El efecto Flynn
Ciencia

El efecto Flynn

La inteligencia en juego

Algunos de los efectos más interesantes en nuestra era son aquellos que ocurren en la mente. Si se habla en términos de cambios en las mentes de la humanidad en su conjunto, los efectos pueden ayudarnos a comprender nuestra especie y su paulatina evolución.

El efecto Flynn habla de un incremento del coeficiente intelectual detectado a finales del siglo XX a nivel mundial. Al comparar las generaciones sucesivas, se siguió encontrando este aumento.

Recientemente apareció el supuesto de que la humanidad se está volviendo cada vez más estúpida. Esta hipótesis es vinculada generalmente al uso de las tecnologías actuales, como los teléfonos celulares, y a la disminución de la lectura de libros físicos. Se suman también elementos que tienen que ver con la baja en la interacción social directa y el alza en la interacción por medio de redes sociales.

El uso que se da al Internet de forma masiva tiene que ver con el supuesto de la disminución de la inteligencia y con la manera en que se juzga a generaciones como la Y y la Z. Lo cierto es que la comunicación virtual puede verse como un reflejo de la que ejercíamos antes de utilizar redes sociales, donde mucha de la información que compartíamos también era irrelevante.

La diferencia es que ahora está escrita y es compartida masivamente. Incluso las noticias falsas se difunden rápidamente, puesto que el periodo de atención, ante nuestra sobreestimulación, ha disminuido. Dos décadas atrás mantenía un promedio de doce segundos; actualmente contamos con cinco segundos de atención focalizada, según el estudio Publicidad: Digital vs. Tradicional de Ipsos Perú. Este fenómeno, sin embargo, tiene más que ver con nuestra relación con la información que vemos en redes sociales, que con la inteligencia.

Foto: Behance / Maus Bullhorst

ADAPTACIÓN

El neuropsicólogo y profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid, José Antonio Portellano, señala también que el tiempo de atención focalizada está disminuyendo. Pero añade que se está ganando en otra área: la atención multitarea. Es decir, nuestras capacidades se están transformando y es necesario adaptar el trabajo y la educación a los cambios.

El acceso a la información, junto con su democratización, genera también bastantes posibilidades de aprendizaje. Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) la introducción de celulares en países como Etiopía, Gana, Zimbabwe, Nigeria y Pakistán, fomentó la lectura hasta en un 12 por ciento en la década de los noventa.

Howard Gardner, psicólogo de Harvard, cree que la inteligencia abarca más de lo que se suele medir. Su teoría de las inteligencias múltiples la separa en diferentes ramas, lo que pone en cuestión lo que es en sí este término. El nivel de procesamiento necesario para las tareas que eran realizadas en una época, es distinto conforme pasa el tiempo porque surgen nuevas actividades cotidianas.

Las divisiones que emplea Gardner son la inteligencia verbal, la lógico-matemática, la visual-espacial, y la corporal-kinestésica o musical. Otras clasificaciones tienen en cuenta inteligencias como la intrapersonal, que implica la posibilidad de comprender los propios pensamientos, sentimientos y creencias; la interpersonal, referente a la interacción que se da entre varias personas; la naturalista, que tiene que ver con los conocimientos aplicados en espacios abiertos o naturales.

RESTAR INTELIGENCIA

El efecto Flynn es un aspecto que demuestra que la disminución del coeficiente intelectual es falsa. El investigador James Flynn, dedicado al estudio de la inteligencia a partir de sus factores externos, descubrió en la década de 1980 que las pruebas de coeficiente intelectual (CI) varían en el tiempo.

El coeficiente intelectual humano aumenta, en promedio, tres puntos cada década. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Los puntajes de las pruebas aumentaron, según lo encontrado por Flynn, alrededor de tres puntos cada diez años, por lo que el promedio de CI en adolescentes en los años cincuenta sería de 118 mientras que en la primera década del siglo XXI, sería de 130. En un estudio del 2015, publicado en la revista Intelligence, el King’s College de Londres emprendió la tarea de medir el coeficiente intelectual mundial investigando en más de 48 países; el resultado fue un aumento de 20 puntos desde 1950.

En el libro La Campana de Bell (1994), Richard Hernstein y Charles Murray acuñaron el término efecto Flynn para describir el incremento mencionado y le adjudicaron la causa a los cambios que vive cada generación.

El hallazgo del efecto Flynn en relación con el nivel socioeconómico, es que el incremento en las clases sociales bajas es superior al de otras clases. Además, esta tendencia se ha reducido en los países ricos, debido a que son diversos factores externos (además de los heredados) los que influyen en la inteligencia.

Entre los factores que afectan la inteligencia pueden estar algunos biológicos, como lo es la calidad en la alimentación, que hace posible el desarrollo del cerebro a temprana edad e influye en la posibilidad de crecimiento del CI en cerebros adultos.

Otras causas que se atribuyen al efecto Flynn son la mejora en la escolarización y los avances en la medicina, pues los aspectos que influyen en el desarrollo físico y mental desde temprana edad afectan el CI y mejoran las capacidades de los nuevos infantes.

Un enriquecimiento del ambiente también significa mejores posibilidades de desarrollo, menciona el mismo Flynn en el estudio ¿Qué es inteligencia?: más allá del efecto Flynn de la Universidad de Cambridge (2007). El avance en la capacidad de razonamiento abstracto de la población mundial, se puede deber a los cambios tecnológicos y sociales que se viven año con año. La familiarización con las nuevas tecnologías estimula el cerebro, así como el aumento en la exigencia académica y laboral.

Foto: Behance / Maus Bullhorst

Este efecto se da no únicamente en el CI, sino en la inteligencia cristalizada, es decir, aquella que depende de la experiencia del individuo, y en la inteligencia fluida, aquella que se relaciona con la resolución de problemas.

CONTRA LA CREDULIDAD

Según lo expresado por el mismo Flynn, el incremento del CI no ha vacunado a la humanidad contra la credulidad. El pensamiento abstracto puede ser usado para defender sinrazones o lo que se denomina verdad emotiva. Las falsas creencias que se tienen de antemano pueden ser defendidas debido al valor que les damos y la manera fácil en que explican aspectos de nuestra vida, por lo que deshacernos de ellas en pos de un pensamiento crítico puede ser doloroso.

Otro factor es la llamada disonancia cognitiva, es decir, actuar en contra de lo que dictan nuestras creencias, valores y pensamientos. A pesar de ser incongruentes nos defendemos para nuestras acciones tengan sentido y, por decirlo de una manera sencilla, nos mentimos a nosotros mismos para estar conformes.

Para Flynn, aunque existe un aumento en la inteligencia, no se pueden resolver problemas como la creencia en pseudociencias u otras formas de pensamiento que serían colocadas en duda por un análisis crítico puesto en constante práctica. Pero identifica que hay una tendencia que va en sentido contrario a este fenómeno.

El ejemplo de esto, según Flynn, es que el habla cotidiana ha incorporado elementos aprendidos de la historia de la humanidad para valorar cuestiones sociales y morales. Tal es el caso de mercado, concepto popularizado en 1776, porcentaje en 1860, selección natural en 1864, muestra aleatoria en 1877, falacia naturalista en 1903 o placebo en 1938.

Los cambios actuales, tanto de índole tecnológica como social y cultural, que no son completamente entendidos ahora, serán naturales en un futuro y su comprensión ayudará a que avancemos en la labor tan ardua que es conocer nuestro mundo y a nosotros mismos.

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