La vida está en otra parte
Opinión

La vida está en otra parte

Miscelánea

He cometido un error fatal, y lo peor de todo es que no sé cuál.

José Emilio Pacheco

Para la nota de hoy, reproduzco el título de una breve antología de cuentos, que con el pudor de una joven en su noche de bodas (bueno, de las noches de bodas de las niñas muy antiguas) estoy presentando en sociedad. Seis cuentos inspirados en el desencanto. Cuentos en los que como en la vida, algo se escapa siempre. Un pequeño detalle que desarma el entramado de nuestro control, haciendo añicos las expectativas.

Antes de emprender un vuelo, todo es verificado con precisión; pero eventualmente hasta los aviones se caen. Confiados en el poder que la juventud nos confiere, nos arrojamos a la vida sin paracaídas, sólo para descubrir que nada es como nos prometieron, ni se parece a lo que imaginamos. A veces, los hechos superan nuestras expectativas, aunque con más frecuencia de lo que nos gustaría, caemos de la nube en que andábamos y el golpe nos deja tullidos y con el alma erosionada. Ya nada será igual; sufrimos.

Pero la vida es circular y llegado el momento, secamos las lágrimas y en un territorio que no se presenta sino dentro de nosotros mismos, empezamos a retoñar. “Y cada primavera, cuando el árbol retoña, es mi espíritu, no el viento sin historia, es mi espíritu el que se estremece y hace cantar su follaje”. Sin que cuente para ello nuestra voluntad, un amanecer florecemos, y por qué no; estamos listos para entrarle de nuevo a la vida con la seguridad de que esta vez, con más experiencia, lo haremos mejor.

Y como tercos Sísifos, volvemos a trepar la piedra a la montaña, sólo para que con el peso de la vida, vuelva a caer. En su incesante marea, el tiempo nos levanta, nos encresta, nos hace sentir poderosos, magníficos, dueños de nuestro destino: tú puedes, ámate a ti mismo, cree en ti, todo depende de tu actitud. Ahora resulta que ser feliz es decreto presidencial. Todos felices, felices, felices, apelando a una sobrevaluada experiencia, que ante situaciones existenciales diferentes que nos exigen nuevas respuestas, no nos sirve para nada. Nuevos trabajos, nuevos amores, nuevas encrucijadas, nos obligan a reinventarnos. En el proceso de reinventarme, vuelvo a dar traspiés, me equivoco, y con suerte y altas dosis de flexiblidad, a veces la libro, a veces tampoco.

Pendejadas con fortuna / harás cada día una/ si no haces más de dos / debes dar gracias a Dios.” Mientras tanto, la vida pasa. También este 2019 está por expirar. La tarde es otoñal y tristona. Estoy por cumplir años otra vez y eso duele. ¡Que necedad la mía! ¿Es acaso la vida, una herida que sueña con ser curada? Estoy chípil, melancólica y chillona.

Me siento despojada: ¿En qué pliegue de los días quedó mi juventud? ¿El bullicio de mis niños?, ¿Dónde los besos? ¿Dónde tantas ausencias que han desamueblado mi vida? Ahora fue Cotilla, mi amiga colibrí, cascabelito de plata, tan chismosita ella; también murió, despojándome para siempre de nuestras tardes de té y simpatía.

Triste como estoy, me pesa más el hartazgo que me provocan los predicadores que desde el púlpito aconsejan: “ya pórtense bien, piensen en sus mamacitas”. Yo nomás pienso en los buenos consejos de mi mamacita y me dan ganas de portarme peor.

¿Qué se hace con esta sensación de que todo se está cayendo a pedazos; de que la vida ya no tiene de dónde agarrarse? Qué con la tristeza de sentir que cuando empezábamos a ser gente de supercarretera, regresamos a la veredita. ¡Fuchi! ¡Guácala! Y ahora, habiendo sacado mis enojos, ahí se los dejo pacientísimo lector para que haga lo que quiera con ellos.

Yo, expulsadas las toxinas y considerando que de todos modos no voy a salir viva de aquí, vuelvo a apostarle a la vida, que esta tarde me gusta mucho menos que antes, pero siempre me gusta vivir. Aún me quedan muchos libros por leer, y un jardín que necesita mi cariño; me digo mientras canturreo: Seguro que hay sol, mañana, que te apuestas que mañana, sale el sol.

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