La geografía del poder femenino
Reportaje

La geografía del poder femenino

Ellas en la faena política global

La idea de que una mujer puede ser tan poderosa como un hombre es algo con lo que nuestra sociedad no es capaz de lidiar. Pero soy tan poderosa como un hombre.

Alexandria Ocasio-Cortez

Algunos cambios, tal vez los más trascendentales, suelen tardar en ocurrir. Las mujeres, por ejemplo, han pugnado durante siglos por el derecho a moverse libremente en la estructura social. O, mejor dicho, en las estructuras sociales, pues se trata de un fenómeno a escala global. Con el tiempo ocupa puestos que antes les eran vedados, fuera por mera costumbre o por disposiciones concretas de las autoridades.

El deporte, la ciencia, la milicia, entre muchas otras áreas del quehacer humano, incorporan a las mujeres entre sus filas. Pero hay un ámbito clave que merece especial atención: la política. Gobernar es una actividad que desde el comienzo se ha asociado con lo masculino. El hombre que dirige una nación, que lanza peroratas a sus gobernados detrás de un atril, ya es casi una figura arquetípica.

La integración de las mujeres en la participación política es, por decir lo menos, una tarea ardua. Las reacciones negativas de parte de presidentes y otros políticos son abundantes. Peor todavía: es posible encontrar ejemplos recientes. En el 2014, el presidente ruso Vladimir Putin declaró que Hillary Clinton “era débil”. Y añadió: “En una mujer, sin embargo, la debilidad no es tanto un defecto”.

No faltará quien argumente que así es la política, que se trata de imponerse. Si este es el caso, las mujeres de alrededor del mundo no se amedrentan. Por el contrario, han decido seguir adelante. En diferentes geografías, en diversas latitudes, toman puestos de poder como no había ocurrido antes.

ÁFRICA, 100 DÍAS DE MUERTE

Cuando se piensa en África, una de las primeras cosas que aparecen en mente es el conflicto sin fin. Azotado por enfrentamientos armados, la inestabilidad política y los abusos de las naciones más avanzadas, el continente que un día fue cuna de la humanidad, ha sido escenario de hechos devastadores. El genocidio que asoló a Ruanda es uno de sus episodios más cruentos.

Era 1994, en el país africano había dos grupos principales: los hutus y los tutsis. Los primeros eran mayoría. Los segundos, sin embargo, detentaban más puestos de poder. Entre ambas tribus existía una rivalidad añeja que contaba con pasajes de agresiones notables. La situación empeoró cuando los presidentes de ascendencia hutu, Juvénal Habyarimana (el mandatario de Ruanda) y Cyprien Ntaryamira (líder de Burundi) fueron asesinados. El avión en el que ambos se encontraban fue derribado. Hasta la fecha se ignora quién fue responsable del atentado. La falta de esta pieza clave de información no fue óbice para que se señalara a los tutsis como culpables. Así dio inicio una matanza por parte de los hutus que se extendería por cien días. Las cifras varían, pero se ha llegado a calcular que se exterminó hasta al 70 por ciento de la población tutsi. Un número que estaría entre las 500 mil y las 800 mil personas.

Paul Kagame. Foto: sinpermiso.info

Tras el sanguinario suceso, una de las consecuencias más importantes fue la aparición de las mujeres en la vida política. Las sobrevivientes del genocidio, muchas de ellas viudas, se vieron empujadas a adoptar un rol nuevo en su sociedad en aras de mantener la estabilidad de la misma. Así fue como llegaron a ocupar el 62 por ciento de la legislatura nacional, proporcionalmente más que cualquier otro país.

Esto se expone en el artículo de National Geographic How women are stepping up to remake Rwanda (Cómo las mujeres están tomando la iniciativa para reconstruir Ruanda). En el texto también se consigna cómo diversos actores políticos y civiles entraron en juego para que las mujeres lograran ejercer su liderazgo actual: asociaciones civiles, legisladores y, en particular, Paul Kagame, presidente de Ruanda desde el 2000 y una figura conflictiva. En su país es laudado por haber detenido el genocidio tutsi, pero en el exterior es considerado un criminal de guerra. A él se le atribuyen acciones importantes para que se lograra la equidad de género actual en su país. En la actualidad, 13 de los 26 puestos de su gabinete están ocupados por mujeres.

Al margen de la polémica de Kagame, las ruandesas que ocupan puestos en el gobierno, se han dado a la tarea de reconstruir el tejido social de su país. También se han encargado de realizar transformaciones significativas en una nación que se encontraba muy atrasada en materia de género. La situación era tan mala, que las mujeres tenían impuesta una larga lista de prohibiciones. En esencia, sólo se les permitía procrear, además de que eran consideradas como una propiedad más. Ahora, tienen permitido ejercer actividades diversas, algunas de las cuales les ayudan a sustentarse por sí mismas.

El caso ruandés es notable, pero no es el único en el continente africano en el que las mujeres se han lanzado a la palestra del campo político. Es imposible ignorar a Saara Kuugongelwa, quien es la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra de Namibia. Tal vez su trayectoria vital no haya estado marcada por la tragedia de una forma tan tremebunda, pero aun así estuvo afectada por el conflicto. Debido a que desde muy joven pertenecía a la Organización del Pueblo de África del Sudoeste (SWAPO por sus siglas en inglés), se vio obligada a exiliarse en 1980.

Kuugongelwa viajó primero a Sierra Leona y luego a Estados Unidos. Ahí estudió en la Universidad de Lincoln, en Pensilvania. Una vez graduada, a los 27 años, regresó a su país, por el cual seguía mostrándose comprometida. Debido a su educación en el extranjero, no le fue difícil integrarse al gobierno. Con el tiempo fue avanzando, hasta que el 21 de marzo de 2015 asumió el cargo de primera ministra.

Saara Kuugongelwa. Foto: neweralive.na

Otro caso resuena de nuevo en el llamado cuerno de África, se encuentra Etiopía, un país destacable por ser el único en el continente que tiene una mujer como presidenta en la actualidad. Su nombre es Sahle-Work Zewde y logró llegar a donde está pese a que era casi una desconocida en el panorama político etíope. Así lo expone el diario español El País en un artículo de 2018 titulado Sahle-Work Zewde, el rostro de la nueva Etiopía. Hay quienes han señalado que el puesto de presidenta no es tan importante, pues es el primer ministro quien toma las decisiones de peso. Sin embargo, esto no ha impedido que Zewde ponga manos a la obra para actuar en los asuntos que considera fundamentales, como los derechos de las mujeres.

LAS NUEVAS LÍDERES DE EUROPA

A diferencia de África, Europa es un continente en el que las luchas por los derechos humanos han estado mejor definidas. No es de extrañar, entonces, que aquí encontremos el mayor número de mandatarias en la actualidad. Además, Islandia ostenta el puesto como el país que tuvo a la primera presidenta elegida democráticamente en el mundo, Vigdís Finnbogadóttir.

Si bien su logro es irrevocable, existen otras mandatarias que han dejado una impronta indeleble en el curso de la historia. En esta categoría entra la exprimera ministra de Reino Unido, Margaret Tatcher, cuyo apodo sobrevive hasta nuestros días: la Dama de Hierro. El mote se lo dio un periodista ruso para describir su liderazgo caracterizado por el aplomo y la inflexibilidad.

Tatcher fue una líder nata. Supo conectar con la gente para ascender al poder. Se mostró como una mujer cercana a la sociedad. Una ama de casa que aseguraba saber cuánto costaba una botella de leche, a diferencia de otros políticos. Tomó el control del país en 1979. Su gestión duró hasta 1990, siendo la más larga en la isla durante el siglo XX. Su periodo de gobierno fue un parteaguas, para bien o para mal.

Como primera ministra, se propuso reducir el poder de los sindicatos. Ello derivó en una huelga que empezó en 1984 y se extendió por un año. Al final, el gobierno anunció el cierre de veinte minas de carbón, lo cual dejó sin empleo a alrededor de 20 mil personas. Los mineros no tuvieron otra opción más que regresar a su trabajo.

Hubo otras decisiones de gran impacto en la economía y la sociedad británicas, como la privatización de las empresas estatales de agua, gas, teléfono, electricidad y la aerolínea British Airways. Las medidas ya mencionadas y otras más, incluso provocaron cambios en otros países europeos. De hecho, algunos ven en Tatcher la semilla del actual Brexit. Esta idea la propone, por ejemplo, el artículo del Financial Times titulado; How Thatcher’s Bruges speech put Britain on the road to Brexit (Cómo el discurso en Brujas de Tatcher puso a Reino Unido en camino al brexit). En ese discurso, la Dama de Hierro dijo: "No hemos echado hacia atrás las fronteras del Estado en Reino Unido sólo para verlas reimpuestas al nivel europeo, con un superestado europeo ejerciendo una nueva dominación desde Bruselas".

Margaret Thatcher. Foto: Behance / Anna Light

Años después, en 2016, la segunda primera ministra del Reino Unido, Theresa May, tuvo que enfrentar el comienzo del retiro del país de la Unión Europea. Una tarea que le fue heredada tras la renuncia de David Cameron y que resultó por demás amarga. May desde el principio dejó en claro su postura al declarar “brexit significa brexit”. Sin embargo, era la primera etapa de un cambio polémico que ocasionó que muchos se lanzaran contra la mandataria. A fin de cuentas se quedó sola y tuvo que renunciar.

Más hacia el este de Europa, en Alemania, nos encontramos con la actual canciller de ese país, Angela Merkel, quien es considerada tremendamente influyente. De hecho, es tenida por la líder de facto de la Unión Europa. No sólo eso, sino que la revista Forbes la nombró la mujer más poderosa del mundo en 2019. Lo mismo ocurrió los ocho años previos.

En la actualidad se encuentra al frente de la economía más grande de Europa tras sacar a Alemania de una severa crisis. Su temple inquebrantable le ha servido para lidiar con otras adversidades. Es famosa, por ejemplo, su paciencia ante las necedades de Donald Trump. En ocasiones lo ha contradicho de forma tajante, pero también ha tomado las cosas con buen humor, como la ocasión durante la cumbre del G7 en que se burló de él por decir que tenía sangre alemana.

Recientemente, en una Europa que se percibe cada vez más dividida (recordar aquí de nuevo el brexit es pertinente), ha tenido que tratar con el resurgimiento de la ultraderecha. Al respecto, en un discurso pronunciado el 28 de noviembre de 2019, dijo: “Pero la libertad de expresión tiene sus límites: esos límites comienzan cuando se propaga el odio, empiezan cuando la dignidad de otra persona es violada”.

Como ya se mencionó con anterioridad, en Europa encontramos la mayor cantidad de mandatarias en la actualidad. En el frío territorio de Noruega la primera ministra es Erna Solberg, fue elegida para el cargo en 2013.

Croacia, por su parte, es liderado por Kolinda Grabar-Kitarović, la primera mujer en esa nación en ocupar el cargo. En el Mundial de Rusia 2018 se le vio muy entusiasmada usando una camiseta de su equipo. Ello propició un torbellino de información por parte de los medios que la encontraron divertida. Hasta que las cosas adquirieron un caris más serio cuando se supo que apoyaba políticas antinmigrantes. Llegó incluso a declarar que debía de usarse al ejército para defender a su país de los refugiados. Además, se reveló que su interés por el fútbol obedecía a una estrategia para quedar en buenos términos con la población masculina de Croacia.

También han existido otras mandatarias en Europa. Polonia, Lituania y Malta, por ejemplo, han sido países encabezados por mujeres recientemente. Ahora bien, existen otros puestos públicos de suma importancia aunque no sean el de presidenta. Quizá no tengan la misma visibilidad, pero son de vital importancia para los gobiernos. En la actualidad, España es el país que más mujeres tiene en su gabinete, con once de ellas, mientras que sólo seis hombres lo complementan. Gracias a esto se encuentra por encima de otras naciones, como Suecia o Finlandia.

Angela Merkel. Foto: EFE Berlin

Aunque tal vez no vayan a la par, otros territorios han hecho avances sustanciales, como Italia, pues en su Parlamento el 30 por ciento es femenino, mientras que en Francia la cifra alcanza el 40 por ciento.

ASIA Y SUS MANDATARIAS

El continente asiático se caracteriza por ser especialmente heterogéneo. Hay países que pueden darse el lujo de presumir que son muy avanzados en diversos ámbitos, como la tecnología, la economía y, por supuesto, la política. Tal vez la nación que mejor refleja esto es Japón. Luego están naciones menos desarrolladas, como Filipinas, que cuenta con una destacable biodiversidad por un lado, y agudos problemas sociopolíticos por otro. También está el caso de China, cuyo férreo gobierno ha fomentado el crecimiento de la economía pero, al mismo tiempo, ha optado por mantener una postura conservadora en otros temas, como la paridad de género.

Las irregularidades en las latitudes asiáticas hacen que se presenten casos disimiles en cuanto a la participación de las mujeres en la política. Uno de los más interesantes es el de Aung San Suu Kyi. En la actualidad ocupa el puesto de consejera de estado de Birmania, que equivale al de primera ministra. Durante mucho tiempo, Suu Kyi se dedicó a lograr la democratización de su país. Para ello emprendió acciones en favor de los derechos humanos y contra el régimen militar que detentaba el poder. Gracias a ello se granjeó la simpatía de diversos activistas y líderes internacionales. Los galardones de toda índole no se hicieron esperar, incluyendo el Premio Nobel de la Paz en 1991.

Sin embargo, la situación dio un giro radical en 2016, cuando se convirtió en la líder de facto de su país. En consecuencia hubo una mayor apertura al exterior, lo cual trajo la atención sobre la minoría musulmana rohingya en este territorio. Los rohingyas son un pueblo que, como los gitanos, no cuentan con un lugar fijo en el cual establecerse y son objeto del menosprecio. En Birmania, de acuerdo con la ONU, han sido víctimas de limpieza étnica. Para salvar sus vidas, muchos huyeron a la vecina Bangladesh. Se cree que los muertos ascienden hasta los 25 mil, mientras que la cifra de desplazados es de 725 mil. Una crisis humanitaria colosal. Y se ha acusado a Suu Kyi de haberla permitido.

Hasta este punto, las mujeres mencionadas en este texto habían sido, unas más que otras, gobernantes que sólo han trabajado por el bien de otros. En Suu Kyi encontramos a alguien que actuó en contra de una minoría étnica. Sin embargo, sería condescendiente asumir que por ser mujer debe ser más benévola que sus contrapartes masculinas. A fin de cuentas es una política que ha tomado las decisiones que ha considerado más apropiadas para su país.

Quien también ha soportado el embate de tiempos turbulentos es la jefa ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam. Los medios de comunicación han cubierto de manera generosa las protestas de la excolonia británica. El conflicto social se desató el 28 de abril de 2019, pero la primera gran manifestación sucedió el 9 de junio de ese mismo año. A partir de entonces, las movilizaciones fueron cada vez más rotundas.

Carrie Lam. Foto: EFE Hong Kong

Hong Kong solía pertenecer a China, hasta el fin de la Guerra del Opio contra Reino Unido en 1842. Entonces pasó a ser una colonia del país europeo, lo cual concluyó en 1997. Ese año, Hong Kong volvió a ser territorio chino. Pero la transición no fue tan sencilla como se esperaba. Los hongkoneses empezaron a demandar más libertades, lo cual desembocó en que China cediera en varios aspectos y se aplicara el concepto de “un país, dos sistemas”. La idea es que Hong Kong es una región semiautónoma; está sujeta a la autoridad china, pero posee libertades en cuanto a su organización sociopolítica.

En 2019, el gobierno hongkonés planteó una iniciativa de ley que permitiría la extradición de ciudadanos a China, donde podían ser juzgados por haberse opuesto al gigante asiático en el pasado. Este fue el motivo que inició las protestas. Y Carrie Lam, que fue elegida como mandataria en 2017, ha tenido que lidiar con los manifestantes. Nunca ha ocultado su lealtad por Pekín, no ha dudado en reprimir las protestas e incluso ha pedido a sus gobernados que sigan siendo fieles a China.

La mandataria de Taiwán, por otro lado, ha abordado la relación con China de una forma muy diferente. Apenas el 11 de enero de este año, Tsai Ing-wen se convirtió en la primera presidenta de ese país con un amplio margen en las elecciones. Hay un inconveniente: no es bien vista por China, que considera a la isla como parte de su territorio. Lejos de amedrentarse, Ing-wen ha sido clara en su postura. Al respeto, declaró: "Pekín debe entender que un Taiwán democrático, con un gobierno democrático, no va a ceder ante las amenazas y la intimidación".

En Bangladesh la situación es diferente con su primera ministra, Sheikh Hasina. Para empezar, ella ya ha ocupado el cargo en tres ocasiones y en diciembre del año antepasado inició su cuarto periodo. Su acenso al poder, aseguran algunos, se vio impulsado porque su padre fue Sheikh Mujibur Rahman, el primer presidente del país. Durante sus mandatos ha sido acusada de haber amedrentado opositores.

En el sureste asiático, encontramos la isla de Singapur, la cual es gobernada por Halimah Yacob, quien, como otras mandatarias presentadas aquí, es la primera en ocupar un puesto tan alto. A diferencia de Hasina, Halimah Yacob no es la hija de ningún presidente. Su padre era un musulmán de origen indio que murió cundo ella apenas contaba con ocho años. En consecuencia, se vio obligada a ayudar a su madre en un puesto de comida. Más adelante, al llegar al Partido de Acción Popular, comenzó desde abajo y fue subiendo puestos. Fue elegida como presidenta el 2017 gracias a que no se presentó ningún candidato; ninguno de ellos cumplió con los requisitos.

En el rubro, India es un país que todavía arrastra tradiciones perniciosas para las mujeres. De acuerdo con el diario The Guardian, para diciembre de 2019 había 133 mil denuncias de violación en las cortes. Es decir, casos de los que se tiene conocimiento, aunque las cifras podrían ser más altas. Este clima de hostilidad hacia las mujeres no es propicio para que busquen cargos públicos, pero aun así ha ocurrido. Indira Gandhi fue primera ministra del país en dos ocasiones. Primero en 1966 y después en 1980.

Indira Gandhi. Foto: news18.com

Tiempo después, el hijo de Indira, Rajiv Gandhi, se casó con Edvige Antonia Albina Maino, originaria de Italia y que cambió su nombre a Sonia Gandhi. Rajiv llegó a ser primer ministro, pero fue asesinado. En consecuencia, Sonia fue considerada la heredera natural de la dinastía Nehru-Gandhi. Gracias a ello se le ofreció el liderazgo del Partido del Congreso, al cual perteneció su esposo. Al principio se rehusó, pero terminó por acceder. Ocupó el cargo cuatro veces.

Asia ha dado a otras políticas destacables. Una que no se puede dejar pasar es Sirimavo Bandaranaike, quien posee la distinción de ser la primera ministra de cualquier país en el mundo. Gobernó Sri Lanka (antes llamado Ceilán y cercano a la India) y lo hizo en tres ocasiones. La primera en 1960. Por otro lado, en Pakistán, Benazir Bhutto fue primera ministra de la nación musulmana que, como la India, todavía ejerce un machismo asfixiante. Por último, cabe mencionar el caso de Indonesia donde, a partir de 2013, los partidos políticos deben tener al menos un 30 por ciento de mujeres como candidatas parlamentarias.

EL PANORAMA DE AMÉRICA

América como sinónimo de Estados Unidos es una idea poderosa que desde hace mucho se esparció por el mundo. América, la tierra de la libertad. La nación donde todo es posible, donde se puede triunfar sin importar de dónde vengas. Y sin embargo, todos sabemos que todo esto es engañoso, que las cosas nunca son lo que aparentan. Aunque Estados Unidos es un lugar avanzado en materia de género, todavía hay asuntos pendientes en esta área. Por ejemplo, es el único país desarrollado que no cuanta con licencia de maternidad pagada. Más sorprendente aún es que el país que se precia de ser el más democrático sobre la faz de la Tierra, nunca ha tenido a una presidenta.

Lo que sí ha existido es una amplia participación de las mujeres en su política. Una figura excepcional la encontramos en Lori Lightfoot, la primera alcaldesa de Chicago. Pero hay otras dos características que hacen de ella una edil fuera de lo convencional: es afroamericana y abiertamente lesbiana. Pertenece al mismo tiempo a tres grupos que han sufrido marginación de una u otra forma. En la elección, se impuso a su rival, Toni Preckwinkle, con un aplastante 74 por ciento de los votos. El día que ganó, el 2 de abril de 2019, dijo lo siguiente en su discurso de victoria: "Enfrentamos a intereses poderosos. Hoy, ustedes hicieron más que historia, crearon un movimiento para el cambio".

Chicago es una de las ciudades más violentas de nuestro vecino del norte. En años recientes los asesinatos habían comenzado a bajar, pero apenas en enero de este año aumentaron un 50 por ciento, de acuerdo con el diario Chicago Tribune. La seguridad sigue siendo un reto urgente para Lightfoot. Descuidarse podría significar el regreso de los días más violentos de la urbe, cuando era apodada como Chirak (mezcla de las palabras Chicago e Irak).

Alexandria Ocasio-Cortez. Foto: thegaudie.com

Esa es otra arena política en la que contiende Alexandria Ocasio-Cortez. Para empezar, labora en Nueva York. De ascendencia puertorriqueña, atrajo los reflectores cuando resultó ganadora de las elecciones primarias del Partido Demócrata para el 14º distrito congresional de la ciudad. A sus 29 años, se convirtió en la persona más joven en servir en el Congreso de los Estados Unidos. Además, es una activista comprometida y mantiene una fuerte presencia en redes sociales.

Entrar en la política no estaba en los planes”, dijo Ocasio-Cortez en uno de los videos publicitarios de su campaña electoral. Y en verdad no lo estaba, pues la mayor parte de su vida fue bastante ordinaria. Su padre murió cuando era joven, lo que la obligó a conseguir un trabajo. Su familia, además, se vio afectada por la crisis hipotecaria de 2008. Ocasio-Cortez era una persona normal, con tribulaciones por las que muchos atraviesan. Pero en ella había una conciencia política que la llevó a unirse a diferentes causas progresistas y trabajar para políticos como Bernie Sanders. Una experiencia que la marcó fue cuando se unió a las protestas en contra de la construcción de un oleoducto que atravesaría tierras consideradas como sagradas por tribus de nativos americanos en Dakota del Sur.

Así fue como dio un viraje a su forma de ver las cosas. Si en verdad quería velar por el interés de las personas, concluyó entonces, lo que debía hacer era representarlas. Y al fin entró de lleno a la política. Encontrarse en un cargo de ese tipo no ha hecho que se aleje de sus ideales. Por el contrario, los sigue defendiendo a toda costa. Sus propuestas, por supuesto, han molestado a numerosos conservadores. Por ejemplo, se ha mostrado en favor de eliminar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). Una propuesta polémica, sobre todo para los tiempos que corren.

Recordemos que el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en marcha cuestionables medidas en contra de los inmigrantes. Abogar por la desaparición de la agencia encargada de deportar indocumentados, es bastante atrevido para cierto sector de la población estadounidense. Pero la congresista no es la única que se ha enfrentado a Trump. Hillary Clinton ya lo había hecho antes.

La carrera política de Clinton es larga y ha ocupado diversos cargos. Ha sido primera dama, senadora y secretaria de estado. En 2016 fue nominada para ser candidata en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos. La carrera por la presidencia fue ríspida por decir lo menos. The Washington Post reportó que Clinton dijo que Trump era un agresor sexual, basándose en los testimonios de las mujeres que lo habían acusado. El entonces candidato republicano contestó con disparates e insultos.

Paula-Mae Weekes. Foto: blackpast.org

Trump perdió por casi tres millones de votos. Sin embargo, por un tecnicismo del sistema electoral estadounidense, ganó la elección. Esta fue la ocasión en que una mujer estuvo a punto de ocupar el puesto de mayor poder en el mundo entero. Tras su derrota, Clinton ha seguido activa en la política y escribió un libro de memorias sobre la elección titulado What Happened (Lo que pasó). La presidencia de Trump continuó de controversia en controversia, hasta que llegó a su punto culmen con el escándalo de Ucrania. Trump le pidió al presidente de este país que interviniera para dañar la imagen de su ahora oponente Joe Biden. Ante semejante abuso de poder, el mandatario estadounidense terminó por ser sometido al llamado impeachment o juicio político. Quien estuvo al frente del proceso fue Nancy Pelosi.

Demócrata, Pelosi se desempeña como Presidenta de la Cámara de Representantes, lo cual ya había hecho en 1987. Es la única mujer que ha estado en el cargo, además de haber laborado en otros puestos públicos. Su presencia en la política estadounidense ha servido como contrapeso en otras ocasiones. El 18 de diciembre de 2019, anunció el inicio del impeachment. El proceso estaba condenado desde el principio. No había condiciones para destituir a Trump.

Si bien Estados Unidos no tiene hoy a una mujer como presidenta, en el país caribeño de Trinidad y Tobago las cosas son diferentes. Paula-Mae Weekes fue jurada como presidenta el 19 de marzo de 2018. Fue la única candidata que aspiró al puesto. Le fue cedido al no haber ninguna oposición. Además de Weekes, la única otra mandataria en la región es la presidenta interina de Bolivia, Jenine Áñez, aunque la permanencia en su puesto está por determinarse. Áñez arribó al poder tras el supuesto golpe de estado que ocurrió contra Evo Morales, lo cual lo orilló a exiliarse en México. El 24 de enero del presente año, Áñez anunció que sería candidata para las elecciones presidenciales del 3 de mayo.

El hecho de que en nuestros días no haya más presidentas en Latinoamérica puede verse como un retroceso. En el pasado ya habido mujeres al frente de países de la región. Michelle Bachelet gobernó en Chile; Cristina Fernández de Kirchner en Argentina; Dilma Rousseff en Brasil y Laura Chinchilla en Costa Rica. En México ha habido candidatas, pero ninguna ha logrado su objetivo.

OCEANÍA

Quizá no tengamos muchos referentes sobre Oceanía. Tal vez, por ser eventos recientes y por su magnitud, una de las primeras cosas que tengamos presentes sobre esa parte del mundo sean los incendios que han arrasado Australia. Pero sobre su política no sabemos casi nada. Por alguna razón, ha pasado desapercibida por el radar de nuestros medios de comunicación. Pero claro que allá hay una política efervescente. Como dice el dicho, en todas partes se cuecen habas.

En el país-isla de Nueva Zelanda, quien se encuentra al frente es la primera ministra Jacinda Ardern. Su entrada al campo político se dio cuando comenzó a trabajar como asistente de una primera ministra previa, Helen Clark. El 26 de octubre de 2017 se convirtió en la máxima dirigente del gobierno de su país. Ardern nunca se ha mostrado tímida a la hora de hablar sobre sus posturas políticas. Se ha descrito a sí misma como feminista y progresista, además de haber declarado que el capitalismo es un fracaso.

Jacinda Ardern. Foto: EFE Tokyo

Pese a que Ardern se encuentra en un continente donde la libertad de expresión está garantizada, también es cierto que las mujeres dedicadas a la política han padecido, en tiempos recientes, un ambiente bastante hostil. En un artículo de BBC News titulado 2019 election: Why politics is toxic for Australia’s women (Elección de 2019: ¿por qué la política es tóxica para las mujeres australianas?), se explaya la misoginia a la que han estado expuestas quienes ostentan cargos públicos por parte de sus colegas masculinos.

Sarah Hanson-Young, a sus veinticinco años, es la mujer más joven en ocupar un asiento en el Senado. Sobre el trato machista de opositores o colaboradores ha señalado que le han hecho comentarios sobre su ropa, su cuerpo e incluso su vida sexual. Por si esto fuera poco, ha sido testigo de la indiferencia de sus compañeros.

Eurydice Dixon era una joven comediante que fue asesinada cuando regresaba tarde por la noche a su casa. Al respecto, en un debate, Hanson-Young comentó que las mujeres no necesitarían protección extra si los hombres no las violaran. El senador David Leyonhjelm se limitó a contestar: “Deja de fastidiar a los hombres, Sarah”. El senador no sólo se rehusó a disculparse por lo dicho, sino que hizo más declaraciones desagradables, algunas en contra de Hanson-Young, quien no tuvo de otra más que demandar a su difamador.

La confrontación de Hanson-Young inspiró a otras de sus compañeras a que manifestaran su inconformidad sobre cómo eran tratadas. Sin embargo, el problema del sexismo en la política australiana es de tal magnitud, que algunas jóvenes, si bien ambicionan una carrera en el Parlamento, prefieren que sea un puesto tras bambalinas. Algo alejado de la política “real”.

Todavía es posible para Australia resarcir los errores cometidos. Después de todo, cuentan con los antecedentes adecuados. De 2010 a 2013, por ejemplo, Julia Gillard sirvió como primera ministra del país. Regresar a un clima en lo que esto era posible, todavía es un objetivo alcanzable, aunque se requiere de medidas contundentes para contrarrestar la situación actual.

El mapa presentado aquí es apenas una guía escueta. Las mujeres cada vez tienen más participación en la política, sobre todo si tomamos en cuenta que lo político no se limita al partidismo. Existen mujeres liderando movimientos que están fuera del radio de lo gubernamental. Sus luchas, como las de aquellas que gobiernan, han sido arduas y largas. Tal vez los cambios más trascendentales tardan en ocurrir. Pero ocurren.

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