Sandra Frid
Entrevista

Sandra Frid

“Siempre dejamos algo nuestro en cada libro. Es inevitable, porque aunque uno se trate de meter o se meta en la piel del personaje, es una la que está redactando”.

Carmen empaca el último de sus abrigos mientras su esposo, Manuel, se acomoda indiferente la corbata frente al espejo. En Veracruz la espera el barco que los llevará hacia Europa en un último intento de darle color a una vida y un matrimonio insatisfactorios. Es 1914 y Carmen arde en deseos de conocer el París de las luces y la bohemia, quiere ser pintora y rodearse de todos los grandes: Picasso, Matisse, Gris... No puede imaginarse que, en unos años, será amiga de Diego Rivera y Tina Modotti y que, bajo un nuevo nombre que la marcará para siempre, se convertirá en un ícono de la cultura, condenado y venerado con igual fuerza: Nahui Olin, la mujer de fuego, la rebelde, la pintora y poeta del cosmos.

Después de publicar memorables historias como Viaje fugaz, Luz entre cenizas, A través de su mirada  y Mujer sin nombre, con la que obtuvo el Premio de Novela del Grupo Editorial Vid, publicada por primera vez en 2007; además de haber sido parte de la trilogía de cuentos: Las revoltosas, Los revoltosos y algunas metiches y Los revoltosos, la escritora regiomontana regresa a las librerías con La mujer que nació tres veces, una biografía novelada de uno de los personajes más extraordinarios del siglo XX y un apasionante retrato de un corazón desbordado, tocado por la locura y la pérdida: artista, modelo, esposa y amante que llevó su existencia febril a los límites.

Sandra, vaya novela que entregas ¿hacia dónde apuntas con este símbolo de un triple nacimiento..?

A los tres amores que cambiaron la vida de Nahui Olin. Si bien ella tuvo varios amantes creo que fueron tres los hombres que dieron un giro a su existencia, el primero Manuel Rodríguez Lozano, después el Doctor Atl y el tercero es Eugenio Agacino.

Nahui Olin por Dr. Atl, 1922. Foto: artchive.ru

Me imagino que ha sido un reto explorar en la vida de una mujer tan importante y cuya historia permaneció, digamos, oculta... desapercibida mucho tiempo, ¿a qué crees que se debió?

Realmente no sé por qué la gente no la conoce. Mientras escribía la novela me preguntaban sobre quién estaba escribiendo y cuando mencionaba su nombre la mayoría no tenía ni idea de quién hablaba, no la ubicaban como a otros personajes de nuestra historia. Algunos si acaso relacionaban su nombre con el Dr. Atl. Muy poca gente me decía: “sí… creo que era una mujer que ya cuando estaba vieja paseaba por la alameda de la Ciudad de México y alimentaba a los gatos callejeros”. Entonces, pienso que esa es una razón poderosa por la que yo quise que la gente la recuerde o que muchos lectores la conozcan.

Ella fue una mujer que tuvo contacto con personajes como Matisse, Picasso. Pionera en la liberación sexual, en las propias artes plásticas, en la cultura mexicana ¿qué lección crees que tendría a las nuevas generaciones la re-lectura de una mujer de semejante calado?

Creo que es bien importante que sepan que no todas las mujeres en aquella época estaban sentadas en la mecedora tejiendo o tocando el piano, sino que también hubo mujeres pioneras o adelantadas a su época que no querían estar atadas a lo que la sociedad dictaba que era lo correcto y, por ejemplo, ayer una chica en sus cerca de 30 años me decía que había leído la novela y que la sintió muy actual, que si ella no tuviera presente la fecha de la novela hubiera creído que narra la vida de una mujer que vivió en esta época. Eso me dio mucho gusto porque quiere decir que los jóvenes pueden identificarse con este personaje.

¿Trataste de romper esas fronteras de la temporalidad en la historia?

Sí, claro. Al mismo tiempo, me gusta mucho retratar la vida y las costumbres del México de los años veinte, treinta o cuarenta. A mí me apasiona la historia, me gusta, también reflejar un poco de esto en mis novelas, la forma en la que se vivía, el aroma de esos años.

Sandra Frid. Foto: EFE Ciudad de México

Es una acuarela de la ciudad que incluso despierta añoranza, ¿así lo querías?

Me hace sonreír ese comentario porque sí es intencional, además siento que una novela histórica lo vive. Creo que tiene que haber esta acuarela que tú mencionas, mostrar cómo era la ciudad en esa época, las costumbres, el contexto, el momento.

Te apartas un tanto de la crónica histórica, involucras mucho la imagen poética en la gran mayoría de los parámetros de la novela, ¿tiene que ver con la gran mujer, con su maravillosa composición de colores?

Creo que fue un poco inconsciente. Voy a decirte una frase que a mí me hace gracia pero… es como dicen los mecánicos: “es lo que la pieza pide”. Por esa razón, yo sentía que eso es lo que pedía la novela, que pedía un poco de esto que tú mencionas, un poco de poesía, imágenes de muchos colores porque Nahui también fue poeta, entonces se prestaba el personaje. Su vida misma puede decirse que tenía grandes momentos poéticos, por la tristeza, por la agonía, por el amor, por la soledad, por muchos aspectos.

Desde el punto de vista de la propia novela, como de la biografía del personaje, ¿en su existencia la soledad es una extensión poética?

Creo que al meterme dentro de su piel para poder escribir esta novela, quería que muriera en paz. Quiero decir, en donde ella quiso morir, que fue en la casa paterna, en su cama, la recámara donde ella vivió de niña, envuelta en esta colcha de gatos que se mandó hacer, con la sábana donde ella pintó a quien yo considero que fue el amor de su vida, el capitán Eugenio Agacino; oyendo música clásica que le gustaba, una pieza que se llama El mar.

Este amor que menciono con el capitán fue en el mar, porque ellos vivieron su amor en el océano. Yo quería ese final apacible, porque un final poético debe enmarcar una vida tan intensa como interesante. Y real, porque realmente murió rodeada de sus dos enormes perros, de sus ocho gatos, esos que traía de la calle a su casa.

Sandra, eres una mujer muy estudiosa ¿qué tan difícil fue la consulta de las fuentes, la investigación, este proceso de composición del personaje?

Lo que pasa es que me gusta tanto investigar que no siento que sea un trabajo tan arduo, me apasiona. Para mí, investigar, irme a archivos, ir a librerías, meterme en Internet, tratar de entrevistar gente, para mí es parte del gusto que tengo por la novela histórica; encontrarme un pasaje, por ejemplo, que pongo en la novela. Me refiero a cuando quiero investigar en dónde se reunían los intelectuales de los años veinte, entonces meterme a averiguar de este lugar que se llamaba “Los monotes”, que era del hermano de José Clemente Orozco, todo esto me fascina. La investigación no la sufro, realmente el trabajo está en poder hacer esta mezcla de lo investigado con la novela y tampoco restregarle en la cara al lector “mira todo lo que yo sé”, sino tratar de dosificar toda esta información y lograr una verosimilitud a la que estoy obligada en una novela histórica.

En La danza de mi muerte conversamos sobre qué tanto había de ti en el libro, y ahora, ¿qué tanto hay de Sandra en La mujer que nació tres veces?

Es una pregunta interesante porque creo que siempre dejamos algo nuestro en cada libro. Es inevitable porque aunque uno se trate de meter o se meta en la piel del personaje, es una la que está redactando. Tengo una amiga muy cercana que me dijo “yo leía a Nahui y también te leía a ti”, y no puedo más que sonreír porque sí, algo de uno siempre está en las páginas, es inevitable.

Dejas parte de tu ser en las páginas, porque buscas darte un clavado en las emociones. En este caso, por ejemplo, mucho es también el rescate de unas de las figuras del siglo XX en materia cultural, social, artística y feminista.

Ahora, hay una parte de esa revolución sexual que propone Nahui, ¿también fue erótico el tratamiento?

Creo que sí. Hay una persona que cuando la terminó de leer me mandó un mensaje y me dijo: “He leído todas tus novelas y la verdad esta es demasiado erótica”. Mi respuesta es: “Nahui era erótica”. No puedo plasmar a una mujer de falda larga, con chongo y un camafeo en el cuello de la blusa. Nahui era un ser erótico y trato de dibujarla tal cual. Una mujer de avanzada, con un pensamiento muy libre y una formación muy sólida además.

Retrato de Nahui Oli Foto: Edward Westonn

Además una mujer con unas relaciones increíbles…

Sí, sí. Increíbles y… ella vivió realmente como se le dio la gana, hizo lo que se le dio la gana, no le importaba ni el qué dirán ni la sociedad ni su familia ni nadie. Fue alguien que marcó una época.

¿Hace falta voltear a ver estas mujeres que con sus acciones lograron esos derechos que hoy se dan por sentado y a muchas les costaron sangre, sudor y lágrimas?

Creo que sí, además es muy importante que aprendamos de nuestro pasado. Lo dicen claramente: “Tenemos que aprender de nuestra historia”, y bueno, esta es una mujer mexicana que rompió barreras, se adelantó a su época y es muy importante dentro de la cultura con un legado que además, vale la pena decirlo, hoy día es completamente vigente.

¿La reivindicación de estos personajes se puede lograr mejor a través de la literatura que de la propia historia?

Estoy convencida de que sí. Tú usas una palabra que me gusta. Es mucho más amable leer una novela porque la novela te lleva, te saca de esta rigidez que bien mencionas y te da imágenes que una biografía no puede darte. La literatura es una invitación abierta a conocer el lado humano de un personaje, más allá de las fechas y los datos duros. Además te atrapa, te rompe las barreras de los gustos, las edades y los géneros, te atrapa… Sí, yo creo que sí.

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