Boonserm Premthada
Arquitectura

Boonserm Premthada

Una arquitectura con alma

La arquitectura es poesía perpetuada en ladrillo hecho a mano. Su disposición espacial son versos que construyen sitios de calma, remansos espirituales donde destellan las personalidades individuales y de los pueblos. La arquitectura es diseño materializado, movimiento petrificado, abstracción sostenida con trabes.

El ladrillo es de barro modelado con la imaginación, endurecido por el fuego; es esbelto, ágil, se ondula y se levanta alto; el ladrillo suena y escucha, se imagina que es una torre, lo es. Y se yergue por arriba del lomo de vetustos paquidermos que pasean a su derredor. La torre es uno de ellos, no los envidia, también levanta su trompa de barro y respira a través de los amplios vanos por donde corre cálido el viento de la Provincia de Surin, al noreste de Tailandia.

La torre de observación del Mundo del Elefante la trazó con lápiz Boonserm Premthada (arquitecto tailandés ganador del premio Royal Academy Dorfman de Arquitectura en mayo de este año) y después la edificó para sumarse al complejo turístico gubernamental “destinado a revitalizar la riqueza de los kuy, comunidad que tiene un vínculo familiar con sus elefantes”, escribe Max Crosbie-Jones en la revista Prestige, en relación al proyecto de Boonserm que continúa en proceso.

Boonserm Premthada nació en 1966 en Bangkok, Tailandia. Fue condecorado por su formación académica en diseño de interiores; en la Universidad de Chulalongkorm cursó la maestría en arquitectura en el 2002 y al año siguiente fundó su despacho llamado Bangkok Project Studio, con el cual ha desarrollado obras que rompen con la tendencia occidental del diseño arquitectónico y retoman con fortuna los orígenes asiáticos.

ESTILO

Las obras de Boonserm “se destacan por su extraordinaria empatía, originalidad y cualidades poéticas”, fue el argumento de la Real Academia de las Artes del Reino Unido para otorgarle el premio Dorfman en mayo. Es el segundo galardonado en la breve historia de este certamen que reconoce a los arquitectos emergentes.

Vista de Elephant World. Foto: Bangkok Project Studio

Su trabajo no consiste en el diseño de edificios, sino en la creación de atmósferas donde “la manipulación de la luz, la sombra, el viento, el sonido y el olfato crean una poética arquitectónica”, se lee en una de tantas reseñas que brotaron a raíz de su premio internacional, al cual, por cierto, también fue postulada la arquitecta mexicana Fernanda Canales.

EXPERIENCIA SENSORIAL

Los kuy conviven con los elefantes desde tiempos ancestrales. Son aborígenes que habitan el sureste asiático, aunque la modernidad les ha reducido su territorio. La mayoría de ellos se concentra en la provincia de Surin, región pobre donde crece el arroz y pasta el elefante.

Surin es una comunidad de doscientos mil habitantes, no cuenta con grandes centros laborales. Su gente vive de la agricultura de traspatio y los turistas sólo la visitan cuando se celebra el Festival del Elefante, una tradición que data de 1960 y en la cual se pueden admirar a los paquidermos ejecutando una serie de gracias como jugar futbol o representar batallas.

Debido a la carencia de fuentes de empleo, el gobierno local promueve el Elephant World, que pretende el cuidado de los mamíferos y la atracción turística. “Se establecerá en un área de 500 hectáreas y será desarrollado como un centro de estudios para aprender acerca de los elefantes, su estilo de vida y crecimiento”; se invertirán 400 millones de baths, la moneda tailandesa, algo así como 250 millones de pesos, informó la Embajada Real de Tailandia en México. Entre los atractivos resalta la propuesta del arquitecto Boonserm Premthada.

El complejo turístico está en proceso. Vía electrónica se contactó al arquitecto tailandés quien declinó opinar sobre el proyecto que, espera, concluya el año entrante.

“A veces, los animales pueden transformar una ciudad. dándole esperanza y orgullo a la gente”, dice Boonserm refiriéndose al Elephant World. Foto: iameverything.co

Consiste en la construcción de una amplia zona con estructuras elevadas que generarán sombras destinadas a los elefantes. Además será la sede del centro de estudios de los mamíferos gigantes y rematará con la torre de observación. Los materiales aprovechados son ladrillo rojo moldeado por artesanos locales, así como la madera y el acero principalmente.

La torre es distintiva por su diseño libre y ágil, rompe con los patrones rígidos de la arquitectura occidental. Su ligereza puede atribuirse al sinnúmero de huecos geométricos que permiten el paso de la luz y el viento sin restricciones.

Este complejo turístico es prueba de cómo la arquitectura puede liderar iniciativas para promover la preservación, el turismo y el desarrollo social y económico de zonas rurales con altos niveles de marginación, propósito que destaca en Boonserm, quien se caracteriza por mantener una visión social y humanista, no sólo en sus diseños, sino en su forma de ser.

LADRILLOS ANIMADOS

Esta filosofía humanista del arquitecto tailandés lo mantiene con los pies en su pasado humilde. No desea emanciparse de la clase trabajadora, a la que considera como semillero de artistas: “Juntos podemos mostrarle al mundo que los humanos somos iguales”, declara a diversos medios de comunicación.

Aquel pasado, de la mano de su padre carpintero, le permitió conocer las cualidades de los materiales como la madera y el barro. En manos de Boonserm, el ladrillo adquiere otras dimensiones, incluso flexibilidad. Muestra de ello son las fachadas onduladas de otro de sus proyectos ahora emblemáticos: el Kantana Film and Animation Institute, construido en 2012.

Instituto Kantana de Cine y Animación, Nakhon Pathom, Tailandia. Foto: dezeen.com

En este edificio colocó el ladrillo con tal cadencia que le dio movimiento a los muros; usó además resinas, madera contrachapada y polímeros comunes para proponer esta escuela de especialización para profesionales del video.

El uso de materiales autóctonos es un rasgo preponderante en la arquitectura de Boonserm, para él es como una forma de mostrar su rebeldía ante la agobiante presencia de occidente que impuso estilos e incluso materiales. Pero también son una alternativa para darle sonoridad a sus construcciones, porque el sonido es otro rasgo de su arquitectura.

En el centro de artes audiovisuales de Nakhon Pathom, Tailandia, destacan los aspectos urbanístico, arquitectónico y la composición, los cuales convierten al edificio en un emblema, “no por su verticalidad en un entorno paisajístico, sino como símbolo del mismo entorno, metáfora de las historias y de las tradiciones locales”, reseña la página de Internet Floornatura a propósito del concurso internacional Next Landmark en el cual participó el tailandés.

La reseña continúa: “Las paredes tienden a escapar del centro hacia el exterior, infundiendo dinamismo a los recorridos entre los espacios, que no son secuenciales ni derivados uno del otro”. Las fachadas ofrecen un rostro al edificio con un desarrollo horizontal y la multiplicación de perspectivas amplía el campo visual para admiran los jardines. Además, en las secciones se descubre la historia del ladrillo de revestimiento, realizado por mano de obra local recuperando la tradición artesanal y la interpretación del concepto de monumento […] Las paredes alcanzan los ocho metros de altura y tienen formas que recuerdan la tierra erosionada por el viento o la piedra esculpida por el agua”.

Las declaraciones de Boonserm revelan una clara convicción social, humanista y ambiental. Apoyado en su pasado cultural, se revela ante las tendencias que imponen diseños estandarizados y carentes de personalidad. El arquitecto tailandés le recuerda al mundo del diseño la necesidad de regresar la mirada al pasado local, cuando la armonía entre la humanidad y la naturaleza eran un fuerte lazo que brindaba carácter a las ciudades.

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