Vaginismo
Salud

Vaginismo

Sexualidad incómoda y con dolor

El vaginismo es una disfunción sexual femenina en las mujeres. Ellas sienten dificultad para insertar un tampón en su vagina. También las relaciones sexuales con penetración o las exploraciones ginecológicas, les resultan dolorosas o directamente imposibles de llevar a cabo. Esto sucede debido a una tensión excesiva en los músculos del suelo pélvico, que son los que se encuentran alrededor de la vagina.

En México, según la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 30 de cada 100 pacientes que llegan a consulta ginecológica padecen vaginismo. Esto se debe a la presión social y mala educación sobre temas sexuales.

Las pacientes que padecen vaginismo acuden a consulta debido a que tienen dolor y no pueden tener relaciones sexuales, por lo tanto, no tienen la posibilidad de quedar embarazadas. También pueden ser chicas jóvenes que quieren empezar a utilizar tampones o copa menstrual para su vida cotidiana o para realizar deportes.

El vaginismo se divide en primario, que es cuando la mujer no puede insertar un tampón, llevar a cabo relaciones sexuales con penetración ni realizarse una exploración ginecológica. En este caso el vaginismo ha existido desde siempre. Por otra parte, en el secundario, la mujer sí ha podido tener relaciones sexuales, pero el vaginismo aparece en una etapa de la vida, por ejemplo, después de la menopausia, partos dolorosos, hechos traumáticos, violaciones, causas psicológicas o algunos otros factores.

Las pacientes jóvenes que padecen vaginismo acuden a consulta debido a que quieren empezar a utilizar tampones o copa menstrual sin dolor. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Para una mejor comprensión, el vaginismo es una contracción involuntaria de los músculos de la entrada vaginal, lo que impide la penetración. La contracción se vuelve mayor con los intentos de penetración. Estos intentos pueden ser imaginarios, anticipados o reales, y cabe destacar que la penetración percibida no necesariamente tiene que ser de un pene durante la relación sexual, sino que puede también ser de un objeto en el contexto del examen ginecológico, por ejemplo, o de un tampón, dedos, etcétera.

CAUSAS

Las causas físicas, que representan aproximadamente un 10 por ciento de la incidencia, son otros padecimientos de los cuales se deriva el vaginismo, por ejemplo: hemorroides, inflamación de la pelvis, haber tenido un parto difícil, practicar deporte en bicicleta, montar a caballo, etcétera.

Por otro lado, las causas psicológicas suelen ser las más frecuentes y entre ellas se encuentran: ansiedad ante la penetración debido a desconocimiento sobre el sexo, una educación sexual escasa o basada en mitos, estereotipos, miedo al coito y/o el embarazo, haber tenido experiencias sexuales y/o ginecológicas previas negativas;  tener una autoimagen corporal negativa, hostilidad hacia la pareja, pensamientos negativos respecto al sexo, inadecuada información sexual, mantención de mitos y creencias erróneas sobre el sexo (en especial sobre la penetración y el mecanismo de apertura de la vagina), educación sexual negativa (en especial en el contexto de la educación religiosa, que usualmente mantiene una doble moral sexual), o violencia sexual (violación o abuso sexual, violencia de género y de pareja, etcétera).

El vaginismo se divide en primario (existe desde siempre) y secundario (aparece en una etapa de la vida). Foto: Behance / Sven Hauth

EN CUANTO A LA PAREJA

“La forma de reaccionar de la pareja es fundamental. Si presiona, exige o fuerza, las posibilidades de agravamiento del problema se multiplican”, señalan las especialistas, que añaden que “una mala actitud frente a la mujer puede provocar que se pase de un vaginismo a una aversión al sexo”. Para superar este problema es necesario que haya comprensión y paciencia.

Para acabar con el vaginismo es fundamental la participación de la pareja, sobre todo en el momento en el que se acude a un profesional, del cual hay que seguir todas sus recomendaciones.

TRATAMIENTOS

La primera recomendación ante el vaginismo es acudir con la ginecóloga para que descarte una causa médica respecto al dolor o la imposibilidad de penetración.

La segunda es que se aborde el padecimiento de manera integral, es decir, acudir con especialistas como un fisioterapeuta de suelo pélvico, con una psicóloga o sexóloga. A continuación algunas sugerencias.

Desde el ámbito psicológico, se sabe que “con la terapia en pareja suelen obtenerse muy buenas resultados en los tratamientos sexológicos de esta disfunción.” En caso de haber una causa psicológica asociada, o en caso de haber desarrollado temor o ansiedad excesiva, es necesario pedir ayuda a especialistas de esta área.

Además, las sexólogas recomiendan que ante un tratamiento de esta índole lo más apropiado es “esforzarse, pero nunca forzarse”. Desde sexología se puede ayudar mucho. De acuerdo a las especialistas “se suele trabajar en primer lugar, desdramatizando y desculpabilizando a la paciente y a su compañero sentimental”.

Cada caso debe evaluarse de manera individual, pero en general, se trabaja con diferentes técnicas, entre ellas, el reconocimiento de cada mujer respecto a su cuerpo, eliminar mitos y creencias respecto al sexo, masajes perineales y movilizaciones de pelvis para relajar los músculos del suelo pélvico, así como trabajo con el diafragma para evitar mayor contractura, entre muchos otros pasos a seguir.

En una siguiente fase del tratamiento se trabaja con la concienciación corporal y la apertura vaginal y se finaliza con recomendaciones según las actividades de la vida de cada mujer que ha superado el vaginismo. El tratamiento depende del origen y de las características de cada paciente. Se debe actuar a varios niveles: psicológicos, físicos o eróticos, así como de pareja.

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