Enfermedad psicosomática
Salud

Enfermedad psicosomática

La afección mental que contagia al cuerpo

La mente es lo que no forma parte del cuerpo, aquello impalpable con lo que damos sentido al mundo que nos rodea y que sin embargo repercute en el mundo físico. Creemos lo que nos dicta nuestra mente, nos guiamos por ella al tomar decisiones y, de hecho, las experiencias y la manera en que les damos un significado, son producto de ella. Es entonces algo esperado que la mente funcione estrechamente con el cuerpo, lo haga reaccionar a ciertos estímulos e incluso le transmita enfermedades. Ambos mundos están más unidos de lo que se puede pensar.

Algunas reacciones, como lo pueden ser las emociones, se sienten en el cuerpo. Si ponemos atención a las sensaciones, hallaremos que están ligadas íntimamente con los sentimientos.

Al tratar la enfermedad psicosomática hablamos de un proceso diferente, aunque con este origen común. Es aquella que se origina en la mente y que se vuelve parte del cuerpo; se caracteriza por causar síntomas físicos derivados de procesos emocionales como el estrés, la ansiedad o la depresión. El estrés puede ser causa de dolor de espalda o baja energía, al igual que la depresión. La ansiedad genera también problemas en el aparato digestivo, como acidez estomacal, dolor o falta de apetito. Estos ejemplos pueden ser un poco obvios, pero la enfermedad psicosomática es mucho más que esto.

MANIFESTACIONES

Los síntomas psicosomáticos pueden ser dolores de cabeza, mareo o vértigo, gases y otras molestias digestivas, disnea o dificultad para respirar, taquicardias, así como malestares muy comunes como la fatiga, debilidad o dolor en articulaciones o músculos.

Hasta ahora, parece que muchas molestias podrían tener un origen mental, y no es para menos, ya que son en general síntomas crónicos, de aparición constante y que en 2007 abarcaban el 80 por ciento de los servicios sanitarios, según la endocrinóloga Nicoletta Sonino y el psiquiatra Giovanni Fava en el estudio Medicina psicosomática: tendencias y perspectivas emergentes.

La ansiedad suele generar problemas en el aparato digestivo. Ilustración por: Hessie Ortega

Entre las enfermedades psicosomáticas se encuentra la hipertensión, el asma o la rinitis alérgica, el intestino irritable, la cefalea tensional (dolor de cabeza por tensión), las úlceras en el estómago, la impotencia y otras disfunciones sexuales, la alopecia o pérdida de cabello, la psoriasis que se manifiesta con erupciones en la piel, así como otros problemas dérmicos como el acné. El insomnio y otras afectaciones del sueño, como su interrupción, también son parte de los trastornos originados en la mente.

La lista puede ser larga y su origen puede ser un tanto misterioso. Decir que la mente causó un malestar implica preguntarse lo que se ha hecho y lo que pasa con nosotros para que el cuerpo reaccione de esta manera. Pero, al margen de la culpas y la autosanación, es necesario tomar en cuenta que los síntomas son avisos para cambiar algunos hábitos de nuestra higiene mental y que la psicoterapia en estos casos puede complementar el tratamiento médico.

ORIGEN

Soma y sema son concepciones heredadas de Platón. La primera se refiere al cuerpo y la segunda significa tumba: el cuerpo como la muerte del alma. Así, se nos plantea una idea que se repite hasta el surgimiento del psicoanálisis: la separación de cuerpo y alma o, como le llamamos hoy, la mente.

Soma se refiere a lo que es puramente relacionado al cuerpo. A diferencia de lo psíquico, que se traduce como lo que ocurre en la mente y no necesariamente en el cerebro, su órgano físico.

La separación de la mente y el cuerpo es un tópico que a lo largo de la historia ha tenido intentos de resignificarse, incluyendo así la comunicación estrecha que tienen. Para el yoga y el budismo esta relación era un poco más obvia al buscar el equilibrio entre ambas, pero este conocimiento debió estar al alcance del mundo científico para indagar más en él.

Foto: sterholme.com.uk

La ambigüedad del término psicosomático, se dio a medida que se agregaba conocimiento a la relación cuerpo y mente desde el punto de vista médico. Al indagar en la etiología de las enfermedades físicas, surge el problema de que algunas no tienen una explicación física y se encapsulan en una lista de afecciones cuyo origen no es demostrado en su totalidad por la medicina, llegando así a una acepción no del todo satisfactoria.

Fue en 1818 que el término psicosomático fue introducido por el médico alemán Johann Christian August Heinroth, sustentado en la psicogénesis, corriente que estudiaba el orden psíquico para explicar un comportamiento o fenómeno y que había influenciado la medicina de la época. Así se dio origen a la idea de que existía un trastorno psicosomático que, a pesar de no tener especial popularidad en los círculos médicos, llamó tiempo después la atención del psicoanálisis y de la psicología dinámica.

En el terreno de la psicología estas ideas eran adelantadas. Las siguientes contribuciones fueron más lejos, puesto que al final de la década de los sesenta se postularon modelos que apuntaban a lo multifactorial, como el del psiquiatra estadounidense George Libman Engel en La necesidad de un nuevo modelo médico: un reto para la biomedicina (1977). El origen de la enfermedad ya no se explicaba en este punto mediante una simple relación de la mente con el cuerpo, sino del individuo también con su sociedad; la enfermedad es producto de la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales.

La definición de lo psicosomático aceptada por la medicina y la psicología actuales, es aquella que hizo el psiquiatra polaco Zbigniew Lipowski en 1986. Este autor tiene en cuenta que la enfermedad debe abordarse interdisciplinariamente, mediante la evaluación de factores psicosociales, que hacen de la persona alguien vulnerable, y la asistencia clínica de estos, así como una intervención que aborde la prevención, el tratamiento y la rehabilitación.

Un factor que ilustra bastante bien lo arraigada que está la concepción de salud como un todo multifactorial son las historias clínicas. Las utilizadas por médicos incluyen datos que describen a la persona de manera mucho más general y no únicamente en función de su padecimiento. En ella se encuentran datos que se relacionan de manera obvia con la salud, por ejemplo los que tienen que ver con lo familiar, tanto en antecedentes de enfermedades hereditarias, como en calidad de vida: hábitos alimenticios o actividades deportivas.

Foto: rachelraymag.com / Hanna Barczyk

La historia clínica en la psicología, sin embargo, tiene en cuenta la religión del paciente, consideraciones sobre el periodo embrionario que tuvo y datos de la historia familiar que en el proceso psicológico pueden dar luz sobre los síntomas y padecimientos.

Hoy sabemos que la depresión se relacionan con el consumo de comida rápida. El riesgo aumenta en un 51 por ciento al alimentarse con estos productos por seis años seguidos, esto según un estudio realizado por la Universidad de Navarra.

En cuanto al coeficiente intelectual, los resultados no son más favorables. En un artículo publicado en la Revista Europea de Epidemiología de la Universidad de Adelaida, se puede leer que en niños de ocho años el impacto en su coeficiente es de dos puntos por debajo de quienes tienen una alimentación sana.

Las recomendaciones para contrarrestar la depresión, una enfermedad con síntomas físicos como la falta de energía, insomnio, dolor de cabeza, entre otros, no son únicamente el tratamiento médico y la terapia psicológica, sino que requieren de algunos cambios en la calidad de vida de la persona. Tomar paseos al aire libre, estar de vez en cuando en contacto con la naturaleza, comer saludablemente, cuidar la higiene y el arreglo personal; todo esto puede significar una mejora en quienes sufren depresión. Pero no hay que olvidar que uno de los aspectos más importantes es el apoyo de las personas cercanas.

LA COMUNICACIÓN MENTE – CUERPO

Hemos hablado del estrés como causante de urticaria, acné y otras afecciones. Incluso hay enfermedades, como el síndrome de corazón roto, que provocan microinfartos al ocurrir una decepción o emoción fuerte. Pero, ¿cómo se establece esta comunicación de cuerpo y mente? Para Frances Wimbush y Margot Nelson en el artículo Estrés, enfermedad psicosomática y salud (2000), es resultado de una activación del sistema nervioso autónomo que suspende el sistema inmune. Es decir, la manera en que nos sentimos nos hace más vulnerables físicamente.

De acuerdo a estos autores, cuando un estresor es percibido, los órganos que son estimulados por tejidos nerviosos reciben un exceso de hormonas de estrés que estimulan la función del órgano e incrementan su tasa metabólica. Entonces los órganos no tienen oportunidad de relajarse y enferman.

Ilustración por: Hessie Ortega

Hasta ahora parece que el estrés es causante de un sinfín de enfermedades; lo cierto es que es bastante común: el 75 por ciento de los mexicanos lo padece, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y existe con ello y con su manifestación más extrema, el distrés, riesgo cerebrovascular, es decir, de ser causa de problemas físicos en el cerebro.

Pero lo psicosomático no se reduce únicamente al estrés. En el artículo Enfoque simplificado para el trastorno de la somatización: cuando menos puede probar ser más de la revista Postgraduate Medicine, se menciona la relación que este tipo de síntomas guarda con un 55 por ciento de los casos de depresión mayor, 34 por ciento de los casos de ansiedad y 26 por ciento de los trastornos de pánico. Lo más inquietante está en el porcentaje más elevado, un 61 por ciento en los trastornos de personalidad.

Se puede concluir, a muy grandes rasgos, que lo psicosomático es solamente una expresión de lo que las personas somos realmente, una interacción multifactorial donde un aspecto termina afectando a otro y en el que no se puede disociar lo que interesa en temas de salud. No sólo no se puede separar la mente en relación con el cuerpo, sino que lo social y cultural se inmiscuyen en la salud de manera irremediable, así como nuestra percepción del mundo.

No se trata de una relación casi mágica en la que el síntoma físico está ligado a una afección psicológica específica, sino que en el análisis a fondo puede encontrarse la mejora más profunda y no una solución temporal. El terreno de la mente es sumamente complejo y hacerse responsable de ella puede ser un proceso largo, pero eso puede traer bastantes satisfacciones.

Esta responsabilidad es también del profesional. Al disociar el síntoma de otros aspectos no físicos, no solamente se dejan fuera del análisis otras perspectivas: un estudio sesgado podría separarnos de la posible mejora, pero también nos aleja de la perspectiva humana con la que debe verse a quien sufre una enfermedad.

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