La crisis momentánea del crudo
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La crisis momentánea del crudo

Panorama sobre la industria petrolera en México

El 14 de mayo de 2019 la noticia sobresaliente en los diarios internacionales fue el ataque de precisión contra campos petroleros en Arabia Saudita. La agresión singular, al usar un escuadrón de diez drones armados, tuvo como blanco pozos petroleros y la mayor refinería del mundo; la consecuencia inmediata, más allá de los heridos y daños materiales, fue el aumento en los precios del crudo casi dos puntos porcentuales para situarlo en 71.25 dólares por barril, repunte sin igual desde 1988.

El ataque, por supuesto, fue reprobado. Hubo acusaciones de terrorismo, aunque el interés se enfocó en la capacidad de reacción de los mercados así como en las fluctuaciones del precio, en las existencias vigentes y en el transporte marítimo del combustible más utilizado. El petróleo provee más de un tercio de la energía que se requiere en el mundo, por ello la preocupación por el abasto.

Desde su empleo como combustible en el siglo XIX, moldeó el perfil de las sociedades modernas, para bien y para mal. Por una “extraña maldición” la mayoría de los países productores padece situaciones de pobreza, sólo unos cuantos poseen fortunas extraordinarias.

En el caso mexicano, el petróleo “enloqueció” a la clase política desde la administración de José López Portillo, cuando se optó por incrementar el gasto corriente de la administración federal. Se redujo la inversión pública a pesar de tener suficientes reservas y ventas al extranjero, cuyas ganancias no se destinaron al desarrollo social y económico, situación que prevalece.

Como ejemplo reciente destacan los sexenios de Vicente Fox y de Felipe Calderón, durante los cuales el precio del barril rebasó los cien dólares, un monto récord que no se reflejó en el bienestar de la sociedad.

El desatino de Fox Quesada quedó de manifiesto cuando vaticinó la escasez del crudo: “dentro de nueve años (corría el 2010) no tendremos un sólo barril que vender al exterior; las exportaciones de petróleo son y han sido el sustento de nuestro presupuesto”, advirtió en abril de aquel año.

Foto: EFE / Ciudad de México

El augurio no se cumplió. El ingreso de recursos extraordinario tampoco se reflejó positivamente en la economía. Lo que sí se mantuvo fue la dependencia de las finanzas públicas hacia el llamado oro negro.

El crudo “es el excremento del diablo”, calificó en 1975 quien fuera ministro del petróleo de Venezuela en los años sesenta, Juan Pablo Pérez, al referirse al devenir contradictorio de los países del tercer mundo con amplias reservas de hidrocarburo, en los cuales la clase política monopolizó el recurso para ellos y sus aliados.

La espiral de corrupción, de equívocos administrativos y de apropiación fraudulenta del recurso natural, serían razones para emplear energías alternativas, además, claro está, del impacto ambiental que genera la quema de combustibles fósiles. Lo cierto es que a pesar de que en diversos momentos históricos el mercado del crudo se ha contraído, como ocurre en este cierre de año, se recupera casi de inmediato para continuar con su hegemonía en el contexto energético.

UN APRIETO MOMENTÁNEO

En el mundo, la demanda de petróleo descendió en el tercer cuatrimestre de este año. Se prevé que continúe así hasta el primer cuatrimestre del 2020, según las expectativas de la Agencia Internacional de Energía (AIE), organismo fundado en 1974 para coordinar respuestas colectivas de los países en casos de interrupción severa en el suministro del combustible.

Destacó la pronta respuesta de los mercados ante los ataques contra Arabia Saudita: dos días después de aquéllos “los precios del Brent retrocedieron. El logro de Saudi Aramco (la empresa estatal) en la restauración de las operaciones y el mantenimiento de la confianza del cliente fue muy impresionante”. El precio del barril retornó a un nivel de 58 dólares por unidad, incluso dos dólares debajo de la valía previa al ataque, reveló la AIE.

Foto: CGTN News

Para la agencia, el 2019 muestra un comportamiento bivalente en la demanda de petróleo. Durante los primeros seis meses el crecimiento fue mínimo, pero el cierre del año tendrá un incremento debido al sólido consumo de China y a la reducción del precio del barril, 30 por ciento menos respecto a los niveles de agosto del 2018. El próximo año será mejor, incluso el escenario más débil prevé un crecimiento por arriba de un punto porcentual del PIB petrolero mundial.

La demanda para el 2020 será, al comienzo del año, de 100 millones de barriles diarios; para el tercer cuatrimestre rondará los 103 millones, expone la AIE.

EL GIGANTE DE ALQUITRÁN

En México “el petróleo continúa representando un elemento central de la cohesión social e institucional (…) Puede parecer que cuando proliferan las industrias hi-tech y lo que se ha dado en llamar la nueva economía, reflexionar sobre el papel de las industrias del sector energético basadas en recursos naturales, significa interesarse en formas caducas o superadas del desarrollo económico”, escribió el experto Ángel de la Vega Navarro, economista de la Universidad Nacional Autónoma de México.

No sólo en México se mantiene aquel interés “en formas caducas” al continuar con el aprovechamiento de combustibles fósiles. Proyectos como el Johan Sverdrup en Noruega, que comenzó operaciones en octubre de este año con una producción de 200 mil barriles por día, menos de la mitad que proyecta para mediados del 2020, es un ejemplo de la creciente oferta y demanda del crudo. “Algunas personas dicen que deberíamos dejar de producir petróleo por completo, por el bien del clima. Pero creemos que Johan Sverdrup es un excelente ejemplo de por qué no deberíamos hacer eso”, se lee en un comunicado oficial.

La compañía Noruega afirma que su operación reducirá cuatro por ciento la generación de bióxido de carbono respecto al promedio mundial en la producción de cada barril.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

La demanda mundial de energía continúa aumentando, y aún tendremos una necesidad significativa de petróleo y gas en el futuro”, destacan los noruegos. Las nuevas plataformas marítimas tendrán una vida de 50 años.

México, por su parte, es vecino y socio principal del mayor productor y consumidor de petróleo del mundo: Estados Unidos. Debido a la “petrolización de las finanzas públicas”, es decir, a la dependencia del hidrocarburo, no detendrá su producción.

El consumo doméstico de energía primaria depende en un 88 por ciento del petróleo, revela el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Como muestra del interés por continuar la explotación del hidrocarburo, se revela el aumento de los pozos petroleros. En la página de Internet de la Comisión Nacional de Hidrocarburos del gobierno federal se ofrece el listado de “pozos productores de petróleo y gas asociado”: un archivo en formato Excel que registra más de siete mil 800 pozos productores, el doble de los que se tenían hace 16 años.

Por su parte, el gigante de alquitrán, Estados Unidos, se jacta de su independencia en la generación de crudo, al generar 12.6 millones de barriles al día, producción que logra colocar en el extranjero gracias al bajo precio del barril y a la demanda récord. Aunque emplea la cuestionada técnica de la fracturación hidráulica o fracking para obtener el combustible, no se vislumbra que modifique sus procesos productivos.

A pesar de los ataques bélicos, de las desacertadas políticas públicas, de la desigualdad económica que acarrea, e incluso de la abierta crítica por el impacto ambiental que genera el consumo del petróleo, este combustible fósil mantiene su hegemonía para mover al mundo. Aún está lejos el día en que se sustituya por completo el “excremento del diablo”.

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