La práctica del chemsex
Sexualidad

La práctica del chemsex

Un coctel de drogas para vivir el sexo

El roce de dos que se atraen despierta los sentidos. El olfato guía las caricias desde el cuello hasta el vientre mientras las manos temblorosas recogen la humedad de la entrepierna y el oído escucha la respiración agitada de alguien más que saborea con sus labios la temperatura de la piel ajena. Los ojos entornados encuentran uno, dos o más cuerpos embelesados y sudorosos, los cuales, como si el sexo fuese poca cosa, tragan, se inyectan, inhalan o fuman drogas sintéticas para incrementar el placer.

Esta orgía es un coctel llamado chemsex, amasiato de las sajonas chemical y sex, que cobró fuerza desde los noventa en Estados Unidos y Europa, y desde hace una década en el resto de América, donde comienza a abordarse como un asunto de salud, más que de placer extremo.

Describir los efectos de las drogas en un contexto de relaciones sexuales puede confundirse con la glorificación de su uso. Las sustancias químicas, se lee en estudios y en testimonios, desinhiben y propician efectos locuaces, sobrepasando los límites del comportamiento común; también incrementan el placer, prolongan el tiempo de duración del coito e, incluso, adormecen el cuerpo para facilitar la introducción de objetos sobredimensionados.

Las contraindicaciones no son tan visibles y sólo quienes las padecen pueden hablar con precisión de ellas; entre las físicas están el incremento en la tolerancia y frecuencia en el consumo de fármacos, así como mayor proclividad a las enfermedades venéreas, abrasiones del pene y traumatismo rectal; en cuanto a las secuelas psicosociales se presenta la pérdida de empleo, de recursos económicos, marginación social y, acaso las más abrumadoras: paranoia, soledad y locura.

El chemsex es la orgía de los sentidos llevada al extremo por drogas sintéticas, se refiere a una subcultura de usuarios de drogas recreativas, que realizan actos sexuales de alto riesgo con un componente extra. La ocurrencia es mayor entre los hombres que celebran el sexo con otros hombres.

Foto: Medium

Party and play (PnP) o slamsex son otros nombres que se le dan a estos encuentros asociados con la cultura gay donde la droga más usada, entre otras, es la metanfetamina, estimulante sintético creado hace un siglo y empleado en los soldados durante la Segunda Guerra Mundial para que pelearan sin descanso hasta la muerte.

EL ÉXTASIS SINTÉTICO

En Europa el chemsex se considera un problema de salud pública, debido al incremento en las enfermedades de transmisión sexual. El investigador Vincent Pelletier, quien se presenta como un “hombre gay que vive con VIH desde hace 25 años”, es director general de la Coalición Plus, agrupación internacional que lucha contra el avance del Sida en cuarenta países. En sus estudios, señala que las drogas usadas en el chemsex se toman de forma compulsiva, son altamente adictivas y accesibles por su bajo costo. “En promedio se ingieren seis dosis durante nueve horas, generando euforia intensa, aumento de la concentración, empatía y deseo sexual incrementado”.

No sólo se emplean metanfetaminas, también intervienen las drogas legales como el alcohol y los medicamentos para combatir la impotencia. Otros fármacos utilizados son el gamma hidroxibutirato y gamma butirolactona, sedantes líquidos cuyo efecto puede durar siete horas y producir euforia. Los riesgos: la pérdida de la conciencia, caer en coma o la muerte.

En el escenario del chemsex apareció una droga aún más económica: la mefedrona. Es la síntesis de la planta katinona, un arbusto que crece en Etiopía parecido a la planta de coca y que también tiene efectos estimulantes. Adquirió popularidad en el 2010 ante la crisis del éxtasis. Su presentación química es la de un polvo de colores cuyos efectos son euforia y estado de alerta, pero también paranoia, ansiedad y muerte.

Foto: Archivo Siglo Nuevo / Intervenida por Hessie Ortega

CHEMSEX EN BARCELONA

El doctor Percy Fernández Dávila pertenece a la organización no gubernamental Stop Sida, de España; se desempeña en el Centro de Estudios Epidemiológicos sobre Enfermedades Venéreas en Cataluña. Ha trabajado desde el 2002 en temas de la comunidad gay, su vinculación con las drogas y las enfermedades de transmisión sexual.

Respecto a los cocteles de sexo químico también entrevistó a 26 personas con una edad promedio de 38 años, quienes habían asistido a encuentros chemsex. Entre los resultados revela que el 80 por ciento de los entrevistados tenía estudios superiores; 35 por ciento eran extranjeros, la mayoría latinoamericanos; el 46 por ciento padecía VIH, y tres eran trabajadores sexuales. El 80 por ciento ganaba más de mil euros mensuales y el 19 por ciento estaban desempleados.

Su trabajo cualitativo reveló estados de soledad, depresión e incluso arrepentimiento. ¿Cómo se da el consumo de drogas en el ámbito gay?, fue una de sus preguntas. La respuesta de uno de los entrevistados, de 43 años de edad, fue: “Ha habido como un subidón (incremento) de drogas ¿no? Por lo menos lo que yo he visto en los últimos años, ha habido un subidón bestial. Se pone de moda drogarse, es como cuando salir implica que tienes que beber. Antes no se veía tanto, ahora sí se ve que salir implica drogarse”.

Algunos hombres tenían actitudes negativas hacia las drogas. Esta respuesta fue más común entre los latinoamericanos, pero cambió cuando frecuentaron o se integraron al ambiente, indica el estudio.

Otra característica entre los entrevistados por Percy Fernández fue la referencia a presentar sentimientos de soledad. No hubo una relación directa, pero en algunos casos estos sentimientos se podían calmar a través de la búsqueda de sexo y droga: “Muchas veces era hacer por hacerlo nada más, otras veces me ha gustado mucho, me ha encantado y me he quedado relajadísimo. Pero con un afán de buscar no sé qué exactamente. No sé si cariño o amor”, declaró un español de 34 años.

Foto: teletype.in

Consumía bastante porque tuve una pareja que consumía habitualmente, entonces como que me subí al carro y se produjeron situaciones a nivel sexual que ahora las pienso y me da hasta un poquillo de vergüenza. Tipo orgías, tipo gang bang, sin ningún tipo de precaución. Me daba la sensación de que no me valoraba mucho en ese momento, me daba exactamente igual que si me penetraba uno que si me penetraban 50”, continuó.

El sexo es una rica golosina que despierta los sentidos. Hay quienes lo experimentan utilizando drogas legales, como una copa de vino. Si bien es cierto que para una gran mayoría no representa un problema el consumo recreativo, sí lo es para algunos individuos que, en un punto de esta carrera frenética de placer, desean detenerse para pedir ayuda.

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