El arte de prolongar el placer
Sexualidad

El arte de prolongar el placer

Técnicas para disfrutar más el encuentro en pareja

Julio Cortázar lo escribió: “Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará”. Qué nos hace humanos y cómo lo hace, son preguntas que se han planteado a lo largo de la historia. Entre las posibles respuestas se encuentra el placer.

Según la Real Academia Española (RAE) éste es el “goce o disfrute físico o espiritual producido por la realización o la percepción de algo que gusta o se considera bueno”. Se manifiesta de distintas maneras: al leer un libro que emociona, al dormir después de un día agotador o al recibir una delicada caricia.

El placer sexual también se encuentra en la lista. Consiste en la excitación producto de estímulos eróticos, ante los cuales el ser humano es sumamente sensible. Las caricias, el roce de los órganos sexuales, el coito, el observar a la pareja desnuda, producen una satisfacción que se busca llegue a un clímax.

El orgasmo es el más alto nivel de excitación que se puede alcanzar mediante la estimulación erótica. En los hombres, comúnmente viene acompañado de la eyaculación, que implica la contracción de los músculos de la próstata, los muslos, la cadera y la base del pene. En las mujeres, cuando se experimenta el clímax ocurren espasmos involuntarios en la vagina, el útero y el recto; así como movimientos reflejo en manos y pies. Ambos sexos comparten el aceleramiento del ritmo cardíaco y respiratorio, así como el aumento de la tensión arterial.

Aunque el orgasmo no es la única forma de disfrutar plenamente un encuentro sexual, el estudio del cómo, cuándo y por qué ocurre ocupa gran parte de las investigaciones sobre sexualidad. Gracias a esto, se han descubierto diversas técnicas para potencializar y alargar el clímax. Entre ellas están aquellas que favorecen la respuesta sexual expandida (RSE), el tantra y el peaking.

Foto: Alexander Krivitskiy/Pexel

RESPUESTA SEXUAL EXPANDIDA

La respuesta sexual expandida (RSE) es definida como “la capacidad de alcanzar orgasmos prolongados, múltiples o sostenidos (status orgasmus) que duran más tiempo y son más intensos que los patrones de orgasmos clásicos”. Es un fenómeno que se estableció recientemente, por lo que existe poca información sobre sus implicaciones.

Las mujeres son más propensas a ser multiorgásmicas porque su periodo refractario (el tiempo de recuperación entre un orgasmo y otro) es casi nulo. Es así que pueden experimentar los llamados status orgasmus, cuya duración alcanza desde uno hasta 10 o 15 minutos, lapso en que se llegan a presentar hasta 30 micro orgasmos. Cabe mencionar que menos del uno por ciento de la población femenina mundial ha alcanzado este tipo de placer.

Debido a las escasas investigaciones que existen sobre el fenómeno, las características que determinan si una mujer ha vivido respuesta sexual expandida son muy difusas. Sin embargo, en un estudio presentado por el profesor H. Ümit Sayin, en la Universidad de Estambul, se lograron establecer ciertas diferencias entre un orgasmo normal y uno producto de la RSE. En el último caso, aumentan el placer y el alivio sexual, incrementa la duración de la experiencia orgásmica y la presencia de micro-orgasmos, y hay más propensión a vivir alteraciones del estado de conciencia durante el clímax.

Estas últimas se manifiestan cuando, al alcanzar un nivel de goce extremo, el individuo es incapaz de responder ante estímulos, tanto de sí mismo como de su entorno. Si bien existen casos en los que mujeres han presentado alteraciones del estado de conciencia durante orgasmos simples o múltiples, en la RSE toma mayor importancia. Quienes alcanzan este estado han sentido que vuelan o que está ocurriendo un terremoto, ven figuras geométricas y colores destellantes, tienen experiencias extracorpóreas y distorsión del espacio-tiempo.

Algunas características de las mujeres con RSE, que pueden tomarse en cuenta para acercarse a este fenómeno, son:

1) Tienen los músculos del piso pélvico más fuertes, por lo que es posible mejorar los orgasmos ejercitando esta área. Los entrenamientos de este tipo, llamados ejercicios de Kegel, consisten en contraer y relajar la zona vaginal.

2) Se masturban habitualmente, pues la autoexploración es clave para conocer qué es lo que provoca más placer.

3) Tienen fantasías eróticas con más frecuencia que las mujeres sin RSE, y comúnmente utilizan juegos y objetos sexuales. Estas prácticas favorecen la desinhibición durante el acto sexual, haciendo posible una exploración erótica más disfrutable.

4) Tienen mayor experiencia sexual, aunque determinan que el número de parejas no es tan relevante, sino la calidad de las relaciones.

La RSE suena irreal, pero es posible alcanzarla practicando los aspectos antes mencionados y añadiendo otras técnicas, como el tantra.

TANTRA

Los textos tántricos datan de hace más de cuatro mil años y provienen de culturas orientales como el budismo o el hinduismo. El tantra es una experiencia basada en el pleno conocimiento de la energía que abunda en el Universo y nuestro papel dentro de ella.

Su significado, aunque establecido de manera distinta por diversos autores, parte del mismo punto. Para  Alexander Berzin, erudito del budismo, es “alargar o continuar sin ruptura"; Chögyam Trungpa, autor del libro Spiritual Materalis, establece que es “como el hilo que engarza las cuentas de un rosario”.

Jambhala, dios tibetano de la riqueza, en práctica tántrica con su consorte. Foto: Joe Mabel/Wikimedia

El tantra es reconocer la individualidad sin tabúes o prejuicios. Entre sus enseñanzas se encuentra la búsqueda del placer sexual derivado de la energía que fluye entre la pareja durante la intimidad. Existen cuatro pilares para llevarlo a cabo:

1) Aceptarse a uno mismo y aceptar a los demás. Al afrontar las virtudes, defectos, capacidades y complejos, se disfruta plenamente la vida y, por lo tanto, la sexualidad.

2) Vivir el momento presente a través de los sentidos, lo que permitirá enfocar energía en lo que ocurre aquí y ahora.

3) Expresar lo que se siente y se piensa. Para poder dar y recibir, es necesario expresar qué es lo que cada uno quiere y siente.

4) Seguir un movimiento armónico y fluido, lo cual no se refiere necesariamente al aspecto físico, sino a equilibrar los ritmos propios con los de la pareja.

La relevancia del sexo en personas tántricas radica en que, al conocerse profundamente, sus momentos de placer máximo no están enfocados solamente en la eyaculación. En cambio, al poner en práctica los pilares, el clímax se llega a sentir en todo el cuerpo de forma más duradera y placentera.

En la cultura oriental antigua, se creía que cuando el hombre eyaculaba se despojaba de fuerza vital, por lo que debía evitar que esto sucediera en pro, también, del placer femenino. De esta manera, los orgasmos masculinos aparecían sin que la eyaculación se hiciera presente, constituyendo una de las enseñanzas tántricas en las que el hombre también se puede convertir en un ser multiorgásmico. En la actualidad, a la acción de frenar el orgasmo para tener un clímax más duradero y placentero se le denomina peaking.

Foto: Scott Sanker/Unsplash

PEAKING

Significa llegar a la cima, aunque sería más adecuado entenderlo como “controlar la subida a la cima”. La premisa de la técnica es sencilla: justo antes de llegar al orgasmo, tanto el hombre como la mujer deben frenar el alto grado de excitación para posponer el momento del clímax. Así, cuando finalmente llegue, será más intenso. El conocimiento del propio cuerpo es fundamental para llevarlo a cabo.

Cuando el orgasmo esté a punto de hacer su aparición, se debe retrasar lo más posible: “surfear la cresta de la ola orgásmica”, en palabras de la terapeuta sexual Nathalie Giraud Desforge.

Algunas formas de posponer el orgasmo son: controlar la respiración, relajar los músculos, cambiar de estímulo erótico, jugar, dejar al último el tacto de los genitales o detenerse completamente. Lo más importante para que estas técnicas funcionen es disfrutar el momento, expresar qué sí es efectivo y qué no, tener paciencia y cuidar de la pareja para que finalmente la llegada al clímax sea mutua, larga y  sumamente placentera.

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