La ciudad de los niños perdidos
Cine

La ciudad de los niños perdidos

Imaginación como motor

El cine tiene la facultad de crear mundos muy distintos al que estamos acostumbrados a ver. En La ciudad de los niños perdidos (1995) habitan infantes, pero también adultos que se comportan de forma caricaturesca, como si surgieran de una realidad inventada por los niños. A pesar de esta cualidad, no se detiene en mostrar un tipo de fantasía más adulta que roza con lo surrealista y lo apocalíptico, con guiños a una ciencia ficción sumamente irreal y retrofuturista.

Con un tono que juega entre lo infantil y lo extraño, esta historia cuenta con momentos de suspenso y tensión junto con escenas cómicas y absurdas. Lo cierto es que esta manera de narrar nos deja ante situaciones que bien se podrían resolver de manera caricaturesca e inesperada.

La ciudad de los niños perdidos es una película francesa realizada en 1995. Escrita por Gilles Adrien y Jean Pierre Jeunet, cuenta con una dirección también colaborativa entre Marc Caro y el mismo Jeunet, quienes para entonces habían realizado su comedia negra Delicatessen en 1991.

Jeunet es más conocido por la película Amelie (2001), que dirigió y escribió. Recientemente ha levantado expectación con una nominación a los premios Oscar a mejor largometraje de animación con Perdí mi cuerpo (2019).

ESTÉTICA

La penúltima colaboración entre Jeunet y Caro, se desarrolla en una ciudad sombría y derruida en la que los personajes viven entre pobreza y hambruna, y donde además existe la amenaza constante de la desaparición de niños. Los cíclopes, seres con un ojo biónico, son los encargados de robarlos y llevarlos al científico loco Krank (Daniel Emilfork). A cambio, éste brinda a los monstruos sus ojos y oídos mecánicos, que amplifican sus capacidades.

One (Ron Perlman). Foto: mundodvd.com

One (Ron Perlman) es un hombre fuerte que sirve de atracción en un carnaval. Un asaltante apuñala al gerente del carnaval, liberando a One, que a continuación es contratado por una pandilla delictiva de niños huérfanos. No son malos por sí solos, sino que están bajo el dominio de uno de los villanos: las gemelas llamadas Pulpo, que actúan como una sola persona y que demandan los objetos robados por los niños.

La pandilla espera que One robe una caja fuerte, pero en este intento su hermano adoptivo Denree es secuestrado. One, junto con Miette (Judith Vittet), una niña que formaba parte de los huérfanos, se aventuran a encontrar al niño perdido, debiendo enfrentarse a las hermanas Pulpo, a los cíclopes y a sus pulgas entrenadas que usan para inyectar un veneno que hace posible controlar a los personajes que deseen.

Su cruzada los lleva por los rincones de la ciudad portuaria derruida e incluso a los dominios de Krank. Su laboratorio situado en el mar es custodiado por creaciones del científico loco y además contiene el secreto por el que secuestra a los niños: para robar sus sueños.

El filme tiene tonos sepia y sus escenarios son sombríos. Se plantea como un cuento infantil que, sin embargo, desde el principio manifiesta su intención de no establecerse como tal. Vemos cómo un niño espera la llegada de Santa Claus, quien pronto hace su aparición, pero junto con otros personajes iguales a él que comienzan a hacer cosas inesperadas, como comerse toda la comida e incomodar al pequeño. Lo que comienza como un sueño se transforma en una pesadilla.

La ciudad portuaria que se nos muestra es lúgubre llena de niebla. Las secuencias que presentan el secuestro de niños aparecen cubiertas de suspenso. La pobreza y la hambruna establecen un tono dramático y adulto mediante el que se nos cuenta el principio de la historia.

El laboratorio del científico Krank. Foto: mundodvd.com

Los aparatos de los cíclopes y las demás creaciones del científico Krank están diseñados bajo una estética steampunk. El estilo pertenece a la ciencia ficción y se desarrolla bajo el supuesto de que la tecnología del siglo XIX, como máquinas a base de engranajes y de vapor, hubieran podido desarrollarse a mayor escala y con nuevas posibilidades.

En la película también se puede notar la influencia del cyberpunk, género que se basa en ambientes distópicos y futuristas, presentando las supuestas dificultades a las que podría enfrentarse la humanidad en el futuro. A las puertas del uso masificado de internet, el cyberpunk exploró dilemas filosóficos a través de la ciencia ficción y los mundos postapocalípticos.

La ciudad de los niños perdidos no sigue al pie de la letra las reglas del cyberpunk, pero sí toma de él elementos importantes para generar un mundo victoriano y con matices de cuento infantil.

Los problemas que se plantean en la trama de la película, giran en torno a la inocencia y, más particularmente, a aquello que es posible a través de ella: la gran imaginación y creatividad de la que son capaces los niños.

ONIRISMO

El antagonista Krank es un científico loco que es incapaz de soñar, por lo que envejece prematuramente. Su carencia lo hace emprender una búsqueda de niños a los que roba los sueños.

La aventura que se nos cuenta después del secuestro contiene, de a poco, elementos cómicos y situaciones infantiles como el plan de los huérfanos para deshacerse de One: los niños provocan una reacción en cadena que lleva al personaje a hacer equilibrismo en un gran tubo. Este tipo de situaciones son absurdas y nos hacen pensar, como espectadores, que ya no estamos ante el tono que el filme mantenía al principio. La narración ha sido tomada por la mente infantil.

Santa en la pesadilla de un niño. Foto: mundodvd.com

Los villanos se nos muestran menos terribles que los primeros cíclopes, con carencias y comportamientos peculiares. Los problemas se resuelven de forma a veces caricaturesca, por lo que el espectador podría no saber qué esperar o si realmente puede pasarle algo grave a los protagonistas. Pero esto no significa que el tono sea completamente desenfadado a partir de la mitad de la película, sino que se combina constantemente.

Un ejemplo de esto es el enfrentamiento con la gemelas Pulpo, donde hay un efecto en cadena que las incendia. En una secuencia cercana, One es afectado por el veneno de las pulgas y se vuelve contra Miette; lucha con ella y casi la asesina. Sin embargo, durante su viaje ambos se vuelven inseparables tras pasar momentos que refuerzan su amistad y su relación necesaria para sobrevivir.

La película juega con este tipo de efectos dramáticos e intensos, pero también resuelve situaciones de manera absurda (como la caída de One de la torre de Krank). Así, podemos ver personajes que creíamos muertos, pero que en realidad están dormidos en el nido de aves marinas.

No es coincidencia que se utilicen estos recursos, puesto que en los cuentos de hadas se pueden encontrar temas adultos y complejos. El motor de nuestro villano es precisamente conseguir los sueños de los niños, y el comportamiento y las situaciones que podrían estar dentro de un cuento infantil forman parte de las leyes que rigen ese mundo fantástico.

Todo lo anterior se convierte también en el motor de la trama y mediante ello los protagonistas resuelven conflictos y hacen que, al final de todo, exista la posibilidad de un final feliz en el que el drama del secuestro se atenúa mostrando a un niño que come lo que se encuentra. La ciudad de los niños perdidos es una historia peculiar en su diseño de producción y en su narrativa, que termina siendo tan extraña y siniestra como disfrutable para un público amplio.

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