Bolsas alternativas para la despensa
Ciencia

Bolsas alternativas para la despensa

Un respiro para el planeta

El tiempo que se requiere para fabricar una bolsa de plástico es de un segundo; el tiempo de utilización son 20 minutos, y el tiempo que debe pasar para su descomposición es de 400 años. El análisis es de Greenpeace, lo publicó en el artículo La bolsa o la vida; esta organización asegura que al año se desechan por lo menos 10 mil 500 millones de bolsas de plástico, las que al final van a parar al campo o al océano, formando enormes islas de basura.

El dato ha servido para que diversos congresos en el mundo legislen para limitar o prohibir la entrega de aquellos productos y buscar alternativas amigables con el ambiente.

Para agosto de 2020 en Coahuila se prohibirá de manera definitiva la venta, facilitación y obsequio de bolsas plásticas, de envolturas de poliestireno expandido conocido como unicel, así como de popotes. Ni las tiendas de conveniencia, ni los grandes centros comerciales o restaurantes e incluso pequeñas misceláneas, podrán usarlas o venderlas. Por ley, se acabarán las bolsas de plástico en el estado.

Las modificaciones a la Ley de Equilibrio Ecológico y Protección del Ambiente del Estado de Coahuila impuestas por el congreso local en diciembre de 2018, responden a la tendencia social presente en diversos países.

Irlanda fue la primera nación en determinar, en 2002, impuestos por el uso de bolsas de plástico. Con la imposición se calculó una reducción del 90 por ciento en su empleo. Le siguieron Australia, Bangladesh, Italia, Sudáfrica, Taiwán e India. En América fue la ciudad de San Francisco, Estados Unidos, la primera en prohibir en el 2007 las bolsas.

Se estima que 10 mil 500 millones de bolsas de plástico se desechan cada año. Foto: EFE/ Mario Guzmán

En México son 17 las entidades que han modificado sus legislaciones, la mayoría de éstas lo hicieron en 2018.

LA URGENCIA

El impacto negativo al ambiente es el principal argumento para retirar de la circulación este versátil objeto creado por el humano; su huella ambiental parece imborrable, no sólo eso, resulta visible desde el espacio: el “Gran parche de basura del Pacífico”, es decir, la isla de desechos compuesta principalmente de plástico, es tan grande como Australia.

El decreto coahuilense se expidió en diciembre de 2018. En éste se plantea su aplicación paulatina a partir de diciembre de este año, hasta agosto, cuando se cumplirá el plazo definitivo para la prohibición absoluta.

La norma camina a contracorriente de la costumbre. El uso de bolsas de plástico es cotidiano, “tanto como decir hola”, refiere la maestra en derecho Diana Camacho Estala, experta en legislación ambiental. “Dejar de usar bolsas es complicado, por ello se pretende usar bolsas elaboradas con materiales biodegradables o reciclados, o que tengan una composición que reduzca su estancia en la tierra”.

La alternativa será producir bolsas totalmente biodegradables, elaboradas con materiales que puedan incorporarse a la tierra, “hay materiales biodegradables como las bolsas de hueso de aguacate, de gabazo de uva, de caña, de maíz, pero hay que saber qué cantidad de plástico contienen esos tipos de productos, porque pueden tener tan sólo 30 por ciento de aguacate y el resto de plástico, es decir, seguimos consumiendo plástico”, advierte Camacho Estala.

Bolsas reutilizables, una alternativa para evitar el uso de plástico. Foto: BBC/UK

En Torreón, refiere la experta en leyes, “existen empresas que trabajan materiales biodegradables y composteables, pero es un proceso lento, no es un cambio instantáneo. No son muchos los proveedores”.

No hay instrumentos legales, como una norma oficial, que determine las características que deberían tener los productos biodegradables; por ello “no hay certeza” de los nuevos materiales que se introducen en el mercado, comenta Camacho, quien forma parte del departamento de ecología del ayuntamiento de Torreón.

Tampoco existe un proceso de certificación o lineamientos que se apliquen a las empresas fabricantes; el consumidor tendrá que confiar en el signo impreso que se refiere al empleo de materiales reciclables, pero “esto no es suficiente para comprobarlo, debe existir la legislación adecuada”, reitera la entrevistada, quien informó sobre las pruebas que la dirección de ecología aplicó a bolsas que se presentaron como ecológicas: las enterraron y después de un tiempo observaron que no se degradaron.

MANDIOCA ALTERNATIVA

Kevin Kumala es biólogo, nació en la isla de Bali, por ello, tal vez, le gusta surfear. El contacto que ha tenido con el mar le enfrentó con el escenario de basura que flota en las aguas donde surfea. Durante una noche de bar, Kumala observó a cientos de motociclistas usando delgadas chamarras de plástico, las cuales desechaban al terminar la lluvia. “Esas chamarras son repugnantes y tóxicas, se usarían varias veces y luego se desecharían, pero no se descompondrían”, contó el joven biólogo a la cadena CNN Mundo.

Kevin Kumala propone productos compostables con su iniciativa Avani Eco. Foto: 20min.ch

Fue entonces que decidió crear un plástico a partir de la yuca, vegetal con alta presencia en Indonesia. Estudió el tema de los bioplásticos, analizó la producción de materiales alternativos que aprovechan el almidón de maíz y soya, y, junto a un amigo, ideó una receta con el almidón de yuca, aceite vegetal y demás ingredientes orgánicos.

Con aquella mezcla fabricó bolsas y para probar su degradación biológica hizo una exhibición pública: en un vaso con agua tibia sumergió un pedazo de su bolsa, agitó el agua hasta que el material se disolvió, después dio un trago al agua.

El material no deja rastros de residuos tóxicos, “quería mostrar que este bioplástico sería tan inofensivo para los animales marinos que un humano podría beberlo. No estaba nervioso porque pasó una prueba de toxicidad oral”, declaró a la prensa internacional.

La iniciativa le sirvió para comenzar en 2014 su empresa Avani Eco, a través de la cual ofrece una diversidad de productos elaborados con ingredientes que pueden reintegrarse a la tierra; materiales “composteables”, como se define.

Sus clientes son grandes empresas trasnacionales, lo que augura su subsistencia. El de Kumala es uno de los pasos que se están dando hacia la sustentabilidad aunque, para la maestra Diana Camacho, aún falta mucho para concretar la transición hacia un modelo sustentable: “El gran problema es el hábito de las personas y creo que eso nos generará más conflicto. Sí hay personas que usan su propia bolsa o termo que no son desechables, pero también las hay que por nada dejarán de usar la bolsa de plástico”.

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