La brutalidad de Marion Sims
Sexualidad

La brutalidad de Marion Sims

Pecados raciales de un médico

Considerado como el padre de la ginecología moderna, James Marion Sims fue un ginecólogo americano nacido en Lancaster, Carolina del Sur, en 1813. Sus aportaciones e investigaciones siguen siendo un referente en la actualidad.

Durante muchos años, su nombre era símbolo de prestigio y orgullo ante la comunidad médica. Contaba con una estatua en Central Park, en la ciudad de Nueva York, frente a la Academia de Medicina (NYAM por sus siglas en inglés) de la cual fue parte. Sin embargo, el 17 de abril de 2018 fue removida por las autoridades ante las miradas expectantes y emocionadas de un grupo de mujeres que se abrazaban y celebraban que, finalmente, el rostro del doctor dejara de observar a todo aquel que caminara sobre esa acera. 

Biografía

Nacido el 25 de enero de 1813, Marion Sims cursó sus estudios universitarios en la Universidad Médica de Jefferson, en Filadelfia, Pensilvania. Ya como doctor, tardó un par de años en encontrar el lugar donde finalmente se establecería. 

En 1845 fundó en Montgomery, Alabama, un hospital exclusivamente para mujeres. Fue ahí donde realizó una serie de investigaciones y experimentos que lo convirtieron en el responsable de encontrar el método idóneo, hasta antes de él desconocido, para reparar la fístula vaginal, una condición incapacitante producto de un parto largo y complicado. Sims no solo innovó con su técnica, sino que presentó un diferente prototipo de espéculo (artefacto para dilatar cavidades) con el cual, gracias a su diseño, se volvió más fácil  acceder a las paredes vaginales, sin lastimarlas, para ampliar el campo de visión. El mismo diseño sigue usándose en la actualidad. 

Mujeres protestando contra la supremacía blanca frente a la estatua del doctor Sims en la ciudad de Nueva York. Foto: WVXU

INNOVACIÓN

Sims encontró la manera de reparar la fístula vaginal, condición que afectó gravemente a las mujeres del siglo XIX. Esta consiste en un orificio que conecta la vagina con otro órgano, por ejemplo, con la vejiga, el colon o el recto. 

Las mujeres que la padecen no pueden controlar el paso de secreciones como orina, fluidos o heces a través de su vagina, provocando graves problemas de higiene, úlceras y dolor en la zona genital. En la época del doctor, la principal causa de la aparición de esa condición eran los alumbramientos; al ser el parto natural la única opción para proceder, las mujeres tenían que soportar largas horas de trabajo antes de que su bebé diera su primer respiro. 

Para llegar al que se convertiría en el método para repararla, Sims invirtió cuatro años de su vida en operar, siguiendo la pauta de prueba y error, a un grupo de mujeres que la padecían. La razón por la que su nombre ha sido ensombrecido y su estatua en Nueva York retirada, no radica en su investigación ni los resultados de ésta, sino en la manera en la que la llevó a cabo. 

¿RACISMO O INOCENCIA?

En la época en la que Sims era un doctor de Alabama existieron dos hechos que influyeron profundamente en su trabajo: la esclavitud era permitida y la anestesia todavía no hacía su triunfal aparición. Las operaciones que realizó durante 1845 y 1849 se guiaron bajo tales premisas.  

Enfocado en encontrar una manera de reparar la fístula vaginal, el grupo de pacientes que eligió fueron esclavas a las cuales compraba exclusivamente para operarlas, o pedía autorización de quienes se creían sus dueños; pacientes que no dieron su consentimiento y tuvieron que someterse a horas de dolor mientras el doctor intentaba, una y otra vez, alcanzar su objetivo. 

Espéculo diseñado por Sims. Foto: medium.com

Si bien cuando comenzó a operarlas no existía la anestesia como tal, sí contaba con otras drogas que podría haber utilizado como el opio, sustancia con propiedades analgésicas, el cual sí empleó en ellas pero solamente durante el proceso de recuperación. En 1846 se comenzó a administrar el éter como componente para realizar cirugías sin dolor, justo un año después de que Sims comenzara su investigación. Sin embargo, a pesar del gran protagonismo que adquirió tal técnica, el doctor de Lancaster decidió no utilizarla. 

No se sabe con certeza el número de esclavas afroamericanas que atendió en su hospital, se mencionan desde 11 hasta 16 féminas. Lo que sí se conoce es el nombre de al menos tres de ellas, debido a que Sims llevó un diario donde asentó sus avances, inquietudes y observaciones. Lucy, Betsy y Anarcha fueron sus nombres. 

De Lucy, escribió: “Era antes de la época de los anestésicos y la pobre chica, sobre sus rodillas, aguantó la cirugía con gran heroísmo. Estaba postrada y pensé que moriría”. Esa primera operación fue un fracaso y, antes de que pudiera recuperarse, incluso sin esperar que la inflamación de la joven disminuyera, decidió operarla nuevamente. 

Anarcha llegó a sus manos a la edad de 17 años. Con un parto que había durado aproximadamente tres días, la joven fue intervenida por Sims alrededor de 30 veces, hasta que, finalmente, pudo lograr en ella resolver el enigma de la fistula vaginal empleando una sutura de plata. Tampoco usó anestesia en dichas cirugías. 

Llegó a escribir en sus diarios que la operación no requería de anestesia porque el dolor no era tan imposible de sobrellevar. Pero sus decisiones van más allá. Justo cuando encontró la cura comenzó a operar a mujeres caucásicas que tenían la misma condición, con una ligera variación: en ellas sí empleó anestesia. En aquella época, la percepción que se tenía sobre los afroamericanos estaba plagada de discriminación y racismo. 

Foto: mediamoxye.com

Los prejuicios raciales fueron ampliamente difundidos durante el siglo XIX y eran aceptados socialmente como realidades objetivas. Johann Blumenbach y Georges Louis Leclerc fueron representantes y difusores de una teoría que aseveraba que las razas no blancas, especialmente la negra, tenían inferioridad física, moral e intelectual.

Edward Long, cuyos textos fueron empleados en pro de la defensa de la esclavitud, los definió como “brutales, ignorantes, holgazanes, taimados, traidores, sanguinarios, ladrones, desconfiados y supersticiosos”. 

El médico Charles White, aunque personalmente se oponía a la esclavitud, consideraba a los afroamericanos en una posición más cercana a la de los monos que a la de los caucásicos. Afirmaba que "tenían el cerebro más pequeño, los órganos sexuales más grandes, olían a mono y eran insensibles al dolor". 

Resulta más sencillo ser inmune al sufrimiento de otra persona, cuando no se le atribuye su característica de ser racional. Justo como comentó la historiadora y experta en ética de la medicina Harriet A. Washington a la plataforma BBC Mundo: "Una de las mayores teorías médicas sobre los afroaestadounidenses era que no sentían dolor, o al menos no sentían dolor como los blancos. Una creencia muy conveniente si quieres abusar de ellos durante la cirugía". 

Sin embargo, hay personas que consideran que las acciones de Sims son producto única y exclusivamente del contexto en el que vivió. El profesor de ginecología y obstetricia de la Universidad Washington de San Luis, Lewis Wall, afirma que “No tenemos una apreciación real de cómo era una cirugía antes de que la anestesia se convirtiera en parte de una operación. Todo el mundo reconocía que había dolor en la cirugía [...] no creo que Sims haya infligido deliberadamente dolor a sus pacientes, creo que estaba tomando una decisión terapéutica de arriesgarse para beneficiarse”. 

Marions Sims obligó a mujeres afroamericanas a someterse a cirugías sumamente doloras e incómodas, en las que eran sujetadas por varios hombres. No se niegan ninguna de sus aportaciones a la genética moderna, sino que se cuestiona su valor ético como médico. Sus avances no justifican la manera en la que los logró ni el daño que causó.

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