El saco de las lesiones
Salud

El saco de las lesiones

Traumatismos nuestros de cada día

A la hora de practicar o atestiguar alguna actividad deportiva, es común que salga a relucir el tema de las lesiones. Una lesión es una alteración anatómica o fisiológica que ocurre en alguna parte del organismo; sus causas pueden ser una agresión con un arma u otro objeto, un accidente, una situación patológica. En ella caben desde contusiones hasta fracturas, desde intoxicaciones hasta quemaduras. Las consecuencias son igualmente variadas, el abanico de resultados incluye hemorragia, amputación, mutismo, sordera, ceguera, alguna deformación, secuelas de tipo nervioso, esterilidad, en fin. Los pacientes que sufren esta clase de padecimientos, y sus efectos, son el campo de trabajo de la traumatología.

A nivel mundial, los traumatismos producen más de cinco millones de muertes al año. Según el estimado de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el próximo año representarán uno de cada cinco problemas de salud en el orbe. Los países con ingresos bajos y medios, entre ellos México, acaparan el 90 por ciento de las muertes por traumatismo. Una explicación simple apunta a la falta de medidas preventivas y a sistemas de salud poco preparados para atender a los lesionados.

Cabe mencionar que los daños en la integridad física contribuyen a reforzar la pobreza de un pueblo, sus consecuencias económicas y sociales saltan de los individuos a las comunidades y de ahí a las sociedades.

De un modo un tanto incomprensible, la comunidad médica aún no presta suficiente atención al tema, hay una carencia de información sobre las lesiones y su gestión, así como datos fiables sobre morbilidad (cantidad de víctimas de un mal en un tiempo y un espacio determinado). Sin el sustento de los datos, no se proponen ni articulan programas o acciones de corte preventivo. El círculo nocivo se cierra con una financiación para investigación insuficiente y una lánguida capacidad para prestar servicios de rehabilitación adecuados. A lo largo y ancho del planeta suele destinarse menos del cinco por ciento de los gastos sanitarios a investigación y desarrollo de medicinas y tratamientos médicos. De esos recursos, una parte mínima se destina a tratar de comprender y atender los traumatismos.

Los traumatismos inciden en el PIB al incapacitar a personas en edad productiva. Foto: Archivo Siglo Nuevo / Intervenida por Hessie Ortega

DIMENSIÓN VEHICULAR

En el saco de las lesiones caben caídas, golpes recibidos, disparos, y un largo etcétera. Sin embargo, la principal aportación de corte mortal proviene de los accidentes vehiculares: 1.35 millones de vidas en todo el mundo se pierden cada año en siniestros relacionados con el tráfico. La estimación de personas que sufren daños no mortales abarca desde 20 millones hasta 50 millones de individuos, muchos de ellos quedan con alguna discapacidad.

Las pérdidas económicas son otro rubro de consideración. En esta columna se anotan los costos de los tratamientos y la pérdida de productividad de quienes mueren o no recuperan sus capacidades por completo, a eso debe agregarse el tiempo de trabajo, o de estudio, que los familiares deben invertir en atender a los lesionados. En suma, los siniestros viales cuestan a la mayoría de las naciones alrededor de un 3 por ciento de su Producto Interno Bruto.

Abundar en la cuestión económica, y en la necesidad de adoptar enfoques preventivos, es imperioso porque los traumatismos suelen cebarse en jóvenes y adultos en edad productiva: el 48 por ciento de los muertos en fatalidades viales se ubica en el rango de los 15 a los 44 años de edad.

Conducirse con apego a los límites de velocidad puede marcar una diferencia sustancial. El riesgo de fallecer de un peatón golpeado por la parte frontal de un automotor aumenta con la velocidad, se multiplica por 4.5 de los 50 a los 65 kilómetros por hora. En el caso de impactos laterales entre unidades que circulan a 65 kilómetros por hora , el riesgo mortal para los pasajeros es del 85 por ciento.

Fotos: quoteinspector.com

Combinar el volante con el alcohol, o con cualquier sustancia psicoactiva o droga, robustece las opciones de sufrir un siniestro con desenlace fatal o, mínimo, con lesiones graves.

En el caso de los motociclistas, una medida de seguridad elemental, usar casco, disminuye el riesgo de morir en casi 40 por ciento y el riesgo de acabar con heridas de consideración en más del 70 por ciento.

Ponerse el cinturón de seguridad no sólo previene las multas de tránsito, recorta hasta en un 50 por ciento el riesgo de fallecer en un accidente de los tripulantes delanteros de un vehículo. En cuanto a quienes viajan en asientos traseros, la reducción es del 25 por ciento.

Lleva una mano al mando y otra en el celular multiplica por cuatro las probabilidades de verse involucrado en un accidente con respecto a los conductores que no practican dicha suerte. El uso del teléfono interviene con la atención, limita la velocidad de reacción a la hora de frenar y de respetar las señales de tránsito, dificulta permanecer en el carril correcto y guardar la distancia adecuada entre vehículos. El manos libres no aporta una diferencia sustancial en términos de seguridad. De enviar mensajes de texto mejor no hablamos.

ATENCIÓN

Para un lesionado, la atención oportuna marca una diferencia sustancial entre el antes y el después del accidente. Sin ir más lejos, la demora para detectar los daños en el organismo aumenta la gravedad de muchas lesiones. La asistencia médica puede tener plazos críticos, hablamos de reacciones inmediatas, de minutos valiosos que salvan vidas. Sin embargo, en países como México, garantizar el acceso rápido a la atención hospitalaria es un pendiente sin resolver.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

El enfoque preventivo ayuda a reducir los alcances de los siniestros y sus traumatismos. En un plano asequible, basta con acciones elementales como la recta aplicación de las normas de tránsito. Eso bastaría para conseguir una disminución significativa en las defunciones y lesiones causadas por accidentes vehiculares.

El reto es mayúsculo si atendemos a las previsiones disponibles. Se prevé que para 2030, la cifra anual de fallecimientos relacionados con eventos sufridos al circular será de dos millones. También habrá muchas víctimas que no morirán, pero sufrirán lesiones que condicionarán su vida. Para todos ellos, y para quienes sufrieron caídas de consideración o golpes severos, ya sea en el trabajo o en el hogar o en cualquier lugar, la recomendación es acercarse a un traumatólogo en busca de posibles tratamientos.

Comentarios