El propósito de la vida es existir
Nuestro mundo

El propósito de la vida es existir

Nuestro Mundo

Y aquí vamos otra vez, con muchas o pocas expectativas, con mucha o poca fe respecto a cómo se portará la vida con nosotros. La nave va con la misma carga, los pasajeros somos los mismos, con alegrías y tristezas, con afanes y desafanes, con salud y enfermedad, con sueños y pesadillas, con ilusiones y desilusiones.

Nada cambia si nosotros no lo hacemos, si no es magia, hasta a la Cenicienta se le acabó la fiesta cuando dieron las 12, así a nosotros. A toda acción corresponde una reacción, así que podemos empezar a saber cómo estará el año que inicia a partir de lo que hicimos o dejamos de hacer. La buena fortuna es para unos cuantos, el premio mayor es sólo uno, la casa del Tec es para un solo ganador, los golpes de suerte son fortuitos, la disciplina, aunque difícil, es el único camino certero de resultados y aun así debemos ponderar eventualidades que están fuera de nuestro control.

Es bien fácil, hacer un balance es usar el hemisferio izquierdo, frío, racional, sujeto a una métrica de haberes y deberes. Aunque debo decir que a veces la vida se parece más a la bolsa de valores, acciones que bajan o suben de acuerdo al comportamiento de muchos factores, aún así el riesgo que tomamos es volitivo, nadie nos obliga a nada, aunque luego andemos buscando cómo transferir culpas o remordimientos o insatisfacciones. Por eso si nosotros somos los que llevamos verdaderamente el timón de la existencia, si nunca hemos puesto el piloto automático, si no hemos permitido que el copiloto, cualquiera que éste sea, maneje nuestras decisiones, podemos concluir con certeza que hemos sido responsable de lo bueno y de lo malo que nos acontece.

Es imposible que no nos equivoquemos, pero si hay consciencia podemos controlar y enderezar la nave, la famosa frase de “si hacemos lo mismo, tendremos iguales resultados”, nos entra por un oído y nos sale por el otro. Es que no es fácil hacer veredas, es más cómodo seguir el camino hecho, aunque sea sinuoso e implique más riesgos, la verdad es que en el fondo a nadie nos gusta batallar, la famosa historia de la pavera en la que no cabía el pavo es real, alguien dijo que era la única manera de cocerlo, en ese recipiente pequeño, justo e inadecuado, creímos a pie juntillas que así tenía que ser porque mamá lo cocinaba en ella, pues error porque mamá también se equivoca y papá también y nuestros mentores y guías igual, y es que ¡son humanos!

Tampoco se trata de cambiar por cambiar. Lo que sea necesario ajustar deberá hacerse con el tiempo y precisión adecuada, un cambio que llega tarde es inoportuno y pierde contundencia, debemos ser permanentes observadores de nuestra existencia, poner los ojos en nuestra conducta antes que en la conducta de los demás, porque si nosotros no nos damos cuenta de lo que es susceptible a corregir, ¿entonces quién? Tal vez abramos los ojos cuando tengamos un problema franco con alguien más, o cuando el cuerpo reaccione a nuestras agresiones o cuando perdamos a quien más queremos. Puede ser que nuestra conducta no le agrade a mucha gente, pero hay reglas de oro que nos guían: lo que hago ¿le hace daño a alguien?, lo que decido ¿es congruente?, lo que pienso ¿es real?, lo que digo ¿es considerado? ¡Ah! Y esto no es un examen que amerite una sola respuesta, habrá tantas como personas existan, ya sabremos cada uno de nosotros si queremos engañar a nuestra razón y a nuestro corazón con las respuestas que demos.

Y como no estamos solos en el mundo, lo que sea que creamos o pensamos de nosotros mismos afecta a los demás, sobre todo, a quienes tenemos más cerca.

Si concluimos que nos equivocamos, reparemos. Si dijimos algo que ofendió, juzgó y condenó pidamos disculpas, aunque quien fue afectado ni si quiera sepa que actuamos mal. Si queremos engañarnos sigamos con la venda en los ojos, porque esa también es una decisión, pero si no, hay que quitarla y procurar nunca más dejar de ver por conveniencia.

El propósito de la vida es existir, aunque suene redundante y obvio, existir es más que vivir, porque implica compromiso, porque es más que una acción mecánica como lo es respirar. Existo para buscar, para aprender, para amar, para errar, para resolver, para creer, para crear. Hagamos de cada día de nuestra existencia una oportunidad de ser y dejemos atrás eso que no nos ofrece más nada que una rutinaria vida que hace mucho dejó de sorprendernos. ¡Vivamos con valentía!

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