Apoyos cuestionables del Conacyt
Ciencia

Apoyos cuestionables del Conacyt

Subsidios que escapan a la luz social

Arca Continental es la segunda empresa embotelladora de refrescos más grande de América Latina. Según sus datos “atiende a 118 millones de personas en México, Argentina, Ecuador, Estados Unidos y Perú”; sus informes financieros reportan un crecimiento en las ventas netas del 6.7 por ciento en el tercer trimestre del 2019, lo que significa poco más de 42 mil millones de pesos. De enero a septiembre de este año, las ventas netas de la empresa trasnacional rebasaron los 121 mil millones de pesos, monto superior al presupuesto que tendrá el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para el 2020, que será de 82 mil 585 millones de pesos. Aun así, la oficina gubernamental concedió a una de las subsidiarias de Arca, Bebidas Mundiales S. A. (Bemusa), 30 millones de pesos como estímulo fiscal.

La medida despertó críticas, sobre todo porque el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, cuestionó en el pasado la entrega de recursos públicos a empresas privadas: “todo el presupuesto (del Conacyt) se lo llevaba el sector privado […] todo era subsidio para el sector privado” y pese a ello “no se hacía investigación, incluso se bajó el nivel”, afirmó el mandatario mucho antes de que se anunciara la nueva remesa que tendrán las organizaciones privadas para el siguiente año: 400 millones de pesos.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

El concepto de esta entrega monetaria es el Estímulo Fiscal a la Inversión en Investigación y Desarrollo de Tecnología, figura asentada en la Ley del Impuesto Sobre la Renta en su artículo 202, que a la letra estipula: “Se otorga un estímulo fiscal a los contribuyentes del impuesto sobre la renta que efectúen proyectos de investigación y desarrollo tecnológico, consistente en aplicar un crédito fiscal equivalente al 30 por ciento de los gastos e inversiones realizados en el ejercicio en investigación o desarrollo de tecnología […]”.

Este artículo define el significado de los gastos e inversiones en investigación y desarrollo de tecnología, son aquellos “realizados en territorio nacional, destinados directa y exclusivamente a la ejecución de proyectos propios que se encuentren dirigidos al desarrollo de productos, materiales o procesos de producción, que representen un avance científico o tecnológico”.

Para operar el estímulo se creó el Comité Interinstitucional formado por funcionarios del Conacyt, de las secretarías de Economía y de Hacienda, de la Presidencia de la República y del Servicio de Administración Tributaria, el cual elige a los beneficiarios. El subsidio no debe ser mayor a los 50 millones de pesos por contribuyente.

Si las empresas privadas cumplen con las reglas generales, se les exige por ley que conciban patentes que deben quedar registradas en México, además de informar sobre la aplicación de los recursos económicos. Sin embargo, no determina que el desarrollo científico o tecnológico que se logre con el dinero público, deba transferirse a la sociedad o que sea de uso extendido a los sectores que lo requieran.

María Elena Álvarez-Buylla, titular de Conacyt, presentando Programas Nacionales Estratégicos en una conferencia mañanera en el Palacio Nacional.  Foto: Notimex / Ciudad de México

Es decir, por ley, el gobierno federal está obligado a subsidiar a la iniciativa privada en materia de investigación y desarrollo en tecnología. Aunque ésta no se enfoque en el beneficio a la sociedad.

ESTÍMULOS FISCALES PARA...

El 11 de septiembre de este año, el Comité Interinstitucional autorizó un monto total de 406 millones 276 mil 997.49 pesos que se distribuirá entre 31 empresas privadas que operan en el país.

Sobresale, por el monto recibido y el concepto presentado, Bebidas Mundiales, con 30 millones 226 mil pesos, dinero que utilizará para “investigación, desarrollo e innovación de ecosistema tecnológico inteligente para competitividad global en procesos de alto impacto en la manufactura de bebidas en plantas piloto”, sea lo que esto signifique. Sin embargo, por el giro, se refiere a refrescos embotellados que han sido señalados como causantes de obesidad y diabetes.

Ilustración: Hessie Ortega

Otra de las firmas beneficiadas es Frutícola Velo, S.A. de C.V., la cual se dedica a la producción, empaque y comercialización de aguacate hass. Ésta surgió en los noventa como continuidad de una empresa familiar asentada en Uruapan, Michoacán, y provee a los mercados nacionales y extranjeros con más de 16 mil toneladas de aguacate. La firma recibirá 50 millones de pesos que empleará en el “mejoramiento en la calidad y extensión de vida de anaquel del aguacate de exportación mediante el diseño e implementación de un proceso innovador para la clasificación, selección, desinfección, enfriamiento y empaque”.

Productos Farmacéuticos Collins, S.A. de C.V., obtendrá el estímulo de 50 millones para el “diseño de planta piloto para el escalamiento y validación de compuestos farmacéuticos sólidos orales para salud humana”.

Finalmente, Laboratorio Silanese es otra de las firmas que recibirá 24 millones de pesos para el “desarrollo de una plataforma innovadora de medicamentos para el tratamiento y control del dolor y enfermedades no transmisibles de mayor impacto a nivel nacional”. Ambas pertenecen al ramo farmacéutico, área que provee costosos medicamentos.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

Por su parte una más de las empresas beneficiadas con 50 millones de pesos es Schaeffler Transmisión, dinero que destinará al “desarrollo de un nuevo proceso para la fabricación de elementos de transmisión automotriz cadena CVT (transmisión continuamente variable) y TC (convertidor de torque)”.

“Desarrollo” e “innovación”, son las palabras que abren la puerta al beneficio fiscal y, aunque las reglas de operación vigentes exigen la participación de universidades en los desarrollos, no aparece el término de “transferencia” de esta tecnología para el beneficio público.

APORTACIÓN PRIVADA

El presupuesto para el año entrante en investigación, ciencia y tecnología se incrementó con respecto al año anterior, pese a ello no alcanza el equivalente al 0.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Por años, México no ha logrado invertir si quiera el uno por ciento del PIB a la ciencia, indicador que resalta si se contrasta con otros países como Israel, donde se destina el 4.58 por ciento del PIB a la investigación y desarrollo. Este presupuesto es el mayor en el mundo, seguido por Corea que aplica el 4.55; lo más sobresaliente es que, en ambos casos, el porcentaje va en crecimiento.

Para que ello ocurra se requiere de la inversión del sector privado, participación que, en el caso de México, es menor si se contrasta con el gasto generado por el gobierno: de acuerdo al Conacyt en el 2017, del cien por ciento del gasto en investigación y desarrollo experimental, el 67.5 por ciento lo aportó el sector público, y el sector privado contribuyó con el 20.4 por ciento. El restante 12.1 procedió de otras fuentes no especificadas en este informe.

La contribución de la iniciativa privada ha disminuido desde el 2012, año en que participaba con el 24.4 por ciento de la inversión para investigación. Su menor nivel de aportación fue en 2014 cuando solo invirtió el 19.5 por ciento, por lo que el gobierno tuvo que aumentar el gasto hasta el 71.3 por ciento.

La política de subsidio a las empresas nacionales y extranjeras en materia de ciencia y tecnología continuará, no sólo por ley, sino por decisión política. Así lo ha expresado la directora general de Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, al afirmar para el periódico La Jornada que “no podemos enajenar a la iniciativa privada de manera violenta o drástica, porque hay necesidad de fortalecer los medios de producción del país. No vamos a tener innovación soberana sin una alianza con las industrias nacionales que sean capaces de escalar, por ejemplo, la producción de los medicamentos”, argumentó.

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