiones más actuales tienen la capacidad de fortalecer el interés del alumnado en los temas que requieren conocer. Así, se puede ver a los estudiantes organizando un performance, una instalación o instrucciones propias del movimiento fluxus. Si bien este enfoque guarda una diferencia grande ante lo que vemos habitualmente en un aula, hay que recordar que como las disciplinas del arte contemporáneo intentaron liberalo de la formalidad que alejaba a las personas de su disfrute, el Art thinking realiza este mismo proceso con la educación.

Ni arte ni exposición, muestra compuesta por veintiún proyectos que surgió con el objetivo de generar un espacio para reflexionar sobre la importancia de lo educativo en la construcción de lo social. Foto: Jorge Mirón

CAMBIAR EL MUNDO

Para Pedagogos Invisibles, el Art thinking es un marco de acción social mediante el cual se intenta cambiar al mundo. El grupo es formado por pedagogos con ideales de inclusión y mujeres feministas que creen en que la educación impartida mediante una jerarquía de poder no es suficiente y promueve actitudes nocivas que, más que incentivar el aprendizaje, lo obstruyen.

Se entiende el Art thinking como un espacio político desde el cual se pueden abordar los problemas actuales; se pueden analizar así los puntos de vista de cualquier participante sin recurrir al juicio dual o sesgado y ver las posibilidades de acción.

En una primera sesión, se pretende hacer una discusión de los conceptos que forman la base del Art thinking y analizar las reacciones que se dan en torno a ello, para así encontrar momentos clave que servirán como apuntes para generar estrategias adecuadas al grupo.

Una de las estrategias que tienen es facilitar en todo momento la conversación respetando el ritmo de los visitantes. Esto sin señalar la falta de conocimiento sino incentivándolo, y generando un clima de acogida, interés en las opiniones diversas, así como un mutuo aprendizaje que enriquece las actividades.

Continuamente la conversación sobre el arte contemporáneo se vuelca en torno a la posibilidad de que sea elitista; sin embargo, esto sería asumir que no cualquiera puede tener acceso al conocimiento del que se sustenta, lo que desemboca en una actitud mucho más elitista que la que se critica. Así, el Art thinking cree que todo conocimiento está a la mano de cualquiera, sin importar procedencia ni estatus social, por lo que termina siendo una de las iniciativas más inclusivas de la pedagogía actual.

Foto: Liuna Virardi

Para Acaso, la educación de la modernidad opera como una “metodología narcótica”, en razón de que adormece el pensamiento crítico y la autonomía intelectual para dar lugar a una simple asimilación de la información.

Lo anterior implica cambiar el sistema existente y atreverse a llevar la educación hacia otro lugar menos común. Es a través de la práctica experimental y del trabajo de otras pedagogías, así como de la psicología educativa que Art thinking ocupa un lugar validado y comprobado en la enseñanza.

El efecto no sólo es una educación más libre y una formación mucho más flexible que fomenta la búsqueda de conocimiento propio, sino que según Acaso, también afirma que se revalora el papel del educador como actor social, puesto que la educación es una herramienta política e intelectual despojada del valor que tienen ámbitos como la antropología o la filosofía.

Puesto que se trata de utilizar el arte actual como una experiencia que aglutina el conocimiento y abstrae la atención y retención de los alumnos, Acaso piensa que se puede aprender cualquier tema mediante estos métodos. La clave para hacerlo está, según la educadora, en potenciar la propia creatividad de los maestros y de los estudiantes. Se trabaja así por proyectos y en colaboración, generando conocimiento entre todos los actores, más que transmitiéndolo.

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