Centenario de la Hammer
Nuestro mundo

Centenario de la Hammer

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Este año fue el centenario de la sonata para piano Hammerklavier. Beethoven la terminó en 1819. Popularmente se identifica como “la Hammerklavier” o como la número 29; los músicos de concierto y los especialistas como la opus 106 en Si bemol mayor. Su tercer movimiento y el tercero del cuarteto para cuerdas op. 132 son de mis favoritos. Me conecto con ellos porque son lentos, suaves y doloridos (el op. 132 no tanto), pero ambos vigorosos.

Para uno de los exploradores clásicos de la obra del autor de “la Novena”, Emil Ludwig, el tercer movimiento de esta sonata es “una de las piezas más profundas de Beethoven”. Se refiere al Adagio sostenuto apassionato e molto sentimento. (Para entender este título, supongo, no se necesita diccionario Spagnuolo-Italiano.) El propio Emil Ludwig define el movimiento como “una filosofía del dolor”.

Otro de los clásicos fieles de Beethoven, Max Steinitzer, se refiere a la Hammerklavier como “gigantesca creación sinfónica”. De su tercer movimiento dice: “El adagio en Fa sostenido menor de esta supersonata es un canto a la melancolía”.

Esa melancolía y esa filosofía del dolor que le encuentran la sugieren las muchas indicaciones que Beethoven anotó para guiar al intérprete del adagio (aparte de apassionato e molto sentimento del título: doloroso, con grande espressione e liberta; dolcissimo, calmato, tanquilo, misterioso e solenne, y hacia el final: Perdendosi como lontano y varios ritardando para imponer el ritmo lánguido de la melancolía. Tampoco para esto se necesitará el Spagnuolo-Italiano).

El melómano Ubaldo Vargas cita otras apreciaciones sobre el adagio de la Hammerklavier: de Lenz: “el adagio más noble y patético de toda la música pianística”; de Romain Rolland: “diálogo trágico del alma con el destino y su misión final en la melancolía”.

En una manualito acerca de la vida y la obra del compositor de la sonata Claro de Luna, Esperanza Pulido dice del adagio que “es uno de los movimientos lentos de Beethoven en los que tuvo por fuerza que volcar las amarguras de su alma y las injusticias de la vida hacia él”. Pero el gran compositor a pesar de esas injusticias nunca dejó de luchar con su música y de otras maneras (llegó a exigir salario) y escribió: “mi arte debe consagrarse a mejorar la condición de los pobres”.

En fin, el adagio es sólo uno de los cuatro movimientos de la gran sonata op. 106. El primero, Allegro, comienza con notas que parecen una llamada a poner atención porque luego viene una como aria donde se abrazan ternuras suaves y arranques frenéticos de amantes; el segundo, Scherzo. Assai vivace, es alegre, juguetón, con arrebatos de turbulenta expresividad; el cuarto, Largo-allegro risoluto, suena con una suavidad contagiada por el adagio que acaba de terminar y con los característicos arrebatos tempestuosos y toques de cielos azules entre nubes grises pero exhaustas. El final es exultante.

El tercer movimiento de esta gigantesca obra que el propio Beethoven nombró Grosse Sonate für Hammer-Klavier (Gran sonata para piano de martinetes) me hace sentir que bogo abandonado a la acariciadora corriente melancólica, fresca y pura de un río que se desliza lento y suave por la profunda oscuridad del seno telúrico.

En este tiempo en que libros y “motivadores” de superación personal han plagado la sociedad con la ideología del optimismo individualista sobrevivimos quienes confesamos ser seres melancólicos y depresivos que conviven con obras como la de Beethoven, de optimismo solidario y sombrías rebanadas de vida. De esta manera celebro el centenario de la Hammerklavier con la densa pesadumbre de su Adagio sostenuto apassionato e molto sentimento que nos dice que el Sordo de Bonn en su melancolía y en sus briosos arrebatos era solidario con todos los melancólicos del mundo.

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