Catarsis en Latinoamérica
Reportaje

Catarsis en Latinoamérica

Crisis política que desata rebeliones

Los últimos años dan fe de un devenir que está dejando a América Latina cada vez más cansada y desgastada, una región que se ha visto envuelta una y otra vez en malas decisiones, que es víctima de fraudes, decepciones y otros malos manejos que la han arrojado de cabeza a diversas crisis. El resultado de esto son los años de lucha y una constante adaptación a los cambios del mundo. Al tratarse de países tercermundistas se entiende desde un inicio la necesidad de aferrarse a los más “fuertes” para tratar de sobrellevar la situación y mantener a flote a su población, sin embargo, desde hace poco distintos movimientos han comenzado a estallar en varios países, uno tras otro.

Uno de los factores importantes en el despegue de los ideales se debe a la acción de las redes sociales, medios por los cuales se han realizado reuniones y protestas para mostrarse en contra del sistema. Sin duda, las redes han abierto un abanico de posibilidades; además, su poder ha permitido a los ciudadanos inconformes ejercer presión contra algunos presidentes y, lo más importante, ha provocado un efecto dominó. Muchos de los países de América Latina han tomado como ejemplo los movimientos de sus vecinos y han decidido imitar sus acciones en busca de un poco de futura estabilidad.

PRIMEROS CAMBIOS POLÍTICOS

Para tener una visión general respecto a la caída de los gobiernos oligárquicos, es necesario trazar sus orígenes de manera breve, para que sea posible visualizar el camino.

En Latinoamérica el tema de la revolución suele entenderse, recordarse y celebrarse como un momento en el que los pueblos lograron romper el ciclo de la sumisión y finalmente consiguieron que sus voces se escucharan a cualquier costo. Es aquel momento de esperanza en el que las movilizaciones estallan y se esfuerzan en alcanzar las restructuraciones necesarias para cumplir sus anhelos democráticos. Sin embargo, a pesar de que esa sea la narrativa predominante, la realidad se resiste a coincidir. La revolución permanece en la memoria como un breve periodo de esperanza donde se creyó que todo era posible, un fugaz momento que ni siquiera en el recuerdo parece tan perfecto como algunos grupos se esfuerzan en hacer creer.

Al mirar con seriedad la evidencia recabada a lo largo del tiempo, resulta casi imposible creer que la revolución rompió las cadenas de los esclavos y los oprimidos. Los acontecimientos permiten afirmar que no pasó tal cosa, que en realidad sólo hubo cambios de gobierno que aflojaron un poco las cadenas para que apretaran un poco menos, para que la presión fuera menos asfixiante, pero “los de abajo” continuaron en ese papel.

Foto: newrepublic.com

El profesor, sociólogo y analista político Marcos Roitman Rosenmann, en su libro Pensar América Latina: El desarrollo de la sociología latinoamericana, expone cómo fue que el ideario democrático, presente en los primeros líderes de la emancipación, cedió paso a una visión excluyente, represiva y totalitaria, aunque ciertamente pragmática. Remarca los comienzos de la construcción de los estados oligárquicos como una sustitución del poder antes que como un cambio que beneficiara a todos. Hay una leve consideración entre la existencia de un sistema democrático que más adelante terminaría siendo remplazado por la estructura oligárquica que tendría un gran alcance en América Latina. “Las propuestas oligárquicas se mueven en un tiempo limitado. Buscan una rápida consolidación y un control absoluto del orden interno. El Estado debe producir legitimidad y funcionar en torno a sus planes”. Esta estructura resultó funcional por muchos años gracias a la idea de poner la necesidad antes que la libertad. La libertad podría significar caos en un futuro, pero la necesidad de mantenerse al pie de la estructura social era mucho más importante si se quería asegurar un destino próspero, en teoría.

CRISIS DEL 29

Latinoamérica tomó el camino del populismo a causa de la crisis generalizada de 1929. A lo largo y ancho del globo se produjeron importantes estructuraciones de poderes, algunas partes del mundo adoptaron el populismo y lo adaptaron al contexto. Latinoamérica, por ejemplo, se vio presionada para adoptar este papel, puesto que las crisis habían causado problemas en los sistemas capitalistas de los cuales Latinoamérica dependía.

El investigador Osmar Gonzales, en un artículo titulado Los orígenes del populismo latinoamericano: Una mirada diferente, menciona que con la crisis financiera internacional de 1929 se inicia una segunda etapa en los países tercermundistas de Latinoamérica. Se pone en marcha una supresión de las importaciones, se contrae el sector exportador y se interrumpe el flujo financiero. Entonces es cuando aparece como alternativa la industrialización por sustitución de importaciones. El cambio acelerado remarca y exhibe a las clases gobernantes, aparece un estado débil y, por ende, las clases trabajadoras comienzan a generar un resentimiento por los estratos superiores. “En efecto, otras características importantes de los populismos latinoamericanos iniciales fueron, en primer lugar, la experiencia organizativa de las clases trabajadoras que, partiendo de ciertas tradiciones gremiales del anarquismo, fueron adoptando nuevas formas de organización y protesta. Esto coincidió con una crisis institucional del orden oligárquico vigente que permitió la aparición más o menos exitosa de contendientes heterodoxos respecto a la política oficial”.

Foto: Michael Parkin

El surgimiento del populismo se da como una forma de nivelar el desastre que se estaba causando. Surge la imagen del líder que permanece preocupado por el pueblo y busca lo mejor para ellos, reprende a los gobernantes, a los que tienen mucho y demuestra una empatía (en muchos, si no en todos los casos, motivada por su necesidad de poder) para que el pueblo se familiarice con él. Los autores del artículo El populismo como relato y la crisis de la democracia representativa, Camil Ungureanu e Iván Serrano, señalan la presencia del líder populista como un sujeto que tiene un acceso personal, privilegiado e inmediato a los intereses del pueblo; el líder es la voz del pueblo. Según esta dinámica, el partido político se convierte en un accesorio al servicio del líder que se dirige directamente a las masas.

RECESIÓN DE 2008- 2009

Continuando con la idea del revolucionario a favor de quitar del poder a los particulares, tenemos que anexar el tema de la adopción del modelo neoliberal en la región, el cual originalmente se planteó como un sistema político que estaba en busca de liberar a las industrias y a la economía de grandes empresas. Este planteamiento terminó por perder credibilidad conforme pasaba el tiempo. El sociólogo Mario Millones Espinosa menciona que finalmente el neoliberalismo se encargó de crear ilusiones que aseguraran mayor intercambio económico o flujo de capitales, lo cual favoreció, a final de cuentas, al restablecimiento del poder de determinados grupos económicos en Estados Unidos o Inglaterra, sin olvidar países latinoamericanos como Chile, México, Colombia y Brasil.

Todo esto partiendo de la recesión de 2008-2009 en la que América Latina se vio envuelta. Orlando Delgado Shelley, profesor investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), habla de cómo América Latina se levantó y fue de las regiones del continente menos afectadas durante estos eventos (debido a la intervención de potencias que poco después desarrollarían la desconfianza de los ciudadanos); aunque también, tomando puntos más realistas, menciona cómo México ha sido uno de los países donde la recesión ha sido profunda y con una recuperación lenta. Justamente esos hechos le aportan elementos para sostener que la política del gobierno mexicano (desde las reformas neoliberales), se propuso vincularse estrechamente a la economía estadounidense buscando consolidar un dinamismo económico alto, al tiempo que puede sostenerse que esas iniciativas han fracasado.

Los medios de comunicación, como la British Broadcasting Corporation (BBC), han realizado recuentos de las crisis que se han vivido en los últimos diez años y pueden encontrarse muchas menciones a momentos en que las reservas de divisas de los bancos centrales latinoamericanos mostraron mejoras, y los países lograron reducir sus déficits fiscales gracias al auge de los precios de las materias primas, lo que incrementó sus ingresos por exportaciones.

Foto: Domestika / @reactivo

Los efectos negativos de la crisis internacional se hicieron sentir igualmente, y, sobre todo, en el ámbito comercial. Así, en América Latina la crisis se tradujo en una fuerte degradación de los intercambios comerciales tanto en términos de volumen como de valor. El economista Carlos Quenan registra que “las monedas de los países de la región acusaron una sensible depreciación entre finales de 2008 y principios de 2009 seguida, desde marzo-abril de 2009, de una revaluación generalizada”.

De nuevo se plantea la idea del país salvador y de cómo la crisis permitió a los gobiernos tercermundistas reaccionar con medidas económicas. Sin embargo, de la idea utópica del neoliberalismo ya no quedaba nada, o casi nada. Con la intervención de las potencias se abrió paso a la conjugación del poder en pequeñas zonas, justo lo que por mucho tiempo se estuvo evitando.

CHILE, BRASIL Y ARGENTINA

Dentro del periodo de crisis, la necesidad de desarrollo de los países de Latinoamérica se vio arrastrada hacia un manejo del sistema neoliberal. La razón por la que algunos países latinoamericanos terminaron adoptando estos modelos va de la mano con las crisis que los volvieron vulnerables y las acciones que tomaron para no perecer. En su momento, el sistema neoliberal presentaba, al menos en apariencia, una serie de bondades: mercados abiertos, autonomía en cuanto al crecimiento y progreso; con la implicación de una estabilidad en los precios. Tristemente, lo que se obtuvo fue una versión contraria a todo lo descrito, que sólo fomentó el desarrollo de secciones muy pequeñas y específicas.

Antonio Elías, directivo de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, en un artículo que forma parte del libro Neoliberalismo en América Latina. Crisis, tendencias y alternativas, glosa la forma en que esta concepción de la integración regional para apuntalar la industrialización y reducir la dependencia quedó totalmente de lado en la etapa que comienza con la crisis de los setenta.

El sistema neoliberal que se dibujó a la ciudadanía pretendía ser la puerta del “desarrollo” que, siguiendo al investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), debe entenderse como la consecución de los siguientes objetivos principales: un crecimiento económico alto, duradero y sustentable del ingreso por habitante; la construcción de un sistema productivo auto centrado e integrado, es decir, que cuente con una base endógena de acumulación de capital y un sistema propio de innovación científica y tecnológica; la satisfacción de las necesidades básicas de la población en materia de alimentación, educación, salud y cultura, así como la satisfacción creciente de las necesidades humanas esenciales, lo que entraña el desarrollo y fortalecimiento de una democracia avanzada y participativa.

Manifestación en la Plaza Italia, rebautizada popularmente como Plaza de la Dignidad, en Santiago, Chile. Foto: EFE/Santiago

Con el paso del tiempo, a las administraciones no les quedó más remedio que buscar la manera de revertir su situación, tomando el poder durante elecciones y logrando que la prometedora izquierda ganara, aquella que anhelaba un cambio de gobierno y soñaba con uno que viera por la ciudadanía en general, antes que por los más poderosos.

El cambio radical que sufrió toda América Latina durante las últimas décadas se desató y aceleró debido a un cansancio y una desesperación generados en buena medida por los gobiernos. Las realidades nacionales de Brasil, Chile y Argentina son producto de su desarrollo histórico, las características de su población, entre otras causas. Sin embargo, un punto que diferencia a Argentina del resto, es la necesidad de generar un orden en los gobiernos con mayorías parlamentarias sólidas. En cuanto a Brasil y Chile, también se planteó la idea del cambio pero concluyó en un manejo inadecuado. Manuel Alcántara Sáez, en una nota publicada en El País en 2006, al referirse a los presidentes de Chile y Brasil traza su perfil en los siguientes términos: “inequívoca militancia izquierdista y adscritos a formaciones como el Partido Socialista chileno, con setenta años de historia, y el brasileño Partido de los Trabajadores, con un cuarto de siglo de andadura, no disponen de gobiernos monocolores ni con mayorías que les apoyan en sus respectivos Congresos, implementándose con mucha frecuencia decisiones ajenas al programa izquierdista presidencial”.

La izquierda no tardó mucho en convertirse en otra decepción. Presenta movimientos ajenos a los principios del partido y, al igual que la derecha, pasa a conseguir el poder mediante acciones populistas que le aseguran el voto del pueblo, mismo que parece condenado a equivocarse una y otra vez.

ECUADOR

Ecuador ha resaltado en los últimos meses por ser de los primeros países en levantar la voz y frenar los problemas que se estaban desarrollando en su territorio. El presidente de esta nación resulta un claro ejemplo de los partidos de izquierda que llegan al poder mediante ilusiones populistas que seducen a la gente y más adelante, cuando se tiene el poder, comienzan una reestructuración de los mandatos dejando de lado las propuestas de campaña.

En palabras del doctor Jonas Wolf, del Instituto de Investigación de la Paz con sede en Frankfurt, Alemania: “Durante la segunda mitad de 2017, el gobierno de Alianza PAIS se dividió efectivamente en dos campos y, a principios de 2018, Correa y sus seguidores dejaron el partido para construir un nuevo movimiento político que se suponía que debía defender la Revolución Ciudadana (Movimiento Revolución Ciudadana)”.

Manifestación en contra de las medidas de austeridad económicas adoptadas por el gobierno ecuatoriano. Foto: EFE/Quito

El gobierno ecuatoriano se vio envuelto en varias situaciones peliagudas, una tras otra en un breve periodo. El cambio de gobierno y el intento por detener la corrupción con el legado de la Revolución Ciudadana llevaron al presidente Lenin Moreno a adoptar medidas que apuntaran a frenar y revertir la crisis. En menos de dos años, el sistema neoliberal regresó al país como única esperanza de solución a los problemas causados por antiguos presidentes. Los ciudadanos se escandalizaron, levantaron la voz, fueron reprimidos y gracias a esta represión tomaron fuerzas para seguir de pie y lograr quitar del poder al presidente

PUERTO RICO

El caso de Puerto Rico constituye otro de los movimientos actuales importantes, en este ejemplo, además, puede distinguirse el papel de las redes sociales. La sociedad nunca había tenido tanto poder en las manos.

Gracias a la difusión de un chat de contenidos homófobos, sexistas y misóginos entre el gobernador Ricardo “Ricky” Rosselló y algunos de sus colaboradores más cercanos, fue que se abrió paso a una cadena de protesta donde los ciudadanos exigían la destitución del gobernador. Desde luego, es necesario remarcar que ni el resultado (la dimisión de Rosselló a principios de agosto del presente año) puede achacarse cien por ciento a las peticiones en redes ni la moción para su destitución fue consecuencia únicamente de los chats difundidos. Estos sólo funcionaron como la chispa necesaria para producir la explosión.

Ángel Bermúdez narra, en su cobertura para la BBC, que “la indignación por estos polémicos diálogos de casi 900 páginas de extensión se sumó al malestar existente por la acumulación de problemas económicos en la isla, a las duras consecuencias dejadas por el paso del huracán María en 2016 y al estallido de varios casos de presunta corrupción”.

Por su parte, Héctor Feliciano, para The New York Times, menciona que “la enorme movilización ciudadana y sus reivindicaciones indican que el deseo popular no sólo era forzar la renuncia de un gobernador, sino reformar todo un régimen político”.

Los cambios estructurales en el gobierno son asuntos que se desarrollan de manera lenta y que pueden verse envueltos en desviaciones que lleven a repetir algunas situaciones. Sin embargo, Puerto Rico, al igual que otros sitios de América Latina, ya ha comenzado con su movilización, rompiendo con años de silencio que indirectamente avalaban las decisiones egoístas de sus gobernantes.

Puertorriqueños pidiendo la renuncia de Rosselló por su participación, junto a miembros de su círculo íntimo en el gobierno, en un chat en el cual se mofan y burlan de periodistas, artistas y políticos. Foto: EFE/San Juan

PROTESTAS RECIENTES EN AMÉRICA LATINA

Una marea de protestas ha estallado en algunos países. Como si se tratara de un efecto dominó, pareciera que la influencia de uno sobre otro ha servido como detonante a tantos años de sumisión e inconformidad, ¿será la influencia de países cercanos lo que en algunos casos ha motivado a otros a seguir el camino de la rebelión? Hay dos casos claros de gobiernos derrocados en fechas recientes: Ecuador y Puerto Rico.

En el primero, hablamos de una destitución del poder a causa de un incumplimiento de palabra. El presidente Lenin Moreno comenzaba, en tan sólo dos años, a marcar rumbos diferentes a los establecidos y a optar por un sistema neoliberal que, más allá de mejorar las condiciones del país, terminaría por llevarlo a la ruina. Por otro lado, Puerto Rico representa el poder de las redes sociales y la capacidad que tienen los ciudadanos para alterar las condiciones a su favor. Ha bastado con la evidencia de chats misóginos para que se prendiera la mecha y comenzara la movilización.

Hasta la fecha de redacción de este texto, Chile lleva casi un mes de protestas masivas, en las que se expone la necesidad de terminar con el sistema de abusos y ofrecer una mayor igualdad. El país ha orientado sus esfuerzos hacia la necesidad de conseguir cambios en la Constitución, que data de la oscura época del régimen militar liderado por Augusto Pinochet. Si se respetan los acuerdos, Chile podría, por primera vez, tener una Constitución elaborada por un órgano electo y con participación de la ciudadanía.

REPERCUSIONES DE LAS PROTESTAS

Todas estas protestas (al igual que tantas otras) se han visto acompañadas por el odio y la empatía de editorialistas, analistas, usuarios de redes sociales y opinólogos en general, pero eso no es lo más importante. Quizá lo que más resalta y atrae la atención mundial es la cantidad de muertos y heridos que el gobierno ha causado en sus intentos por dispersar a la multitud y mantener el poder de la manera más cómoda y estable posible. La estela de ataques hacia los protestantes no ha logrado más que avivar el fuego, pareciera que más bien funciona como combustible para que la gente demuestre sus convicciones y capacidades.

Daniel Pardo de la BBC se muestra empático con los protestantes en pasajes como “esta es gente que está luchando desesperadamente por no caer en la pobreza. Es gente más educada, más curiosa, más desconfiada y escéptica de su gobierno, más intolerantes con la desigualdad y la corrupción, que están viendo a ver cómo hacen para sobrevivir como clase media”. Además, destacan como posibles consecuencias de las protestas el desarrollo de una sociedad más exigente con los próximos gobiernos, precisamente por la inestabilidad política que han sufrido en los últimos tiempos; el probable aumento de movimientos migratorios en caso de no recibir respuesta de sus gobiernos y, en el peor de los casos, una potente escalada en la violencia.

Foto: yediot.co.il

BALANCE DEL MODELO NEOLIBERAL

Es necesario considerar estos eventos como partes importantes en la historia de Latinoamérica. Las protestas han comenzado una ola de cambios que al menos dificultarán que se recurra al neoliberalismo por un largo periodo. Si bien la historia de Latinoamérica ha tenido sus altas y sus bajas, es muy probable que tras el proceso de cambio que se le viene encima a la zona, difícilmente vuelva a mostrarse tan sumisa y conforme como en otros momentos. El desapego al sistema neoliberal se ha dado de manera acelerada, lo que no deja de ser una sorpresa, ya que este sistema se había caracterizado por mantenerse más bien fijo en los países tercermundistas.

Como Arlene Ramírez Uresti, doctora en Relaciones Internacionales, atinadamente señala en un artículo para Forbes México: “Si analizamos el neoliberalismo desde la óptica latinoamericana, podemos decir que este surge como una crítica a las políticas desarrollistas del Estado benefactor proteccionista, y del modelo de sustitución de importaciones. Durante los primeros años de aplicación de esta doctrina, la historia nos comprueba que, en los países sudamericanos, el neoliberalismo fracasó en su intento por erradicar la inflación, disminuir los desequilibrios financieros y en lograr un crecimiento sostenido”.

Durante mucho tiempo, se ha considerado al neoliberalismo como alternativa de cambio, pero una vez que ha fallado resulta difícil confiar en sus postulados. En Latinoamérica se ha presentado, una y otra vez, como la estrategia más adecuada para combatir temas como la inflación. Jaime Ornelas Delgado, investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), plantea que “las acciones realizadas bajo la tutela del Fondo (Monetario Internacional) únicamente consideraban restricciones a la demanda, lo que trajo consigo elevadas y persistentes tasas de desempleo, así como reducciones permanentes en los sueldos y salarios. En consecuencia, el desempleo y la continua caída de los ingresos de los trabajadores de la ciudad y el campo fueron determinantes en la creciente pobreza que ha caracterizado al neoliberalismo en México”.

No resulta tan aventurado pensar que el neoliberalismo ha fallado. Los países del sur se han cansado y comienzan a exigir nuevas medidas que puedan brindarles mejoras reales de calidad de vida. Tras tantas y tan continuas protestas cabe preguntarse dónde dejan al modelo neoliberal esas reacciones. Quizás es muy pronto para responder objetivamente, pero parece que no queda más que como intento fallido, uno más a la larga lista, uno que ha provocado el resentimiento de las masas, resentimiento que en la actualidad ha pasado a convertirse en algo muy parecido al odio y la desesperación.

Un joven lanza una piedra durante enfrentamientos con Carabineros, en los alrededores de la Plaza Italia en Santiago (Chile). Foto: EFE/Santiago

MÉXICO

Las inconformidades no escasean, pues los grupos contrarios al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, no han cesado de manifestar sus desacuerdos, pero hasta ahora no se ha desatado nada de la magnitud de otros casos latinoamericanos. El reciente triunfo de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), partido identificado, al menos discursivamente, con la izquierda por el grueso de la multitud, ha reducido su volatilidad. Sin embargo, no debe obviarse la posible influencia de los movimientos en el resto del continente.

La etapa de esperanza que cubre al país es frágil. Cualquier movimiento mal calculado puede levantar más protestas en contra del gobierno que podrían escalar hasta llegar a ataques violentos. Las decisiones del presidente y su gobierno parecen generar dos reacciones primordiales: por un lado la fe en alcanzar el progreso por el que tanto se ha luchado, por el otro, el incremento de las inconformidades. Proyectos como el Tren Maya generan fuertes polémicas y conflictos, no faltan voces que lo consideren un retroceso que apunta al retorno de prácticas neoliberales. El clima inicial de euforia con el que muchos sectores recibieron el triunfo de López Obrador comienza a tornarse en uno de tensión y conflicto, y las consecuencias que una milésima decepción pueda provocar en el país, no están nada claras.

Rafael Lemus, en una columna de opinión publicada en The New York Times en julio del presente año, remarcaba que el presidente López Obrador ha ingresado a un laberinto neoliberal y para salir de este y “construir las condiciones de una economía distinta es necesario operar desde el interior de la economía neoliberal misma. Se trata de una tarea compleja que requiere, además de tiempo, montones de imaginación política”.

Por el momento, las decisiones tomadas y los proyectos a desarrollar que el gobierno ha ido presentando, tienen tintes populistas y neoliberales, sin embargo, no hay una gran proyección de estas suposiciones. Considerar que se aleja del neoliberalismo también sería una aseveración acelerada. Se le ha visto cancelando proyectos que afectan gravemente a algunos empresarios, pero no podemos asegurar que las decisiones se toman bajo la óptica de anteponer el bienestar de la ciudadanía.

Integrantes de una marcha feminista se dirigieron al Ángel de la Independencia y realizaron pintas en el monumento en Ciudad de México. Foto: El Universal

La efervescencia de los movimientos a lo largo de Latinoamérica recién ha comenzado, algunos de esos movimientos quizá pasarán a la historia, tal vez otros pierdan fuelle en el camino. La opinión pública arremete en muchas ocasiones contra estos grupos de supuestos “radicales”, se les difama e incluso se condena a quienes salen a las calles para exigir sus derechos. Sin embargo, esas personas están allá afuera, y a pesar del miedo salen a las calles para protestar, para luchar, para exigir mejores condiciones. Y lo hacen también por y a pesar de quienes permanecen en la comodidad de su sofá limitándose a criticarles o vitorearles en redes sociales, como si eso, por sí mismo, fuera a cambiar el rumbo de la sociedad.

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