Arquitectura hostil
Arquitectura

Arquitectura hostil

Estructuras para modificar la conducta humana

La arquitectura tiene un medio para modificar conductas sociales “indeseables”. A esta función se le ha nombrado arquitectura hostil porque intenta la protección de edificios y espacios públicos a través del diseño, construcción e instalación de dispositivos electrónicos disuasivos; el propósito es desalentar ciertas actividades sociales que ocasionan deterioros urbanos.

Esta rama de la construcción surgió en las metrópolis europeas y norteamericanas. Es, para algunos críticos, un medio de control social al emplearse estructuras que pretenden repeler a grupos específicos de ciudadanos, como adolescentes amantes de la patineta, vagabundos sin hogar, vendedores de droga o transeúntes que buscan los rincones para orinar.

En la arquitectura hostil se agregan a los edificios y lugares públicos elementos para desalentar a las personas a tocarlos, usarlos, subirse o sentarse en ellos. Pueden instalarse púas, vidrios rotos, cables de acero, así como dispositivos sonoros que emiten frecuencias molestas percibidas sólo por los jóvenes; se contemplan igualmente iluminaciones especiales para desalentar acciones como drogarse, suicidarse o tener sexo en los baños públicos o en las estaciones del metro.

En algunas críticas publicadas en Internet se afirma que esta modalidad pretende influir en el comportamiento de las personas, persuadirlas de no hacer un uso diferente al concebido para el espacio público, el edificio o el equipamiento urbano. Sin embargo, la colocación de un alambrado no cambia el comportamiento de un grupo específico, sólo lo repele temporalmente sin modificar la raíz de problemas como la mendicidad.

La arquitectura de defensa no sólo se manifiesta de forma agresiva, sino que también intenta incorporar el diseño estético con modelos que armonicen con el contexto urbano.

Así, el nicho de una ventana dejará de ser asiento, o una banca con descansabrazos intermedios no podrá ser usada como cama, o la calle transitada por los automóviles se reafirmará como paseo peatonal con la incorporación de elementos arquitectónicos adaptados al entorno.

Archisuits de Sarah Ross. Foto: wordpress.com

El término surgió en 2014 en Londres, cuando se colocaron púas alrededor de un edificio de departamentos de lujo para evitar la presencia de vagabundos. La decisión fue polémica, se comparó con los obstáculos que se imponen a los animales.

Las espigas de acero provocaron la reacción de los activistas por los derechos humanos como la artista Sarah Ross, quien confeccionó un conjunto de “archisuits”, como le llamó a “una edición de cuatro trajes deportivos para acoplarse a los diseños arquitectónicos defensivos en Los Ángeles, California (Estados Unidos). Los trajes incluyen el espacio negativo de las estructuras arquitectónicas y permiten que un usuario se adapte a éstas”, se lee en el espacio de Internet de la artista, quien promovió su singular ropa como protesta ante la hostilidad arquitectónica.

EL BANCO CAMDEN

Ejemplos de la arquitectura hostil son los asientos inclinados y estrechos colocados en las terminales de autobuses para evitar que las personas se acuesten, sólo se pueden sentar por un momento; lo mismo ocurre con los bancos con apoyabrazos voluminosos o protuberancias, y con las bancas que giran como rehiletes. La pavimentación rugosa en lugar de cemento liso evita a los patinadores, al igual que los bordos o las espigas de acero.

Los afectados suelen ser personas sin hogar, adolescentes, pobres, marginados o que no tienen una buena representación social, o que no están organizados como un grupo de interés”, señala Selena Savic, una de las autoras del libro Unpleasant Diseño donde se abordan efectos y consecuencias de la arquitectura hostil.

En el libro se subraya la agresividad de los elementos arquitectónicos disuasivos cuando son evidentes: “Generan resentimiento. Estás diseñando en contra de un grupo específico, y eso lo sabe aquel grupo; el mensaje es claro: no eres bien recibido”, indica Savic.

El objeto más representativo y de mayor visibilidad en el plano de la arquitectura defensiva es el banco Camden. Se trata de un monolito de concreto, sin figura definida y con múltiples aristas. Su diseño resiste los embates de grafiteros, patinadores e incluso vendedores de droga.

Banco Camden. Foto: popsci.com

El gobierno de Londres lo solicitó a la firma Factory Furniture, la cual diseñó un “bulto extraño, angular, esculpido y sólido con bordes redondeados y pendientes en lugares inesperados”. Esta descripción lo sitúa como el “anti-objeto perfecto”.

En el banco Camden no es posible dormir porque no hay una superficie horizontal extendida donde se acomode un cuerpo; se le atribuye la cualidad de ser anti-basura y anti-distribuidor de drogas porque no tiene ranuras ni hendiduras donde puedan clavarse envoltorios, pedazos de papel o bolsitas con droga. Se califica como antirrobo debido a los recovecos a ras de suelo en los cuales se pueden colocar los bolsos o maletines protegiéndolos con las piernas de las personas. Tampoco lo pueden aprovechar los patinadores porque todas sus aristas son desiguales: los bordes cambian de altura, lo que impide mantener el equilibrio. Y es imposible pintar en su superficie debido a su recubrimiento.

La arquitectura de control no discrimina, porque un banco incómodo lo es para el indigente y también para el pasajero que espera el camión, o para el transeúnte que busca un sitio para descansar momentáneamente. Es una de las críticas a este tipo de diseño.

Por su parte, la empresa que confeccionó el banco Camden responde: “Lo que es realmente extraño de este banco es que, sí, parece haber desalentado los problemas que estaba abordando, de lo contrario los residentes locales se habrían quejado y todos habrían sido eliminados. Sin embargo, lo más emocionante de este asiento es la forma en que las personas lo usan. No hay una manera correcta de sentarse, ya que simplemente insinúa los espacios de los asientos. Como resultado, se convierte en un asiento mucho más inclusivo que fomenta la interacción social”.

Habrá que puntualizar que la arquitectura hostil es diferente al diseño de espacios que generan seguridad, porque aquella percibe a la población en general como potencial destructora de la infraestructura urbana.

Foto: Tumblr / bitpunkbits

LUZ DE NEÓN

En sitios del Reino Unido se colocaron lámparas cenitales con luz rosa, porque resalta manchas e imperfecciones en la piel de los jóvenes; aunque no hay información que demuestre su efectividad, sí pretenden desarticular a las pandillas.

Siguiendo con la luz, en Escocia instalaron iluminación azul en las calles y en los baños públicos para reducir la delincuencia y el consumo de drogas, ya que con la luz azul se dificulta encontrar las venas del cuerpo; también es una coloración que tiene efectos calmantes. En Tokio, Japón, se espera con esta luz frenar los suicidios en las estaciones del metro.

La arquitectura hostil la han empleado los gobiernos a lo largo de la historia, pero en este momento de mayor participación se cuestiona la dicotomía del diseño como un beneficio de los ciudadanos, empleado en su contra.

Se califica de hostil a las obras que desalientan acciones adversas, pero ¿qué pasa con la arquitectura que, pretendiendo resolver un problema como el de la vivienda, genera otro igual de agresivo como el hacinamiento? Para este ejemplo habrá que analizar los edificios de condominios o las colonias de vivienda popular en México que no incluyen áreas verdes o de convivencia, y cuyas dimensiones están por debajo de lo que puede considerarse como vivienda digna.

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