Las mañanas que musicalizan al mundo
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Las mañanas que musicalizan al mundo

Quignard y el recuerdo de Sainte Colombe

Portada: Jean-Pierre Marielle interpreta al violista y compositor Sainte Colombe en Todas las mañanas del mundo. Foto: cinecourt

En 1991, el escritor francés Pascal Quignard escribió una novela titulada Todas las mañanas del mundo, en la que parte de su propia experiencia al huir y refugiarse en el silencio. Quignard proviene de una familia de músicos y ha tratado de escapar de su legado por medio de la escritura. Es así como se identifica con el personaje de Monsieur de Sainte Colombe, un violista austero que tras la muerte de su esposa decide encerrarse en su ausencia. Inspirado, Pascal redacta un texto en el que acentúa su desencuentro con el mundo absolutista.

La novela narra la relación musical entre Sainte Colombe y Marin Marais, un músico virtuoso que perteneció a la corte de Versalles desde 1676 y tocó bajo las órdenes de Jean Baptiste Lully. Marais había oído hablar del talento de Sainte Colombe para tocar la viola da gamba, así que desde muy joven optó por buscarlo para perfeccionar su técnica, aunque la lección que aprendió fue más profunda de lo que hubiese pensado.

Entre los siglos XVII y XVIII, la viola da gamba vivió su máximo desarrollo solístico gracias a la escuela que surgió en Francia con violistas como Sainte Colombe o Marin Marais. Por eso, el abordaje de Quignard sobre estos dos personajes destaca como un extracto en la historia artística de Francia.

En el mismo año de su publicación, la obra fue adaptada al cine, convirtiéndose en la décima película dirigida por Alain Corneau. Con la participación de actores como Gérard Depardieu y Jean Pierre Marielle, este trabajo supone un sincretismo entre distintas formas de expresión artística: pintura, música y literatura mezcladas en una nueva propuesta como la cinematografía.

La cinta arroja otros personajes históricos como el pintor Lubin Baugin, también artista hermético del que poco se conoce y solamente sobreviven tres pinturas, dos de ellas mostradas en Todas las mañanas del mundo.

Por otra parte, la banda sonora corrió a cargo del director de orquesta catalán Jordi Savall y en ella se incluyen obras de compositores como Lully, François Couperin y los mismos Marais y Sainte Colombe.

Gérard Depardieu interpreta a Marin Marais en su adultez. Foto: microsoft.com

Esta mixtura ocasionó que la película de Corneau fuera condecorada con 10 premios César, reconocida en el Festival Internacional de Cine de Berlín como parte de la selección oficial y nominada al Globo de Oro de 1992.

NARRATIVA

La historia se desarrolla en el siglo XVII, la época en que Lully era el compositor oficial en la corte del rey Luis XIV; entonces, el absolutismo exigía obediencia y Francia vivía una de sus centurias más ostentosas.

El poder, la opulencia y los favores del rey eran algo recurrente que buscaban los artistas y nobles de la aristocracia. Resultaba impensable imaginar a un creador que rechazara el cobijo y los placeres de Versalles. Por eso, la existencia de un personaje como Sainte Colombe resultaba tan extraña.

El filme comienza al interior de Versalles. Marin Marais trata de no perder los estribos mientras sus músicos ensayan la obra Las campanas de St. Genevieve. En su rostro se dibuja una expresión como si le doliera la memoria y recuerda a su maestro con un susurro: “Toda nota debe terminar muriendo”.

Sus músicos no entienden lo que Marais quiere decir. De pronto explota en un grito, manda cerrar las puertas de la sala y exaltado anuncia que dará una lección: “Era sólo austeridad e ira”. Sus pensamientos dan pasos mnésicos hasta el año de 1660, entonces la música de Sainte Colombe cobra forma humana.

Entre reminiscencias, la vida de Sainte Colombe se presenta desde la muerte de su esposa. El violista se encontraba tocando en las últimas horas de un noble moribundo, por lo cual no pudo presenciar el deceso de su mujer.

En su aislamiento, Sainte Colombe enseña música a sus hijas y accede a ser maestro de Marais. Fotos: IMDb

Envuelto en dolor y con la misión de apartarse del ruido, construye una cabaña en uno de los terrenos de su granja. Allí se refugia con su viola y sobre un cuaderno rojo compone las obras que jamás quiso publicar. Da la casualidad que cada que el fantasma de su esposa aparece, ésta va vestida de rojo. La relación entre estos elementos indica que su música nace del amor que le profesa.

Hasta su puerta llegan los emisarios de Luis XIV, quienes intentan reclutarlo como músico de la corte. Sainte Colombe rechaza la oferta y manda a decir al rey que prefiere “la luz del crepúsculo en sus manos que el oro que le ofrece.”

El hermitaño se mantiene en su retiro, llora el silencio de su esposa mientras cría a sus dos hijas y las instruye musicalmente. La llegada de Marin Marais, un joven desesperado tras perder su voz de niño, lo incomoda, pero acepta darle lecciones de viola y exige su comprensión musical desde el principio. Para Sainte Colombe, Marais es un virtuoso que, a pesar de su talento, se encuentra todavía muy lejos de entender lo que significa hacer música.

La inquietud de Marais lo hace aceptar un cargo como músico de la corte de Luis XIV. Dicha decisión enfurece a Sainte Colombe, quien renuncia a seguirlo instruyendo.

VISIÓN DE QUIGNARD

En 2007, durante una entrevista que el chileno Cristian Warken realizó a Pascal Quignard en París y tras escuchar la Marche pour la céremonie des turcs de Lully, el autor galo declaró los detalles que le llevaron a escribir Todas las mañanas del mundo.

Lo que siento es la emoción de la película, que agregó mucha emoción al libro que no tenía música. El otro punto es que lamentablemente, si puedo decirlo, es el comienzo de la película; esa no era la música de Sainte Colombe. La música de Sainte Colombe que junto a Jordi Savall tratamos de hacer reconocer, es una pieza previa muy difícil, pero muy bella. Cien años antes de Bach, las obras de Sainte Colombe estaban compuestas y son muy bellas. Usted no sabe el placer que hay para un escritor el saber que sirve para algo: para volver un muerto a la vida”.

Este año, La Chapelle Harmonique ha ofrecido tributo a las composiciones de Sainte Colombe y Marin Marais presentadas en Todas las mañanas del mundo. El legado de los músicos se mantiene vivo. Foto: La Nouvelle République

Para Pascal Quignard, Colombe fue el protagonista de una pequeña historia de la cual no existe mucha información. “Se sabe que inventó una cuerda grave, que le agregó una cuerda grave a la viola, la cuerda más grave. Hay una tristeza muy bella en ese detalle. […] se negaba a ir a la Corte. Seguramente tenía razones, porque era protestante o no sé por qué y ese detalle me gustó muchísimo”.

Quignard partió de su experiencia personal al estar involucrado en la política tratando de airear la música barroca acompañado de su amigo Baussan. El entonces presidente de Francia, François Mitterrand, le había confiado las instalaciones del Palacio de Versalles con el fin de organizar festivales de música barroca.

Retomar a esa figura me gustó para retomar la imagen del ciervo que huye como Sainte Colombe, el músico que no quería ir a la corte”.

Para Quignard, uno de los momentos cumbres de la novela y la película, sucede en la conversación final entre Sainte Colombe y Marais, cuando se reconcilian. Ambos músicos buscan la naturaleza de la música. Para Quignard, el diálogo es bastante largo en la película, pero finalmente la música está ahí.

Si no se hubiera producido la Segunda Guerra Mundial no sabríamos nada de Sainte Colombe. Nunca quiso ser publicado. Ese es el misterio que me planteo más seguido ahora. Y pasa lo mismo, por ejemplo, con la obra de Froberger, que fue publicada contra sus deseos 50 años después de su muerte. Pero, ¿por qué estos músicos no querían ser publicados a ningún precio?”.

Tanto para Quignard como para Sainte Colombe, sus aproximaciones al arte no se direccionaban al rey ni a la sociedad ni a los textos, sino a su propia experiencia directa, entre el hombre y la figura divina que representa Dios. Y es que a final de cuentas, cada sonido desprendido de la música es tan efímero como esas mañanas que renuevan al mundo y que se van para no volver.

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