AMLO en 2020
Opinión

AMLO en 2020

Jaque Mate

Si bien el 2019 fue un año de decepción, sobre todo porque la economía mexicana se estancó, en este 2020 hay mayores esperanzas. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha demostrado ser el mejor comunicador que jamás haya ocupado la Presidencia. Sus desplantes de austeridad, como dejar de usar el avión presidencial o convertir Los Pinos en centro cultural, resultaron muy populares, aunque en realidad el gobierno siga pagando el alquiler del avión. y además de un hangar en California, y aunque Palacio Nacional resulte una oficina presidencial mucho menos eficiente que Los Pinos. La magia cotidiana surge de las mañaneras, esas conferencias de prensa que resultan la más eficaz arma de propaganda política.

En política de gasto, el presidente ha resultado ser un sorprendente conservador. Nunca un gobierno anterior mantuvo un control tan férreo sobre las finanzas públicas. El déficit de presupuesto ha desaparecido casi totalmente. La recaudación ha subido, a base de amenazas a los contribuyentes cautivos de que serán encarcelados y sus bienes confiscados si no pagan lo que el gobierno quiere, mientras que la austeridad se ha enseñoreado de las oficinas públicas. Esta política tiene virtudes. No ha habido un aumento de la deuda pública y el peso ha mantenido su cotización frente al dólar, que muchos pensaron se dispararía en lo que esperaban fuera un gobierno populista.

El presidente López Obrador ha cambiado las prioridades del gasto social. Si en el pasado el propósito era otorgar servicios públicos, muchos de ellos encauzados a las familias de menores recursos, como los apoyos a las estancias infantiles, hoy lo que se busca es repartir recursos directamente a distintos grupos de la sociedad. El programa de apoyo para adultos mayores se ha ampliado para incluir a personas de clase media y alta; otros programas son nuevos, como el de Jóvenes Construyendo el Futuro, que busca ayudar a los ninis, a quienes ni trabajan ni estudian.

Las dádivas directas tienen un mayor impacto electoral que otros programas sociales. Los beneficiarios tienden más a agradecer personalmente al político que las aprueba, que a quienes establecen instituciones. Las dadivas, sin embargo, pueden ser menos eficaces como política pública. En los países desarrollados, particularmente los europeos, los mayores avances se han logrado a través de la disponibilidad de servicios públicos y no de dádivas directas.

Cualquiera de las dos filosofías de gasto social, las dádivas directas o las instituciones, requerirá, sin embargo, de un mayor crecimiento económico. El presidente López Obrador generó la esperanza de que, al combatir la corrupción, provocaría de inmediato un mayor crecimiento. No fue así. En 2019 se produjo una caída importante en la actividad económica, que pasó de una expansión de 2 por ciento anual a un estancamiento. La falta de certidumbre sobre las políticas económicas del gobierno y la falta de aprobación del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá fueron los principales factores (T-MEC).

Pero en este 2020 las cosas cambian. Ya nadie tiene duda, para bien o para mal, de las políticas económicas del gobierno, mientras que el T-MEC ya es una realidad. Esto da certeza para la inversión. Pero la contraparte es que el gobierno no podrá ya culpar a nadie de sus problemas. AMLO y su equipo son los únicos responsables.

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