El irlandés que pintaba casas
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El irlandés que pintaba casas

La mirada gánster de Scorsese

El relato comienza con un envejecido exmiembro de la mafia italiana llamado Frank Sheeran, un irlandés que cuenta cómo comienza su trayectoria, sin gran interés en el poder y en la violencia, al realizar robos de mercancía mientras trabajaba como chofer de un camión de carga.

Esto lo lleva a conocer al líder criminal Russell Bufalino y al líder del sindicato de camioneros con vínculos delictivos Jimmy Hoffa, quienes se convierten en amigos cercanos del irlandés. A partir de ello se narra un camino largo que pasa por la vida de los delincuentes a través de décadas. Los problemas y la intriga se hacen notar en una trama donde las sorpresas no son pocas. Sin embargo, la intención va más allá de eso.

The Irishman está escrita por el guionista Steven Zillian y es la vigesimoquinta película del aclamado director Martin Scorsese. Después de apartarse de las producciones de gángsters y pasar por una bastante afortunada etapa que dio como resultado películas como Shutter Island (2010), de suspenso, o la polémica El Lobo de Wall Street (2013), nominada a cinco categorías de los Óscar, el director vuelve con The Irishman (2019) a este subgénero que ha sido tan importante en su filmografía.

Foto: medium.com

Ésta se une a películas de Scorsese como Mean Streets (1973), Goodfellas (1990) o Casino (1995), de la misma temática. Sin embargo, The Irishman pretende abarcar bastante en su hilo narrativo. A través del protagonista se cuenta tanto su historia como la de Jimmy Hoffa, además de la actividad del crimen organizado durante los años cincuenta en Estados Unidos y la manera en que sus miembros se inmiscuyen en los círculos del poder político.

El contexto de Estados Unidos aparece en varias escenas, como el asesinato del presidente John F. Kennedy, pero también está en un detalle del pasado de Sheeran, quien es un veterano de guerra y en ello se encuentra una especie de justificación hacia su interés por convertirse en asesino a sueldo. Tanto él como Bufalino son personajes no explosivos y muchas veces metódicos.

PINTAR CASAS

Basada en el libro I heard you paint houses (Escuché que pintabas casas) del investigador estadounidense Charles Brandt, el filme cuenta la historia de Sheeran quien, después de robar carne y vendérsela a los círculos de la mafia italiana, comienza a ofrecer sus servicios como matón. La frase en clave para este ofrecimiento era, de hecho, “pintar casas”, es decir, que ejecutaba hombres que debían a la mafia o tenían problemas con ella y, como resultado del disparo hecho por Sheeran, la sangre pintaba paredes.

El rumor corre entre quienes buscan los servicios del protagonista, y se vuelven clientes asiduos al tiempo que lo empiezan a considerar parte de su círculo. En este lapso se relatan situaciones que van desde lo cómico hasta lo violento y dramático, haciendo mención de las secuelas que tiene la actividad de la mafia.

Foto: EFE/Los Ángeles

Los grandes estudios se negaban a realizar The Irishman como la planteaba su director. Es un momento en que las grandes productoras optan por modelos vendibles para tomar la mayor ganancia posible, por lo que una película de tres horas y media, que además se diferencia de otros filmes del cineasta por mantener un ritmo no vertiginoso, podría ser una apuesta difícil.

Martin Scorsese había hecho declaraciones sobre la baja calidad del cine más popular de la actualidad y cómo es que se llevan a cabo producciones con fórmulas ya hechas. El director optó por llevar su película a la plataforma de streaming Netflix para obtener las libertades que deseaba. La estrategia para llevar la cinta a las premiaciones de los Óscar fue llevarla a algunas salas antes de su estreno en Internet, ya que como requisito, las nominadas tienen que haber sido proyectadas en cines.

DISCURSO

Para la película se reunieron actores que han estado en el cine de Scorsese anteriormente, como Robert De Niro, Joe Pesci y Harvey Keitel. Al Pacino, por su parte, había participado en The Godfather (1972) y Scarface (1983), no como parte de la característica filmografía de Scorsese, pero sí como una pieza importante del cine de gángsters.

La ambición de la producción y del reparto parece servir como revisión de la carrera profesional de Scorsese, pero también dar un mensaje definitivo acerca del drama que se desenvuelve en las mafias.

Aborda así una dimensión dramática que envuelve a los familiares de los personajes que se mueven en círculos criminales, pero va más allá tomando en cuenta el paso del tiempo. Lo que este factor hace a las personas es bien conocido, pero la narrativa, que nos lleva a través de diferentes etapas de la vida de los delincuentes, en que ellos se ven también como víctimas del tiempo y de sus acciones pasadas, da un vuelco importante sin caer en un tono moralizante.

El discurso nos muestra cómo el esfuerzo, la gran influencia de estos personajes y la forma en que escalan y adquieren poder, pierden importancia con el paso del tiempo. Pone en cuestión si tiene sentido esa carrera criminal, si realmente con ello se logra lo que un padre querría hacer: proteger a sus hijos y su familia, quienes en realidad se sienten vulnerables por la misma figura del criminal.

Al Pacino, Robert DeNiro y Martin Scorsese en la premiere de The Irishman en Londres, Inglaterra. Foto: EFE/London

El ritmo pausado de la película y las tomas hechas desde ángulos mucho menos extravagantes de lo usual, como alguna vez lo hizo en Taxi Driver (1976), nos hacen notar que Scorsese se encuentra en una etapa de revisión y de reflexión sobre su propia obra, aunque no por ello significa que esta pieza no haga una aportación importante a su cine.

La violencia es capturada en The Irishman de manera imprevista, remarcando su carácter terrible, pero haciendo sentir al público que es cercano a perpetradores retratados de manera completa, con sus conflictos familiares, la búsqueda de aprobación y la calidez que pueden ser capaces de brindar. El punto cúlmen se da, de hecho, en el dolor de Sheeran al tener que ejecutar una traición ordenada por el círculo mafioso.

La vida personal de ellos no termina siendo una normal, pues ni siquiera está separada de sus empresas delictivas, sino que absorbe todo y lo transforma, pero no de manera tan visible. Frank Sheeran, al igual que el protagonista de Goodfellas (1990) es un irlandés interpretado por Robert De Niro, quien tiene dificultades para expresar sus emociones. Esto y su actividad criminal lo llevan a tener una relación distante con su hija.

Todo lo anterior hace de The Irishman una película diferente en su género, razón por la que el actor Joe Pesci, que no estaba interesado en participar en otra cinta más de gángsters, finalmente accedió a participar en ella luego de bastante insistencia.

Hacia el final del filme, Sheeran se encuentra en el asilo donde comienza el relato. Se nos cuenta cómo es que la soledad lo envuelve y se ponen en cuestión las actitudes criminales que perpetúa. Algunos policías intentan obtener información sobre lo que ocurrió mientras él estaba en la mafia y a quién se le puede responsabilizar de algunos crímenes. Sheeran no responde a sus preguntas, a lo que los oficiales indican que no entienden su negativa, pues ya todos han muerto.

La soledad y lo absurdo de las empresas de la mafia se encuentran allí. Si al final todo acaba, ¿cuál es la verdadera ganancia que se obtiene de esa violencia? Los crímenes se retratan como una persecución del poder, una inercia que no pueden abandonar y que los deja intentando una cosa tras otra para mantenerse vigentes y poderosos, inamovibles para continuar en una cima que constantemente se tambalea y que al final los dejará solos.

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