Erich Fromm: desmitificar al amor
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Erich Fromm: desmitificar al amor

El sentimiento visto desde la psicología

Normalmente tenemos ideas sobre el amor, y más aún sobre el que se da en pareja, que distan mucho de una concepción realista. Festividades como el día de San Valentín y la publicidad en torno al 14 de febrero, cultivan idealizaciones sobre lo que es el amor y nos decepcionamos al descubrir que éstas sólo son visiones infantiles donde se contempla poco a las personas involucradas.

PROFUNDIDAD

Erich Fromm, un judío de origen alemán, se destacó en el campo de la psicología social, el psicoanálisis y la filosofía humanista. Fue miembro del grupo de investigadores conocido como la Escuela de Frankfurt. Entre sus principales obras, que lo posicionaron como un autor de influencia significativa para el siglo XX, se encuentran El miedo a la libertad, que ahonda en el concepto de la libertad y su importancia para el individuo; o El corazón del ser humano, que aborda a la humanidad en su ambivalencia, hablando de su capacidad para provocar placer o dolor.

En la obra que nos interesa, El arte de amar, Fromm habla del amor de forma extensa, como algo que debe cultivarse y cambiar para entender al amado. Quien realmente lo comprende, deja de lado parte de su narcisismo para compartir espacio con el ser querido; aprende, en vez de intentar cambiar al otro para que se adecúe a sus necesidades.

El carácter mediativo del amor termina por hacer posible un crecimiento compartido en el que el individuo no cede totalmente ni se olvida de sí mismo, pero sí establece la importancia de la autonomía del otro.

Fromm explica el amor y lo coloca en un lugar importante como fenómeno humano, en el que sustenta muchas de sus acciones. No trata de exponerlo únicamente como amor de pareja, sino que va más profundo en el significado de este sentimiento y ahonda en sus características y complicaciones.

El ensayo compara al amor con actividades que necesitan conocimientos en torno a ellas, así como práctica y especialización. De allí viene la comparación con el arte. “Quien no conoce nada, no ama nada”, dice la cita dentro del libro del alquimista, médico y astrólogo suizo, Paracelso. Ampliar el interés por la adquisición de conocimiento, teórico y práctico, es un acto que requiere paciencia y perseverancia: el amor, para Fromm, funciona de esta manera.

Para hablar del origen de este sentimiento complejo, Fromm aborda la separatidad o el estado de separación en el que nos distinguimos como algo aparte de nuestro entorno. La conciencia que tenemos sobre nosotros mismos surge como consecuencia de este estado. Al darnos cuenta de que somos seres con un final, que estamos inmersos en condiciones que no podemos controlar del todo, como la sociedad o la naturaleza, aparece el amor como una manera en que podemos hacer lazos fuertes que nos permitan sobrevivir.

Fromm menciona cuatro elementos que conforman el amor de todo tipo: cuidado hacia quien amamos para verlo crecer, responsabilidad para responder a las necesidades del ser amado, respeto hacia la individualidad del otro y conocimiento para verlo en sus propios términos. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Siendo el amor una reacción hacia la adversidad, es normal que sea idealizado y se le den implicaciones casi mágicas donde una unión “está escrita en el destino” o todo nos devolverá al ser amado.

El amor maduro dista de estas ideas. Fromm habla de éste como una unión condicionada a preservar la existencia de sí mismo. Se trata de una coexistencia en su forma estricta, donde no se compromete la propia individualidad y se respeta la del otro.

En esta posición se da el tiempo, la energía, la paciencia, entre otras cosas importantes, pero no se trata de un sacrificio en que se da lo que no se está dispuesto a dar hasta quedar pobres, sea material o psicológicamente.

Se espera ser amado y no amar. En la fantasía de dar todo por otra persona se esconde aquella en la que el otro da todo de sí por nosotros. La idealización, es decir, la forma en que envolvemos a una persona de ideas que en realidad son nuestras, nos hace difícil ver realmente al individuo que está detrás y valorarlo como el ser separado que es. Al idealizar a alguien esperamos que actúe de la manera en que queremos.

Según nos señala El arte de amar; nos centramos tanto en nuestro propio bienestar que olvidamos el verdadero significado compartido de la capacidad humana de amar. Esta capacidad tiene que estar centrada en el autoconocimiento; conforme somos críticos con nosotros mismos, nos damos cuenta de lo que buscamos y necesitamos, y dejamos de vestir al ser amado con características que sólo nos sirven a nosotros.

El amor en realidad es comparado por Fromm con el arte, porque todas estas cuestiones requieren de disciplina, concentración, paciencia y constante aprendizaje. Normalmente se piensa que estaremos solos hasta que aparezca la persona adecuada y nos haga feliz por siempre, siendo que el amor no es así de sencillo: se construye constantemente.

El capitalismo siembra en el imaginario colectivo la idea del amor como un producto de consumo para beneficio propio. Foto: Behance / Sy Tat

El problema se encuentra en esta visión o en la forma en que se interpreta el amor. Para Fromm, el paradigma en el que vivimos el mercado capitalista forma parte importante de nuestras vidas y transforma también la idea del amor, convirtiéndose así en un intercambio beneficioso. Se piensa en ser atractivo para los demás, sea cuidando la imagen física o buscando un estatus económico o social. Así se pone en una especie de escaparate las características propias en lo que el autor llama un “mercado de la personalidad”.

Fromm añade una dimensión diferente al amor para esbozarlo como fruto de nuestra conciencia e intelecto. Se espera de este sentimiento que sea de hecho una emoción, una simple reacción que se experimenta hacia la persona adecuada. Pero es mucho más que eso; Fromm lo menciona como una decisión consciente y crítica mediante la cual se analizan las situaciones, probabilidades, entre otros factores. La posibilidad de que el sentimiento tenga un final, es también algo que se debe tomar en cuenta.

LO SIMBIÓTICO

La forma inmadura de amar, para Fromm está en la simbiosis. Es decir, una manera en que las personas que conforman una pareja dependen la una de la otra y se les dificulta estar solas o funcionar de manera separada. El amor inmaduro es aquel que se ve con menos matices, en el que todo es posible y en el que se busca hallar alivio para las carencias que se tuvieron en el amor paternal.

Durante esta etapa, los niños esperan recibir todo lo que desean y creen capaces de todo a sus padres. La idealización de la pareja es precisamente un amor inmaduro que se compara con este amor infantil.

Mientras la cultura popular nos lo muestra como un acontecimiento puramente espontáneo, el psicoanalista nos habla de que se trata de un ámbito en el que se aprende constantemente y sólo se estanca cuando entran en juego la pasividad y el egoísmo, o las carencias personales que, sin el debido trabajo en nuestra salud mental, nos dificultará acceder al amor maduro.

Básicamente, la comprensión del otro, de sus decisiones y de su autonomía, hará posible que aprendamos de nosotros mismos y de alguien más, en un espejo que en el mejor de los casos nos ayudará a crecer.

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