Entre broma y broma
Nuestro mundo

Entre broma y broma

Nuestro Mundo

Sí, yo también fui a ver Joker, la película que ha cimbrado a más de dos, procuraré no alejarme de la intención que da origen a estas líneas. No soy crítica de cine, es más, voy poco al cine, termino viendo las películas de moda en casa. Tampoco veo series, no le tengo miedo a los spoilers porque a mí me gusta que me cuenten el final de las historias, sobre todo cuando se trata de historias trágicas que te tienen sentada al filo del asiento o aquellas que te provocan ansiedad, miedo o aversión.

Llevada por la curiosidad, la oportunidad y las reseñas leídas, fui a ver la tan comentada película. Ya casi había olvidado lo que se siente estar sentada en un cómodo sillón, el olor a las palomitas, la oscuridad de la sala y todo lo que sabemos bien nos mete en un ambiente propicio para disfrutar la creación artística de un director, del guionista, de los actores, el fotógrafo, el productor musical y mil personas más que intervienen para que el resultado sea lo que se proyecta en pantalla.

Es irrelevante decir si me gustó o no, mi opinión en ese sentido poco importa. He leído de todo, desde quienes creen que es una de las 10 mejores películas de todos los tiempos hasta quienes la consideran fatal por la exageración de la actuación y el mensaje que parece consigna: el maltrato infantil da por resultado conductas psicopáticas. Una vez más nos encontramos frente al análisis que sólo contemplan el blanco y el negro como opciones. La experiencia humana es individual, es decir, de uno. Aun y cuando hablemos de lo mismo y compartamos un código, es muy probable que el concepto de una emoción en particular sea distinto aún entre los miembros de una comunidad o de una familia.

Nadie ve lo mismo, nadie siente igual, nadie sufre igual. En la película previa en la que actuó Heath Ledger como el personaje que ahora interpreta Joaquin Pohenix, en uno de sus diálogos dice: “Sólo yo sé cómo me siento, tú sólo crees saberlo”.

Partamos de ello y pensemos en un enfermo mental que puede ser el personaje o no, que puedo ser yo o cualquiera, las enfermedades mentales están descritas en el DSM 5 donde señalan síntomas, signos y tratamiento de una larga lista que publicación tras publicación se incrementa, pero esas descripciones nunca reflejarán lo que se llega a sentir en medio de una depresión o de un franco ataque de ansiedad. Ahora mismo pienso que yo nunca he tenido una alucinación por lo tanto no sé qué se siente y aunque quisiera ser empática me quedaría sólo compadeciendo a alguien que sí pudiera describir la experiencia.

Es el tema de las enfermedades mentales el que me cimbra, tanta incomprensión, tantos tratos indignos a lo largo de la historia de la humanidad hacia quienes son diferentes y tal y como lo dice Arthur, el Joker: “La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que actúes como si no la tuvieras”, esa es en sí una mala broma.

Me aterra pensar que una persona deba tomar siete medicamentos distintos para intentar integrarse al mundo, para ser funcional, para no ser condenado al aislamiento de por vida. ¡Cuánta soledad! Y si por alguna razón no hubiera recursos para comprarlos o asistencia social para recibirlos, la posibilidad de un quiebre psicótico o una crisis que divida la mente en dos, es tan factible que entonces ocurren las tragedias: el ensimismamiento total, la agresividad hacia sí mismo o hacia los demás.

Joker dice: No he sido feliz ni un minuto en toda mi puta vida”, ¿podemos dimensionar el sufrimiento a través del reconocimiento de una vida llena de desgracias? Quisiera decir que sí se puede, pero no sé cómo; sí tú nunca has tenido hambre de esa que hace que duelan las tripas y el corazón, ¿cómo decir que sí te imaginas lo que es? Si tú nunca has sentido la desolación más infinita, ¿cómo decir que sí la entiendes? Si tú nunca has sentido deseos de morirte ni has intentado morirte, ¿cómo alardear que sí sabes lo que es?

Más allá de metáforas, simbolismos, intertextos, coreografías, escenas de culto, actuaciones magistrales y premios, está el enfermo mental, cuya enfermedad se exacerba a la sombra de la incomprensión, la violencia y el desamor de una sociedad generadora de escoria y de sombras.

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