Ernesto Cardenal y su eterna rebeldía
Literatura

Ernesto Cardenal y su eterna rebeldía

Poeta, sacerdote, activista y revolucionario

Ernesto Cardenal, a punto de cumplir 95 años, es considerado un fuego de la libertad en Latinoamérica. El poeta une el lenguaje místico con el épico, los problemas del proletariado de su pueblo con la magia de lo cotidiano, la ironía con la intensidad de la vida moderna.

El autor nicaragüense ha sido una de las figuras más importantes de América Latina, no sólo en materia de literatura, sino también en el mundo político y social de la región. Su imagen le dio la vuelta al mundo tras ser reprendido públicamente por el papa Juan Pablo II, en 1983, por ser uno de los más destacados defensores de la llamada teología de la liberación, lo que también lo llevó a ser un personaje polémico en la orden católica.

Su obra poética ha sido reconocida en todo el mundo de habla hispana y le ha merecido galardones como el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2009 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2012. En 2005 fue nominado al Premio Nobel de Literatura y, cinco años después, fue destacado como miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua.

VIDA Y OBRA

La Casa de los Leones, hoy conocida como Casa de los Tres Mundos, es posiblemente la mansión más emblemática de Granada, Nicaragua. Fue fundada en 1720 y 200 años más tarde, después de múltiples remodelaciones, fue adquirida por la familia Cardenal. Fue así como el 20 de enero de 1925, siendo hijo de Rodolfo Cardenal y Esmeralda Martínez, nació Ernesto Cardenal en el seno de una familia bastante influyente en esa ciudad.

Casa de los Tres Mundos. Foto: contraste505.com

Vivió una infancia católica y artística mientras cursaba la primaria en colegios religiosos. El mismo poeta ha comparado su niñez con la de Ruben Darío: “Rubén, cuando hace los recuerdos de su infancia, dice que él era un niño devoto que se confesaba todos los sábados en la iglesia de San Francisco. Yo me confesaba también todos los sábados en la iglesia de San Francisco, que estaba al lado de mi casa”. Se tiene registro de que sus primeros poemas fueron escritos a los siete años como apenas esbozos de lo que se convertiría en una gran obra.

A sus 15 años ingresó al Colegio Centroamérica de los Jesuitas en Granada, donde completaría sus estudios de bachillerato. En 1942, se trasladó a México e ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En esta época publicó sus primeros poemas.

De 1947 a 1949 se doctoró en la Universidad de Columbia en Nueva York. Al concluir sus estudios, viajó a España, Francia, Suiza e Italia para explorar y aprender otras de sus pasiones artísticas: la pintura y la escultura.

Después de su estancia en Europa, regresó a su natal Nicaragua, donde permaneció siete años. Luego se trasladó a Estados Unidos en 1957 para formar parte del monasterio de Nuestra Señora de Getsemaní en el estado de Kentucky, donde se convirtió en monje trapista de la orden del Císter y también en discípulo del gran teólogo escritor Thomas Merton, con el cual, por cierto, mantuvo una amistad cercana (muchos años más tarde se publicaría un libro con la correspondencia entre el poeta y Merton). A finales de 1959 regresó a México para estudiar teología en Cuernavaca.

A mediados de los años sesenta se mudó nuevamente a Nicaragua y se involucró profundamente en el ambiente político del país, principalmente en el apoyo del arte. En 1965 se ordenó como sacerdote en Managua y, poco tiempo después, fundó una escuela de pintura primitiva que ha sido muy apreciada en Nicaragua y en el extranjero. También inició un movimiento poético y político entre los campesinos basado en una interpretación libre y revolucionaria del Evangelio.

Foto: Roman Bonnefoy

Ernesto fue reconocido internacionalmente por su labor social durante los eventos de la Revolución Sandinista en Nicaragua. Por ser promotor de la paz e imponer esta idea en su obra artística y literaria, se le otorgó el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán en 1980.

Heredó la Casa de los Leones a finales de los ochenta y, junto al actor austriaco Dietmar Schönherr, la rebautizó como la Casa de los Tres Mundos en 1989. Se trata de una iniciativa de desarrollo cultural donde convergen corrientes artísticas de diferentes naciones para ampliarse e impulsarse. Aquí se apoya económicamente a creadores centroamericanos. Éste es uno de los proyectos más longevos de Cardenal, pues hasta la fecha es presidente honorario.

REBELDE

Durante más de dos décadas, la familia Somoza encabezó un régimen totalitario en Nicaragua, provocando un alto nivel de pobreza en amplios sectores de la población, así como problemas de desigualdad, corrupción y explotación laboral. Los movimientos de protesta fueron perseguidos y torturados. Sin embargo, varios de éstos se unieron para formar el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en el cual Cardenal fue un miembro activo.

Un rasgo importante de la Revolución Sandinista fue el papel de la Iglesia y, sobre todo, de la teología de la liberación. Ésta es una corriente católica que surgió como respuesta a la situación de pobreza en la que vivía gran parte de la población de América Latina. Es una toma de conciencia ante la necesidad de eliminar la explotación, la falta de oportunidades y las injusticias de este mundo, pues señala que la situación desfavorecedora de la mayoría de la población es consecuencia de un pecado social, ya que contradice el designio de Dios que se basa en la salvación y en la prosperidad del humano. Las iglesias, entonces, se convirtieron en refugios y en espacios para la difusión del mensaje revolucionario.

El papa Juan Pablo II reprende a Ernesto Cardenal ante Daniel Ortega, presidente del FSLN. Foto: Reuters

Cardenal fue uno de los principales referentes de la teología de la liberación. “Lo que más nos radicalizó políticamente fue el Evangelio. Todos los domingos en la misa comentábamos con los campesinos en forma de diálogo el Evangelio, y ellos con admirable sencillez y profundidad teológica comenzaron a entender la esencia del mensaje evangélico: el anuncio del reino de Dios. Esto es: el establecimiento en la Tierra de una sociedad justa, sin explotadores ni explotados, con todos los bienes en común, como la sociedad que vivieron los primeros cristianos”, recuerda.

Con el triunfo de los sandinistas, Ernesto se convirtió en ministro de cultura. El 4 de marzo de 1983, con motivo de la gira papal, Juan Pablo II llegó a Nicaragua. Ernesto Cardenal se arrodilló para besar la mano del pontífice y éste la retiró, lo señaló y le dijo: “Antes tiene que reconciliarse con la Iglesia”. La imagen se convirtió en un ícono de la historia Latinoamericana. Un año más tarde, el papa Juan Pablo II suspendió del ejercicio del sacerdocio a Ernesto Cardenal debido a su afiliación política. También a su hermano menor, Fernando Cardenal, y a los sacerdotes Miguel D'Escoto y Edgard Parrales. Sin embargo, en febrero de 2019, mientras Cardenal se hallaba en la cama de un hospital, el obispo Silvio José Báez se arrodilló, pidió su bendición y le informó que el papa Francisco había levantado su suspensión.

En los noventa salió del Frente Sandinista de Liberación Nacional por diferencias con las nuevas posturas que habían aparecido en el movimiento. Ernesto Cardenal criticó a sus líderes por haberse enriquecido y por haber traicionado los ideales de la revolución a la que había dado su apoyo la Iglesia de la Liberación.

A la fecha, el poeta se mantiene firme en su postura de búsqueda de justicia para los grupos sociales más vulnerables, convencido además de que la cultura debe ser accesible a toda persona.

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