Wag the Dog
Cine

Wag the Dog

La perversidad de la clase política

La película norteamericana Wag the Dog aborda una serie de acontecimientos políticos dentro de Estados Unidos, antes de que éstos ocurriesen en la realidad: el affair entre Bill Clinton y la becaria Mónica Lewinsky, la invasión a Irak bajo la presunción de fabricación de armas nucleares y el paso de terroristas árabes por la frontera canadiense (la menos vigilada) con la intención de atacar el territorio norteamericano, son asuntos que se consumaron después de la proyección en 1997 de la película. Como una suerte de premonición, aquellos hechos forman parte de la trama central del filme.

El largometraje, protagonizado por Dustin Hoffman y  Robert De Niro, reafirma además la dependencia de Estados Unidos hacia la guerra para mantener el estilo de vida norteamericano.

La obra se basa en la novela American Heroe de Larry Beinhart, publicada en 1993, cinco años antes del escándalo sexual entre el presidente William “Bill” Jefferson Clinton y la becaria Mónica Lewinsky. Se centra en la creación de un héroe con el cual se distrae la atención de la opinión pública para garantizar la reelección del presidente en turno.

Destacan en la producción que dirige Barry Levinson, las “cortinas de humo”, las cuales, incluso, son acogidas por las administraciones norteamericanas en la realidad, para mantenerse en el poder.

Clasificada por algunos como comedia, la película no se aleja del contexto actual al plantear como apropiada la creación de un héroe que cautive a las masas. Apoyándose en todo momento de los medios masivos de comunicación, especialmente de la televisión (si no se transmite en la televisión no es verdadero), se gesta una cadena de mentiras para lograr que la opinión pública fije su atención en asuntos distintos a los que comprometen la reelección del presidente norteamericano.

La trama comienza cuando el mandatario de Estados Unidos (en la película) recibe la visita en la Casa Blanca de un grupo de exploradoras. A una de ellas la invita a conocer el Salón Oval, el mismo donde Lewinsky le practicó felatio al presidente que gustaba de tocar el saxofón (en la vida real). El desliz que ocurre días antes de las elecciones amenaza con terminar la carrera política del presidente (en la película), mientras que en la vida real sí fue el acabose de Bill Clinton.

Para salvar la reelección aparece en escena el “reparador” Conrad Brean (Robert De Niro) un subrepticio asesor que propone crear una guerra contra Albania (¿Por qué Albania? -¿Por qué no? ¿Quién sabe dónde está Albania?). Para consumarla contrata al productor cinematográfico Stanley Motss (Hoffman) quien acepta encantado el reto de fabricar con medios digitales la revuelta contra aquel país de la península balcánica. La complicidad de los medios informativos es primordial, por ello la directora de comunicación de la presidencia, Winifred Ames (Anne Heche), en todo momento dicta “la línea” a los reporteros, quienes son presentados como el primer eslabón de la cortina de humo.

Foto: imdb.com

El comportamiento del rumor y su efectividad para la distracción, la confabulación de los periodistas para fijar la agenda informativa, las elaboradas producciones televisivas para convencer a la audiencia, y la fabricación de un héroe que represente el anhelo de un pueblo, son temas de estudio por las teorías de comunicación y respaldo argumentativo en la película.

LA GUERRA

En una de las escenas, Brean y Ames son interceptados por agentes de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, quienes descubren el engaño. En un restaurante se despliega uno de los diálogos que revelan la proclividad norteamericana por la guerra como forma de vida:

– Una cosa es cierta: no hay una guerra contra Albania –comienza desmantelando la mentira el agente de la CIA.– Albania no tiene capacidad nuclear. No hay ninguna actividad agresiva en nuestra pintoresca frontera canadiense –continúa el agente federal.– No hay guerra contra Albania –puntualiza.

–¡Claro que la hay! Lo vi en la tele –le responde el asesor Conrad Brean, quien lanza una retahíla de preguntas cuestionando la existencia de los órganos de inteligencia, de defensa y de guerra norteamericanos, si no hay algo que proteger. Remata con el siguiente planteamiento filosófico: “¿Para qué sirven las guerras?”.

El agente de inteligencia se muestra contrariado, trastabilla y antes de que pueda armar una respuesta, Brean asevera: “Las guerras se emprenden para garantizar nuestro estilo de vida”.

Las guerras son el motor económico de Estados Unidos, y también excelentes distractores en momentos de crisis.

“La teoría de la guerra de distracción pretende explicar la guerra internacional como el resultado de un conflicto interno: la guerra se crea para distraer la situación interna y permitir al gobernante mantener su popularidad alta o participar exitosamente en procesos de reelección”, plantean en el artículo La teoría de la guerra de distracción los estudiosos Raúl Daniel Niño Buitrago y Julián Iregui Roab, ambos de la colombiana Universidad de Nueva Granada (Revista Científica General, volumen 12, 2014).

–Me dedico al mundo del espectáculo, ¿para qué viene a mí? –pregunta en otra de las escenas el productor cinematográfico Stanley Motss.

Brean le recita como respuesta una serie de “eslóganes” o frases publicitarias que referencian diversas intervenciones militares estadunidenses: “recordamos los eslogan pero no las malditas guerras”, reafirma el asesor.

–¿Sabe por qué?

–¿Por qué?

–Por el espectáculo.

Ilustración basada en una escena de la película, en la que están grabando una toma falsa de la supuesta guerra contra Albania. Ilustración: Hessie Ortega

CORTINAS DE HUMO

Acaso la administración de Donald Trump sea la que mayores cortinas de humo ha desplegado con la complicidad de los medios masivos de comunicación, considera el analista y filósofo Noam Chomsky (Filadelfia, Estados Unidos, 1928). Las críticas lanzadas por The New York Times, The Washington Post y CNN, le sirven a sus intereses: “Los medios han caído en la estrategia que ha diseñado Trump. Cada día les da un aliciente o una mentira para situarse él bajo los focos y ocupar el centro de atención. Entretanto, el flanco salvaje de los republicanos va desarrollando su política de extrema derecha, recortando derechos de los trabajadores y abandonando la lucha contra el cambio climático, que precisamente es aquello que puede terminar con todos nosotros” (El País, marzo 2018).

En la trama aparece el héroe de la película, el sargento William Schumann (Woody Harrelnson), quien fuera apresado por las tropas albanesas. En televisión se difunde la fotografía de Schumann, a quien conocen como Viejo Zapato, vistiendo un suéter con diversas perforaciones en el pecho; los agujeros son un mensaje cifrado en clave morse que dice: “Ten coraje mamá”. La farsa propuesta para desviar la atención implica el rescate de este ex militar, pero hasta que es trasladado a Washington descubren el severo daño mental de Schumann, lo que desencadena una serie de peripecias que le dan el matiz de comedia a la película.

Actúa también Willie Nelson en el papel de Johnny Dean, compositor musical quien adapta el tema Old shoe para glorificar la valentía de Schumann. El tema se convierte en himno cantado por una pléyade de estrellas televisivas, como lo hicieran en los noventa en México los artistas que interpretaron el tema Solidaridad en la administración de Carlos Salinas de Gortari. Wag the Dog es dirigida por Barry Levinson, quien obtuvo un Oscar por Rain Man; los guionistas son Hilary Henkin y el dramaturgo David Mamet. La obra sigue vigente en este mundo de cortinas de humo por doquier.

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