La búsqueda de la inmortalidad
Ciencia

La búsqueda de la inmortalidad

Entender la vejez para combatirla

Las reflexiones sobre la muerte parecen estar presentes en el ser humano desde el inicio de su existencia. Prueba de ello es que la primera epopeya de que se tiene registro, habla precisamente sobre la mortalidad como cualidad intrínseca de nuestra especie. Se trata del Poema de Gilgamesh, escrito en el año 1400 a.C. por un escriba sumerio.

Un pasaje del relato narra cómo Gilgamesh, poderoso rey de Uruk, se ve emocionalmente devastado cuando fallece su mejor amigo Enkidu. Por días, contempla el cuerpo inerte de su compañero hasta que ve un gusano asomándose por una de sus fosas nasales. La imagen le parece tan repulsiva que en ese momento decide que eso no le ocurrirá a él, por lo que emprende la búsqueda de la inmortalidad.

El rey sumerio pasa por épicas aventuras, adentrándose incluso al inframundo, pero no consigue su objetivo. Sin embargo, aprende a aceptar la mortalidad: “cuando los dioses crearon la humanidad, la muerte para la humanidad apartaron, reteniendo la vida en las propias manos”, concluye.

Desde entonces, obras escritas en todas las regiones y épocas han abordado el deseo del ser humano por la vida eterna. En muchas de ellas el protagonista fracasa, en otras tantas la inmortalidad termina siendo una maldición. Aun así, la ciencia no se da por vencida en su búsqueda por prolongar indefinidamente la edad de las personas.

EL SUEÑO DE CURAR LA VEJEZ

En el último siglo, los avances en medicina han permitido que la esperanza de vida tenga un aumento sin precedentes. En 1960, según datos recabados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el promedio mundial de expectativa de vida era de 52.5 años. Hoy, es de 72 años.

Pero, por muy esperanzador que parezca este hecho, esto no significa que hace medio siglo los más viejos tuvieran alrededor de 52 años. El promedio sólo indica que había más gente que moría joven, por enfermedades u otras razones, antes de alcanzar su potencial de duración de vida (que podría haber sido cercano a los 100 años, por ejemplo).

Desde que apareció el homo sapiens, han existido humanos sumamente longevos. Foto: blogmadeinpangea.blogspot.com

La longevidad máxima humana, explica para la BBC Walter Scheidel, historiador de la Universidad de Stanford, no ha cambiado mucho a lo largo de la historia. Desde el siglo I, por ejemplo, el naturalista romano Plinio enlistó varios casos de personas centenarias. Yendo más atrás, se han encontrado restos de homo sapiens sexagenarios que habitaron la Tierra hace más de 35 mil años.

Por otra parte, también es cierto que el envejecimiento se había visto como algo irremediable hasta hace muy poco, cuando se comenzaron a estudiar las causas de la vejez para dar con una “cura”. Así, se le ha llegado a conocer como Proyecto Gilgamesh al conjunto general de esfuerzos científicos para extender la vida humana.

El primer proyecto realmente ambicioso que nació en este giro fue SENS (Estrategias para el Diseño de Senescencia Insignificante por sus siglas en inglés), cuyo objetivo, expuesto en la página web fightagaing.org, es “desarrollar terapias de rejuvenecimiento que funcionen reparando formas de células y daños de tejidos que causan el envejecimiento”. En el sitio se aclara que su surgimiento, en 2002, se debió a que en ese momento no había investigaciones que abordaran la vejez como una condición médica.

Desde su inicio, SENS expuso que para cada tipo de daño corporal asociado a la tercera edad, existía biotecnología de rejuvenecimiento para atacarlo. Hoy, 18 años después del nacimiento del proyecto, los investigadores involucrados aseguran que los tratamientos se encuentran, en el peor de los casos, en fase de prototipo, y además aclaran que no es necesario conocer las causas del desgaste corporal si éste se puede revertir aplicando sus técnicas.

El único obstáculo, señalan, es que el metabolismo se vuelve a dañar tras las terapias de rejuvenecimiento, pero en un futuro cercano bastará con asistir a tratamiento clínico una y otra vez para conservar la juventud.

LA ETERNA JUVENTUD, TODAVÍA LEJANA

Estas palabras optimistas han sido fuertemente criticadas por numerosos sectores de la comunidad científica. En 2006, Technology Review, una revista perteneciente al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), lanzó un reto para desmentir las premisas de Aubrey de Grey, fundador de SENS, sobre la cura del envejecimiento.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

El jurado, compuesto por destacadas figuras en el campo de la salud y la tecnología, concluyó que los preceptos que SENS vende como verdaderos, no van más allá de ser meras hipótesis que necesitarían pasar por un riguroso proceso científico para ser descartadas o comprobadas. De Grey tuvo oportunidad de refutar las objeciones de los académicos, pero el jurado no consideró que sus argumentos estuvieran sólidamente fundamentados.

Esto no quiere decir que sea imposible frenar definitivamente el envejecimiento, pero sí que es necesario reconocer que la ciencia no está tan cerca de lograrlo, pues todavía falta un largo camino de investigación y experimentación para desentrañar todos los misterios de la vejez, algunos de los cuales se han develado en las últimas décadas.

¿POR QUÉ ENVEJECEMOS?

Son varios los factores que se han asociado al envejecimiento. Uno de ellos es la senescencia celular, que consiste en que las células dañadas dejan de dividirse. Se ha verificado que este proceso funciona como barrera contra la formación de tumores en tejidos lesionados. Por otra parte, la acumulación de células senescentes propicia padecimientos relacionados con la vejez, como fibrosis, enfermedad renal o sarcopenia.

Así, los fármacos que eliminan selectivamente células senescentes podrían ser adecuados para tratamientos contra enfermedades asociadas a envejecimiento, mientras que compuestos que inducen senescencia tendrían utilidad como drogas antitumorales”, señala el artículo La senescencia celular: un viejo conocido con nuevas funciones (2018) del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols de Madrid, España.

Hay otros elementos que conducen al desgaste del cuerpo, como el deterioro de ADN causado por factores a los que nos exponemos a lo largo de nuestra vida, como la nutrición o el estrés.

El deterioro del ADN, causado por factores como la desnutrición y el estrés, está ligado a la vejez. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Recientemente, se descubrió otro factor que determina la longevidad: la velocidad a la que los telómeros se acortan. Estos son los extremos de los cromosomas y su función es proteger la información genética del ADN en el núcleo de cada célula. Conforme las células se dividen, los telómeros van perdiendo longitud. La vejez llega tras la acumulación de células con telómeros cortos. El estudio Telomere shortening rate predicts species life span (2018) concluyó que la esperanza de vida de cada especie se puede calcular a través de la medición de este fenómeno.

EXPERIMENTOS EXITOSOS

Un experimento publicado en 2019 y liderado por María Blasco, investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España, dio resultados positivos al hacer que un grupo de ratones desarrollara telómeros hiperlargos. Su longevidad aumentó en un 13 por ciento; pero no sólo vivieron más tiempo, sino también con una mejor calidad de vida, sin cáncer ni obesidad.

Otros estudios, incluso realizados años atrás, también han abierto camino a la posibilidad de prolongar la juventud. Varios de ellos están enfocados en el uso de rapamicina, un medicamento empleado para prevenir que el cuerpo rechace órganos trasplantados. En 2009, el investigador Dave Sharp, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas, logró extender la vida de ratones viejos suministrándoles este fármaco. Esto lo hizo acreedor al premio Mprize de Logro en Esperanza de Vida, otorgado por la Fundación Matusalén, una organización que incentiva proyectos anti envejecimiento. Actualmente, la rapamicina está en proceso de ser usada en perros.

En 2015, un equipo de españoles de la Universidad de Oviedo encontró una posible forma de rejuvenecimiento mientras buscaba una cura a enfermedades de envejecimiento prematuro, como el síndrome de Néstor-Guillermo. Descubrieron que al inhibir la proteína DOT1L, las células de ratones enfermos rejuvenecían y su esperanza de vida aumentaba un 65 por ciento. Pero no sólo eso, sino que los sanos también vivieron más tiempo.

Estos pequeños pasos dejan entrever un futuro en que, si bien el ser humano podría no llegar a ser inmortal, sí tendría la posibilidad de vivir una juventud prolongada y postergar considerablemente los achaques de la vejez.

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