Daniela Negrete
Entrevista

Daniela Negrete

Toda ella es un contraste, tiene ojos grandes y siempre viste de negro. Trabaja todos los días en su estudio pintado del mismo color que el mechón que adorna su cabello oscuro. Es una artista joven e incansable que está creando un peculiar universo personal donde se mezclan sutilmente el dolor, la ausencia, la muerte y la memoria. Además de crear su propia obra y ser su propia públirrelacionista, encuentra tiempo y creatividad para colaborar con otros creadores y gestores culturales. Nunca ha dudado de haber elegido el camino del arte y dentro de él, está abriendo su propio sendero.

¿Cuándo decides ser artista?

Muy pequeña. Cuando éramos niños mis papás acostumbraban llevarnos a mis hermanos y a mí, cada fin de semana, a museos, al cine u otras actividades. En una ocasión nos llevó a la Casa Azul de Frida Kahlo. Recuerdo una naturaleza muerta en formato circular con marco de madera, me encantó, así como todos los cuadros que vi en esa exposición. Cuando salí le pregunté a mis papás si se estudiaba para ser pintora. Me dijeron que sí y en ese momento lo decidí, tenía aproximadamente nueve años.

¿Cómo das ese salto de ser una niña que decide pintar a convertirte en una artista?

Mi papá era dibujante técnico, pasé mucho tiempo viéndolo hacer dibujos en su restirador, con planos, compases, plumas de gel. Cuando él trabajaba en su estudio yo estaba ahí, jugando con lo que me dejaba a la mano. Es algo con lo que crecí y con lo que me sentía cómoda, así que pasó de ser un simple gusto a convertirse en mi motivo de estudio y finalmente en mi profesión.

Después de saber que existía una carrera para estudiar arte me inscribí a cursos. En los veranos tomaba talleres de dibujo y modelado. En la secundaria tomé taller de artes plásticas. En la preparatoria busqué, antes que otra cosa, un taller de pintura y ahí tomé mis primeras clases de dibujo con un modelo.

Al salir del Colegio de Ciencias y Humanidades pasé directo a la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) y me titulé en la Academia de San Carlos. Hice mi servicio social en el área de restauración del Museo de San Carlos y tomé algunos diplomados que me permitieron tener mis primeros trabajos como escultora.

Foto: Cortesía de Aldo Hinojosa

¿Cómo fue tu paso por la ENAP?

Agridulce, pero creo que era necesario. Yo quería estudiar en La Esmeralda. Hice el examen de admisión varias veces, pero no quedé. Como no quería estar sin estudiar aproveché la ENAP, que era lo que tenía seguro. Terminé la carrera allí y me titulé, pero tenía muchas dudas, sabía que lo que importaba no era la calificación. Sacar un 10 en la ENAP es muy fácil, con asistencias y trabajos lo haces, pero finalmente lo que quieres aprender y las inquietudes que tienes para dedicarte al arte van más allá.

No encontraba esas respuestas en las clases ni en los maestros. Justamente cuando comencé a cuestionar todo y a experimentar en mi proceso de búsqueda, comenzaron los problemas y me corrían de los talleres. Estar allí era terminar pintando igual que el maestro, con su estilo y su técnica y eso no me interesaba, me ponía a la defensiva. Hasta que encontré a un maestro de pintura en la tarde, a mi parecer, el mejor maestro de pintura en la ENAP, que te guiaba y te enseñaba con base en tus inquietudes personales. No te hacía pintar lo mismo que él pintaba. Creo que ahí logré mi mayor avance y además sentirme a gusto, aunque fue en el último semestre.

Quizá la ENAP no fue lo que esperaba, pero era necesario sobre todo para el carácter. Salí, no con la idea romántica de ser artista, sino con la idea cruda que te meten en la cabeza, de que no te va a ir bien y te vas a morir de hambre. Fue como empezar al revés. El título nunca me importó, pero decidí obtenerlo. Sabía que quería dedicarme a la producción y sabía que vivir de tu obra no es imposible pero sí es el camino más largo y difícil. Por eso quise ampliar mis posibilidades, descubrí que un artista puede insertarse en la restauración, el diseño, la ilustración y así di con el arte forense. Fue el que más llamó mi atención y por un tiempo pensé que me dedicaría a eso. Me agradó la parte práctica, el trabajo de campo y el trato con las personas, pero darme cuenta del nivel de violencia en el que vivimos me comenzó a afectar. Empezaba a preocuparme, casi de manera paranoica, por mi familia, amigos y gente cercana.

Siempre me gustó la parte del taller e involucrarme en los detalles del desarrollo humano. Al final con el arte puedes unir ambas cosas.

Sin caer en un lugar común, ¿crear arte es una terapia para ti?

Sí, creo que el momento de creación es enfrentarte contigo mismo. Es un momento de meditación y de vaciar todo lo que traes y transformarlo en algo nuevo que puedes dar a los demás, que puede aportar algo.

¿Qué lugar ocupa la violencia en tu obra?

Intento que mi trabajo no sea violento, quizá se pueda percibir así en algún momento. Trato de suavizar los temas con la técnica y los colores, pero la violencia es algo natural en el ser humano. Tienes que estar consciente de ella para poder trabajarla y erradicarla en vez de ignorarla.

¿Cuáles son los temas recurrentes en tu trabajo?

Me gusta abordar el subconsciente, la conciencia, la memoria, porque todos tienen en común el ser muy personales. No puedes crear una imagen sin tener ese referente previo del conocimiento y la experiencia. Requieren de un trabajo interno de reflexión antes de poderlos plasmar en un papel o un lienzo.

Al final pienso que la gente se identifica porque, aunque son cuestiones muy personales, todos pertenecemos al género humano y en algún punto conectamos.

lustración e intervención: Hessie Ortega

¿Qué te lleva a crear obra donde podemos ver dolor, sufrimiento, muerte e incluso abuso?

Es parte de esta idea de la dualidad que me gusta manejar. Puedes abordar cualquier tema en cualquiera de sus dos polos. Si abordara uno de estos temas desde su parte más bella, quizá tendría menor impacto porque es un concepto que esperamos porque es algo “bueno”. Al tratarlo desde la violencia, que podría percibirse como “negativo” o “incómodo”, sacas al espectador de su zona de confort y lo obligas a reaccionar de manera diferente. Es decir, no te deja en la parte superficial del bienestar. Te hace cuestionarte: “¿por qué me hace sentir esto?”, y quizá eso te conecte con algo más.

Comenzaste creando imágenes fuertes y directas, con cuerpos que sufren y seres que podrían encontrarse en pesadillas. ¿Cómo ha evolucionado tu manera de crear una pintura?

Al principio me gustaba mucho la primera impresión, que la obra fuera fuerte, incluso agresiva. Que te hiciera voltear porque no podías pasarla de largo y funcionaba, pero el momento del análisis de la obra era muy rápido e inmediato, no dejaba mucho para la reflexión posterior. Efectivamente eran cuadros de un vistazo. Así que me fui al otro extremo, comencé a incorporar más elementos, personajes y símbolos particulares que se repiten en diferentes obras.

En la técnica, justamente en la ENAP, investigué sobre pinto-escultura y comencé a pintar incorporando relieves: yesos, tela, hilos, ramas; pegaba todo lo que encontraba para ver cómo podía trabajarlo. También utilizaba más el gesto y la intención, había más caos, mucho color y salpicaduras. En algún momento un maestro se enojó porque pegaba cosas a los lienzos, lo tomaba como una salida fácil de mi parte, pensando que yo no sabía pintar, eso fue casi al final de la carrera. Me hizo sentir muy mal y dejé de poner adhesiones a mis trabajos e hice solo pintura. Allí comencé a involucrarme más con el color y los personajes, no de la figura humana como tal, algunos de mis personajes pueden parecer muñecos y algunos muñecos pueden parecer humanos y eso es intencional. Es una metáfora del cuerpo como recipiente del entorno y que puede ser maltratado y violentado, pero al final si puedes trabajar con eso y sobreponerte es más significativo. Eso quiero poner en mi obra, ese trabajo consciente que haces contigo mismo para mejorar como individuo.

¿Qué te gusta provocar en el espectador?

Me gusta que se lleve algo, no podría señalar qué es específicamente, pero me gusta que sienta la necesidad de detenerse frente a una pieza porque algo le dijo la obra, con algo la conectó. Puedo dirigir algunas cosas dando cierto mensaje, pero al final no tengo injerencia en cómo lo interpreta la gente. Creo que tiene que ver con la resiliencia. No puedes ocultar lo que hay detrás de un tema ni separar la obra del artista porque no puedes crear una obra sin el referente de lo que estás plasmando. No puedes separarlo, pero sí transformarlo y crear algo diferente, algo nuevo.

Foto: Aldo Hinojosa

¿Crear arte ha sido para ti un proceso de autoconocimiento?

Sí, definitivamente. De repente es rudo, te enfrenta con muchos miedos e ideas que intentas hacer a un lado en tu día a día, pero al final, en el momento de estar en el taller, no puedes escapar y tienes que ver qué está sucediendo y cómo lo vas a trabajar. Si te lo quedas, vas acumulando cosas que al final te bloquean y un bloqueo es lo peor que te puede pasar. A mí me da pánico. Tengo que analizar todo lo que pasa por mi cabeza.

¿Qué es lo más satisfactorio de ese autoconocimiento que te da el arte?

Poder integrarme mejor a la sociedad. Era una niña demasiado introvertida y una adolescente demasiado callada. La manera con la que logré romper esa barrera entre los demás y mi persona fue el dibujo, la pintura y ahora la escultura.

¿Cómo describes tu pintura?

Como un conector de espacios. El espacio interno, que creamos cada uno de nosotros como individuos, donde definimos nuestras ideas, filosofías, gustos y creencias religiosas. Toda esta parte personal a la que tenemos derecho como individuos y que nos define. El otro espacio es el que nos rodea, nuestro entorno social, donde se dan todas estas relaciones con los demás, donde ponemos en práctica todo este trabajo personal que realizamos. Mi pintura conecta estas dos áreas. No pretendo representar la realidad, tampoco quiero representar un mundo totalmente imaginario, es una realidad personal. Pero, aunque sea una realidad personal mi condición humana hace que tenga afinidad y muchas similitudes con la de otros, por eso es fácil sentirse identificado con ciertos elementos y símbolos que utilizo.

¿Cómo te lees a ti misma en tu obra?

Es imposible separar la obra del autor, solamente podemos hacer referencia a cosas que ya conocemos. Ver una obra mía terminada es verme traducida en colores, formas, nuevos discursos e ideas profundizadas. Es conocerte un poco más a través de tu obra, verte en abstracción. Hay una frase que me gusta mucho: “el objeto creado recrea a su creador”.

¿Cuál fue la primera obra que al terminarla te hizo pensar “esto es una obra de arte en forma”?

Todavía no me pasa. Es curioso, siempre me emociono cuando estoy haciendo una pieza y puede gustarme y hacerme sentir muy satisfecha. Pero en cuanto sale del taller comienzan las críticas y comienzas a dudar y ver lo que le hace falta. No tengo esa idea de la obra maestra. Cada pieza debe ser mejor que la anterior, más sólida, mejor estructurada y responder a las nuevas inquietudes que van surgiendo.

Foto: Aldo Hinojosa

¿La insatisfacción es parte de la creación artística?

Definitivamente. De hecho, creo que es mejor sentirse insatisfecho, eso te hace salir de tu zona de confort, te hace probar nuevos métodos, colores, materiales y de ahí salen cosas interesantes.

El relieve siempre ha sido una inquietud dentro de tu obra y recientemente comenzaste a desarrollarte como escultora.

Pasaron años en los que sólo pinté obra bidimensional. Pensaba “tiene razón este maestro”. Ahora me doy cuenta de que quizá no debí tomarme tan a pecho su opinión. Hay que aprender a tomarlo con calma para depurar y tomar de una opinión sólo lo que te ayuda a crecer. Recientemente me di cuenta de que quizá fue un error eliminarlo de mi obra porque era algo que me gustaba y me hacía sentir bien. Ahora lo volví a hacer y lo llevé totalmente a la escultura.

¿Cómo es crear escultura siendo mujer? ¿Existen tabúes en este campo?

Creo que me tocó un buen momento para nacer y querer dedicarme al arte, pero hay cosas que vienes arrastrando. Cuando salí de la carrera mi formación era como pintora, pero mi primer trabajo como tal fue en el taller de una escultora, ella fue quien me enseñó lo que sé sobre fundición en bronce, resinas y modelado. Siempre me llamó la atención que siendo ella muy pequeña y delgada, su escultura fuera tan grande y poderosa. Después me di cuenta que tenía que ver con su personalidad, su carácter y el amor a lo que hace. Creo que eso la ayudó a abrirse paso en un medio en el que la mayoría son hombres y sí, te tratan diferente, pero sobre la marcha aprendes a ganarte tu lugar y a que se respete el trabajo sin importar si es de un hombre o una mujer.

¿Cuál sería la barrera de género con la que más te has topado en el camino del arte?

Han sido varias. Una de las primeras, que me sorprendió mucho, fue solicitar un espacio para exponer, todavía estaba en la universidad, y el director me negó el espacio a menos que el titular de la exposición fuera un hombre y yo entrara como artista invitada o colaboradora. No le gustaba que una mujer fuera la titular. Era un centro cultural y me sorprendió mucho su actitud.

También pasa que los demás piensan que logras lo que tienes por tu apariencia o por cómo te relacionas y no por tu trabajo.

En el área laboral y particularmente en los talleres, suele haber grandes diferencias de sueldos pensando que un hombre aporta más que una mujer. Es decir, no sólo tienes que esforzarte el doble, tienes que cuidarte el doble y sacar el carácter al triple, estar segura de lo que sabes hacer y hacerlo. Claro que habrá trabajos que podrá desempeñar mejor un hombre o una mujer por sus características físicas, pero de eso a que te traten diferente por el hecho de ser mujer, no.

¿Has tenido deseos de dejar el arte alguna vez?

No. Justamente hace poco me sorprendió saber que a la mayoría de los colegas les llega, en algún momento, una determinante que les hace poner todo en tela de juicio y preguntarse si están en el camino correcto. Me siento muy afortunada porque desde el momento en que lo decidí jamás lo he dudado. He tenido que ajustar el camino o la manera en que hago algo, pero siempre con el mismo objetivo.

¿Cómo ha sido tu relación con artistas de diversas trayectorias?

Buena, me gusta conocer a otros artistas, su obra y saber cómo son como personas, entender qué los llevó al trabajo que hacen, ver su evolución. Casi siempre veo qué hacían a mi edad para darme una idea de qué tanto podría lograr yo a la suya. Ver ese salto en la evolución de sus trabajos me emociona al pensar en mi obra.

Foto: Aldo Hinojosa

¿Cómo manejas tu tiempo para crear tu obra, trabajar para otros artistas, y además ser tu propia públirrelacionista?

Es muy agotador. Algunos lo llaman “sacrificio”. Tengo 32 años y todos me preguntan “¿para cuándo la boda?” y “¿para cuándo los hijos?” Pero jamás me he visto así, siempre he estado muy comprometida a mi carrera y mi quehacer artístico. Creo que no hay algo que disfrute más en esta vida que crear una pieza. Así que esas demandas físicas y mentales no se me hacen pesadas, son parte de. No puedes separar tu vida personal del trabajo, todo está ligado. Salgo del taller de otro artista y me voy al mío a trabajar en mis piezas y encargos; los fines de semana me dedico a enviar e-mails, ver exposiciones, mover obra, captar clientes. Poco a poco te haces de un pequeño sistema para ayudarte a no hacerlo todo tú solo.

Siempre buscamos a los artistas consagrados para escuchar su guía y sus experiencias, pero los artistas jóvenes también necesitan espacios y proyección para crecer y difundir su trabajo. ¿Qué le dice una artista como tú a los creadores más jóvenes que aún son estudiantes?

Que no idealicen la palabra “artista”, es una profesión como cualquier otra que demanda trabajo, paciencia y esfuerzo. Que no se vayan con la idea de que es complicado vivir del arte.

¿Qué le dirías a la Daniela que hace 10 años estudiaba Artes Visuales en la entonces llamada ENAP?

“No te preocupes, vas bien”. Quizá también le diría que no se desespere tanto. Era muy impaciente y se veía en mi trabajo. Quería ver resultados rápidos y saber que estaba haciendo bien las cosas para reconfortarme un poco. Muchos años estuve en el limbo de “¿será lo correcto?”. Ahora sé que era lo correcto y que va a seguir siéndolo.

¿Es cierto que cuando eres muy joven quieres comerte el mundo de una mordida?

Soy muy mala para expresarme con palabras, pero a lo que me refiero es que tienes que trabajar en el momento. Después es cuando dices “dibujé durante dos años, cinco dibujos, todos los días”. Ves el primer dibujo y el último y claro que hay una diferencia, pero no la vas a ver al principio, la verás con 10 libretas de dibujos.

¿Qué esperas de tu carrera a mediano y largo plazo?

No sé si sea bueno o malo, pero procuro no esperar nada ni a nadie, vivo al día, con planes a corto plazo. Ahora estoy trabajando con mis series de escultura, pintura y gráfica y con eso tengo para estar ocupada. Casi siempre después de un periodo de trabajo llegan los lugares de exposición y las ventas. No es que lo planee, me dedico a trabajar y hacer lo que más me gusta y lo demás se va dando. También va a ser una sorpresa para mí saber a dónde me está llevando todo esto.

¿Qué temas quieres abordar en tus próximas obras?

Nunca he trabajado con el tema y me entusiasma la idea de lo femenino y lo masculino en las personas transgénero. Creo que en todos conviven ambas partes y me parece interesante verlo exacerbado en una persona.

¿Qué es lo que más disfrutas de ser artista?

Mezclar colores. Me gusta mucho la parte técnica, todo lo que se desarrolla en el taller, ver cómo se combinan los pigmentos, las texturas, espesores.

Me gusta también poder disfrutar mi parte excéntrica y que la gente no lo tome a mal porque, ya sabes, eso se espera de un “artista”.

¿Cuál es el mejor elogio que ha recibido tu obra?

Una persona que lloró frente a un cuadro y que cuando supo que yo lo había pintado fue a abrazarme. Me dio a entender que lo entendía. Fue con un cuadro sobre abuso infantil y ella era una señora que llevaba dos niñitos. En ese momento supe que esos dos niños estaban bien cuidados y que ella nunca permitiría que les pasara algo así.

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